Ahora nos agrupamos y nos quejamos de cómo nos ofende la nueva #Lady o aquella lesbiana despiadada que va caminando de la mano con su novia. Foto: Google

fingir que ahora importan las cosas está de moda. es decir, supongo que siempre lo hemos hecho, pero ahora puedes colgarlo al facebook y esperar reacciones de tus amigos más entrañables –que no has visto desde el kínder–. hago un close up: ya no te ves obligado a hacer una carne asada en casa e invitar a tus más entrañables para que conversen alguna desgracia nacional o te halaguen el coche, la casa o el bebé nuevo, sino que ahora puedes aventar cualquier cosa al instagram con tremendo filtro y ora verás si todo ese manojo de likes no te alegra el corazón. además, no te molestas en lavar los platos.

bueno, no vine a hacer mofa de nuestros complejos en la red, vine a llamarnos como somos: antipáticos. quién sabe de qué forma rompimos el internet que cualquier cosa nos molesta y nos hiere, quién sabe de qué manera jodimos todo y terminamos siendo, como –impecable– explica Savater: activistas de la susceptibilidad, tal como me hubiera gustado titular este texto y como bien alguno me hubiera linchado por plagiadora descerebrada o, en una de esas, se me dejaba venir con un guion espléndido sobre derechos reservados, patentes y otra cosa que todavía ni existe. porque somos una jauría de perros que confunde hambre con rabia.

¿cómo habrá comenzado este quilombo? se me ocurre que una tarde cualquiera, alguna muchacha sin pensarlo mucho, subió una selfie en el funeral de su padre y ahí comenzó la historia. o alguien habrá captado el momento donde un automovilista le mienta la madre a algún vago (¡qué más va a ser!) que tiene por oficio disparar –desde tres metros atrás y causando dantesco susto– un chorro de agua puerca para limpiar cuanto parabrisas se le cruce. o simplemente algún despistado creyó indefenso subir una foto de su inmodesta chaqueta de cuero y le cayó la peor de las suertes cuando la tía –recién convertida en animalista– le dijo que no solo era un asesino peor que el Ted Bundy sino que ojalá nunca de los nuncas lo hubiera parido su hermana.

ahora nos agrupamos y nos quejamos de cómo nos ofende la nueva #Lady o aquella lesbiana despiadada que va caminando de la mano con su novia mientras los niños se zangolotean en el parque (¡pero qué mundo de depravados espera a nuestros hijos!).

quién sabe, será que todo el tiempo nos sentimos agredidos (¿por las mentiras de los políticos, por el gobierno torcido, por las noticias, por la pederastia vaticana, por la abrumadora publicidad –de cualquier cosa–, por el tráfico de la ciudad, por la violencia –toda la que quieras de todos los países que se te ocurran–, porque la esposa del vecino es más guapa que la mía?) y nos cansamos y nuestra respuesta es una venganza en cooperativa de cada pendejadita que nos parece políticamente incorrecta.

en Huck Finn y entre tantas líneas excepcionales, Mark Twain escribió: “y cualquiera menos aquel atajo de imbéciles llenos de prejuicios hubiera visto que el anciano decía la verdad”. y quisiera decir por qué traje a colación esta cita, pero tengo ya veinte minutos tratando de recordar en dónde haría la ilación y nomás no pude. ya juzgarán ustedes, ya la acomodarán si quieren, ya me tacharán de lo que más les indique su mente impoluta, extraordinaria e intelectual, ¿pues no es eso lo que hacemos todo el tiempo, compañeros?