Ciudad de México, 19 de junio (SinEmbargo).- En 2019, un operativo de las autoridades de Chihuahua permitió que 21 hombres escaparan de los campos donde habían sido esclavizados. La noticia ocupó titulares por un instante pero después la olvidaron incluso las instituciones. Pero la periodista Marcela Turati no la dejó ir. Durante cinco años siguió el rastro de aquella historia y, junto con Thelma Gómez Durán y Eliezer Budasoff, descubrió una red de campamentos de esclavitud en la Sierra Tarahumara operada por el narcotráfico.
En entrevista con los periodistas Daniela Barragán y José Manuel Fuentes, en el programa "Café y Noticias", que se transmite de lunes a viernes por SinEmbargo Al Aire, Marcela Turati narra estas historias que parecen casi inverosímiles. Cuesta aceptar que semejantes formas de esclavitud y violencia sigan ocurriendo.
Turati explica que estos hallazgos desmontan la idea de que el narcotráfico es un benefactor de las comunidades. Los sobrevivientes le contaron que, incluso después del operativo de 2019, los reclutamientos continuaron. Y continúan.
Los testimonios recabados por Marcela Turati muestran un patrón dirigido contra las poblaciones más vulneradas: indígenas rarámuris, personas con adicciones o en condiciones de pobreza extrema y jornaleros migrantes de otras partes del país. Por ejemplo, Margarito Guerrero, padre de uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en 2014 fue una de las más 2 mil personas que se calcula han sido esclavizadas en esos campos.
La mayoría eran captadas en distintos puntos de Chihuahua con la promesa de un empleo bien remunerado. Muchos de los rescatados provenían de la ciudad de Chihuahua, a cientos de kilómetros de los campamentos donde terminaron esclavizados.
Una vez reclutados, eran trasladados en camionetas hasta la sierra, donde hombres armados les impedían salir y los obligaban a trabajar bajo amenazas y maltratos. Algunos sobrevivientes incluso señalaron que policías municipales participaban en el traslado y la entrega de las víctimas a sus captores.
En los mismos campos, sin embargo, observaban una realidad distinta. Cada temporada llegaban trabajadores provenientes de comunidades de Sinaloa a quienes sí les pagaban por sus labores y se les permitía regresar a sus hogares al concluir la jornada o la temporada.

La cadena de impunidad
"Lo que vemos es una historia de impunidad", afirma la periodista. Durante la investigación lograron ubicar las colonias y los puntos donde operaban los reclutadores, quienes ofrecían salarios de 300 pesos diarios por trabajos temporales en la sierra. La oferta prometía un regreso en 15 días o un mes, pero el destino, para muchos, era un campamento del que ya no podían escapar.
Marcela Turati sostiene que detrás de estos campamentos existe una cadena de omisiones y complicidades. Pese a que había denuncias previas, las autoridades no investigaron con la profundidad necesaria.
Incluso cuando se realizaron operativos para liberar a las víctimas, v"arios fracasaron porque alguien alertaba a los responsables, quienes obligaban a los trabajadores esclavizados a esconderse en cuevas" antes de la llegada de las fuerzas de seguridad.
Algunos sobrevivientes también relataron "haber visto la presencia de policías y creían que incluso militares que brindaban protección a las familias que controlaban estos campos de esclavitud".
La periodista señala que, por el caso de los 21 hombres rescatados en 2019, sólo fue detenido el eslabón más débil de la cadena: el hombre que los recogía en una camioneta para trasladarlos a los campamentos.
Aunque inicialmente fue condenado a 22 años de prisión, recuperó su libertad debido a fallas en la actuación de los agentes del Ministerio Público. Hoy permanece prófugo y no hay una sola persona cumpliendo una condena por esos hechos.
Para la periodista, ese desenlace retrata una cadena de impunidad que permite la continuidad de estas redes de explotación. La ausencia de responsables sancionados no sólo deja sin justicia a las víctimas, sino que crea las condiciones para que historias de esclavitud como estas sigan repitiéndose en el silencio.




