Author image

Alejandro Calvillo

04/03/2021 - 12:03 am

La tercera vía para el sistema eléctrico

En nuestro país la generación de electricidad por parte de la CFE se quedó rezagada en un modelo basado en los combustibles fósiles.

La tecnología actual está llevando, en varias naciones del mundo, a que cada familia esté generando parte de su energía eléctrica. Foto: Carlos Salinas, Cuartoscuro.

Entre las voces que defienden sin adjetivos a la CFE y la reciente reforma al sector eléctrico y las voces de quienes defienden sin adjetivos a las empresas privadas que generan electricidad en base a recursos renovables, se empiezan a expresar otras voces de una tercera vía, una vía más allá de la polarización política que vive el país y que no permite la reflexión.

Hace más de 20 años demandábamos a la Comisión Federal de Electricidad invertir en energías renovables, desarrollar tecnología mexicana en eólica y solar, no sólo para el país, también para exportar en la región, como lo estaba haciendo Dinamarca. Los funcionarios de CFE se burlaban de las renovables, las veían como tecnologías sin ningún futuro, extremadamente caras, totalmente marginales. Era evidente que estaban formados en otro paradigma y que no había espacio para quienes veían hacia el futuro. Todos sus argumentos han caído estrepitosamente: son las tecnologías actuales y del futuro, van ocupando un lugar central en las matrices energéticas y son ahora más baratas que las provenientes de combustibles fósiles.

Queríamos que la empresa del Estado entrara fuertemente en la transición energética que comenzaba a vislumbrarse. Considerábamos que el Estado debería ser el rector en este ramo, que debería garantizar el derecho de los ciudadanos a acceder a energía que fuera renovable, de bajo impacto ambiental, que no fuera un recurso que se agotara, y que permitiera una mayor justicia social energética.

Los efectos de los sistemas energéticos desregulados estaban ahí. Los escándalos provocados por la desregulación del sector energético y las prácticas de las corporaciones privadas eléctricas mostraban los riesgos para los países y los consumidores de quedar en manos de mercados dominados por el sector privado y la especulación. El caso de la desregulación del sector eléctrico en California a fines de los 90 se volvió paradigmático. Cuarenta por ciento de la generación eléctrica fue vendida a los privados con el argumento de que la competencia bajaría los precios al consumidor. Todo lo contrario, la especulación encabezada por la empresa Enron, que había sido catalogada como una de las más exitosas por la revista Fortune durante varios años, llevó a que los precios aumentaran hasta un 800 por ciento a través de diversas estrategias. Las empresas estatales que debían comprar la electricidad a precios exorbitantes entraron en crisis, como los consumidores que vieron aumentar, de forma desorbitante, sus facturas.

Recientemente, el temporal extremo en Texas fue utilizado por las empresas eléctricas privadas para aumentar el costo de la electricidad enviando facturas de hasta 12 mil dólares a los hogares. Se reveló entonces que, durante años, quienes habían contratado la electricidad en Texas con empresas privadas habían pagado un alto sobreprecio frente a quienes habían establecido sus contratos con las empresas eléctricas estatales.

Lo que se evidencia una y otra vez es la necesidad del papel rector del Estado en el servicio eléctrico y el ideal de que la generación de electricidad sea un bien público no privado. Sin embargo, en nuestro país la generación de electricidad por parte de la CFE se quedó rezagada en un modelo basado en los combustibles fósiles, cuando van adelante acuerdos internacionales para transitar a energías renovables con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar el cambio climático que es ya la peor catástrofe para la humanidad.

Un hecho importante a tomar en cuenta es que ante el agudizamiento del cambio climático y los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el tipo de energía con la que estén elaborados los productos y se presten los servicios entrarán a jugar un factor importante en el mercado internacional. Es decir, todo indica que el mercado internacional va a ser un factor importante para promover el uso de las renovables y bajar las emisiones de gases de efecto invernadero, dándole preferencias a productos y servicios con baja huella de carbón a través de medidas como aranceles.

Un elemento fundamental en una tercera vía que vaya más allá de la defensa sin adjetivos de las empresas privadas metidas en las renovables sin abordar sus contratos a modo y su imposición sobre las comunidades, o de la defensa sin adjetivos de la CFE o Pemex sin abordar su rezago histórico y profunda corrupción, es la generación distribuida de energía. Ni privados ni estatales, que los ciudadanos se incorporen como consumidores y productores de energía. ¿Qué hubiera pasado si un 60 a 70 por ciento de los hogares estuvieran produciendo su electricidad en sus techos durante el desabasto de energía eléctrica en las redes de Texas y el norte de México?

En el escenario actual, en la realidad que nos circunda, no puede hablarse de soberanía y seguridad energética, de combate a la pobreza energética que afecta a la mayor parte de los mexicanos, sin plantearse la necesidad de la generación distribuida de energía como parte importante en el esquema energético. La tecnología actual está llevando, en varias naciones del mundo, a que cada familia esté generando parte de su energía eléctrica. El esquema futuro y ya presente en varias regiones es que el consumidor de energía sea también productor de energía. Y no se trata de un escenario para naciones ricas, se ha propuesto un esquema que permitiría con un fondo semilla y el redireccionamiento del subsidio multimillonario actual en electricidad al desarrollo de la generación distribuida en los hogares de las familias más pobres del país.

El reto para el Estado es complejo: 1. Regular de manera efectiva la producción privada de energía eléctrica para evitar contratos a modo incorporando los costos de transmisión pagados actualmente por el Estado; 2. A través de la inversión pública constituir a CFE como dominante en la oferta de renovables; 3. Ofrecer el precio del kw/h de forma competitiva ya que a través de impuestos o costos, el consumidor paga la ineficiencia; 3. Redirigir subsidios a la expansión de la generación distribuida de energía y promover el uso racional energético enfrentando el hiperconsumo.

Un elemento central es el reto para el Estado de producir el kw/h a precios menores que los privados, incorporando a ambas energías (privadas y públicas) los costos de trasmisión, y no cargar con ellos desde los recursos públicos, y evitando que los privados introduzcan precios dumping para apoderarse del mercado.

Los contratos leoninos de la mayor parte de los proyectos privados de renovables en México y su maltrato a las comunidades -sin olvidar las complejidades que representa un tejido social bastante deteriorado en varias de las comunidades-, han sido una muy mala forma de introducir las renovables en México. Y menos han ayudado los contubernios de altos funcionarios con estas corporaciones, entre ellos presidentes ejerciendo las puertas giratorias: les doy contratos a las corporaciones y, cuando dejo el cargo, paso a sus consejos directivos.

El reto es enorme y de ello no sólo depende la transición energética, implicará también qué tanto acceso tendremos a la energía y su sostenibilidad; si juegan un papel importante los recursos renovables que no se agotan, ni se importan, en la matriz energética; si la población tendrá una mayor independencia energética, si enfrentaremos la pobreza energética y si nos mantendremos dentro de los acuerdos internacionales frente al cambio climático que, seguramente, influirán en los acuerdos comerciales.

 

Alejandro Calvillo
Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador de Greenpeace México donde laboró en total 12 años, cinco como director ejecutivo, trabajando temas de contaminación atmosférica y cambio climático. Es miembro de la Comisión de Obesidad de la revista The Lancet. Forma parte del consejo editorial de World Obesity organo de la World Publich Health Nutrition Association. Reconocido por la organización internacional Ashoka como emprendedor social. Ha sido invitado a colaborar con la Organización Panamericana de la Salud dentro del grupo de expertos para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia. Ha participado como ponente en conferencias organizadas por los ministerios de salud de Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Chile, así como por el Congreso de Perú. el foro Internacional EAT, la Obesity Society, entre otros.
en Sinembargo al Aire

Opinión

más leídas

más leídas