Los críticos más severos de AMLO ven en este saludo fugaz como una suerte de complicidad con el Cartel que durante años dirigió “El Chapo” Guzmán. Foto: Cuartoscuro.

La crítica a AMLO de quienes tenemos el privilegio de contar con un espacio tiene su límite en la razón, el dato duro, no en las emociones, la animosidad, la mezquindad, la crítica por la crítica.

Al Presidente López Obrador se le puede criticar con severidad que en medio de la emergencia siga viajando por el territorio nacional porque supone el riesgo de que pueda ser infectado y ello conlleve afecte la estabilidad y la gobernabilidad, pero, hay muchas dudas, de que se le cuestione porque saludó de mano a la madre de un delincuente de la estatura de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Primero, ¿dónde radica la relevancia del saludo?, un político como AMLO está permanentemente en el espacio público y eso lo hace alcanzable a cualquier ciudadano que se proponga abordarlo, y en esa circunstancia el saludo es casi indispensable, pero igual no significa nada estrechar fugazmente una mano y menos la de una anciana.

Segundo, ser madre de un delincuente, no significa más que ser madre de un delincuente, hasta ahora ninguna madre ha sido castigada por haber parido a uno de ellos y es que las madres generalmente no son culpables de lo que hayan hecho los hijos.

Tercero, el amor de una madre es orgánico, filial, incondicional y siempre velara por sus hijos a despecho de quienes hayan sido afectados por su vida descarriada.

Cuarto, en ese velar se encuentra la petición que Doña María Consuelo le hace al Presidente para que interceda ante el Gobierno estadounidense para que ella y sus hijas puedan visitar a su hijo en una prisión de máxima seguridad de Colorado.

Simple y llana, una petición de humanidad y será la instancia correspondiente la que resuelva sobre la solicitud que hace esta madre de 92 años que, por su edad avanzada, seguramente le quedan pocos años para poder ver a su hijo.

Sin embargo, los críticos más severos del tamaño de Herzog Márquez a los líderes del PAN y el PRI, pasando por Javier Sicilia y Daniel Lebaron, y peor por el rencoroso Felipe Calderón, no parecen entender este tipo de razone y ven en este saludo fugaz como una suerte de complicidad con el Cartel que durante años dirigió “El Chapo” Guzmán.

Ciertamente, Joaquín “El Chapo” Guzmán, durante su tránsito criminal cometió crímenes atroces como se demostró a través de testigos en el juicio que se celebró en Brooklyn y por eso las cadenas perpetuas que pesan sobre él. Sin embargo, es un caso juzgado y procesado, nunca más, podrá cometer personalmente un nuevo delito.

Ahora pagará con el resto de su vida tras las rejas por el daño que ocasionó dentro y fuera de México y a las víctimas se les podrá decir que se les hizo justicia.

Entonces, lo que queda es lo que estamos viendo penosamente, líderes de opinión y políticos cuestionando un saludo, un gesto de amabilidad y humanidad en el remoto pueblo de La Tuna en Badiraguato.

¿De qué están hechas estas personas que los une la animosidad y el desprecio contra AMLO? ¿Hay altura de miras en este tipo de cuestionamientos? ¿Tendrá un efecto en la opinión pública? Por supuesto que no, se pierden en polémicas innecesarias, que son sólo ruido momentáneo en medio de la emergencia nacional.

Se les olvidan los muertos y los más de mil infectados por el COVID 19 que ya tenemos, lo que presagia el peor momento de la historia de nuestras vidas y que reclama unidad en torno al Gobierno de la República.

Así lo están haciendo las oposiciones responsables en el mundo, todos centrados en la emergencia y con ello se diluyen las mezquindades propias en la opinión pública y la política.

En medio de emergencia sanitaria estamos en un escenario complicado ya que por un lado tenemos un presidente que está sufriendo el desgaste de gobernar en estas circunstancias y unas oposiciones que no atinan a manejarse con responsabilidad, además, las encuestas de percepción nos dicen que sus críticos partidarios e ideológicos no están siendo los beneficiados en este juego de suma cero.

Entonces, en ese espacio de pérdidas del Presidente, manifiesto en los resultados de los ejercicios demoscópicos de tirios y troyanos, no cabe la lógica de que lo que pierde uno lo gana el otro, está ganándolo una franja de una sociedad proclive a la desconfianza, al miedo y la insolidaridad.

No lo hemos visto todo, esto será cuándo entremos a la fase más crítica del COVID 19, cuando nos veamos en el espejo de lo que hemos creado en estos meses y con ello lo que nos habrá de suceder con esa franja social conquistado por los peores sentimientos que hoy hierven en medio de la pandemia que puede concluir con un sonoro “sálvese quien pueda”.

Habría que aprender de la experiencia humana española pues para algunos de los críticos de la oposición, lo que está sufriendo es producto de la incredulidad y por qué el Gobierno adoptó medidas tardías, sin considerar que la pandemia los agarró en la instalación del primer Gobierno de coalición de izquierda y la ausencia de resortes ante una emergencia impredecible e incalculable.

Sin embargo, cuándo se tomaron las decisiones políticas cada quien hizo lo suyo, a riesgo de su propia vida, los médicos y sanitarios no han abandonado los hospitales, los transportistas siguen trasladando alimentos, la dotación de los servicios públicos no es un problema, la Guardia Civil y las policías locales están haciendo la tarea de evitar los desplazamientos, los medios de comunicación informando con detalle la evolución de la pandemia y los ciudadanos aislados en sus domicilios pero ayudando y animando a los que por necesidad están en las calles. La verdad un caso ejemplar de solidaridad y coordinación con los gobiernos nacional y autonómicos.

Hay indicios de que nosotros no vamos en la misma dirección cuando vemos mucha gente haciendo su vida normal, saliendo y entrando a sus casas, unos por inconciencia y muchos otros por necesidad, los gobernantes locales frecuentemente a la espera de directrices centrales que igual tardan en llegar, y algunos de los líderes partidarios y de opinión perdidos en minucias y mezquindades cómo la que motiva el título de este artículo.

El saludo a Doña María Consuelo.

Al tiempo.