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La trama que depende completamente de su antecesora, que terminó con Rosario, la madre de Amaia, aparentemente muerta por la borrasca. Pero la inspectora Salazar sigue su instinto y sabe que su progenitora sigue viva y es un peligro andante.

Madrid, 6 de agosto (EuropaPress).- Ya está disponible en Netflix Ofrenda a la tormenta, la esperada tercera entrega de la Trilogía del Baztán. Pese a no haber podido pasar por cines debido a la pandemia del coronavirus, sus fieles esperaban ansiosos la resolución de todos sus misterios. Legado en los huesos dejó muchas preguntas por resolver. ¿Se enfrentará la inspectora Salazar a su temor más poderoso, su madre?

A diferencia de lo ocurrido entre El guardián invisible y Legado en los huesos, Ofrenda a la tormenta tiene una trama que depende completamente de su antecesora, que terminó con Rosario, la madre de Amaia, aparentemente muerta por la borrasca. Pero la inspectora Salazar sigue su instinto y sabe que su progenitora sigue viva y es un peligro andante.

Aunque el doctor Berasategui está entre rejas, su influencia como líder carismático sigue siendo peligrosa. Su muerte, un suicidio, extraña a la inspectora, puesto que Berastegui no deseaba morir, aunque lo hizo voluntariamente. Esto, efectivamente, provoca que la investigación sobre la secta a la que pertenecía la madre de Amaia vaya por otro camino.

Mientras investiga, su madre aparece frente a ella. El esperado enfrentamiento entre ambas acaba rápidamente, puesto que Rosario se suicida delante de su hija, haciéndose un profundo corte con un cuchillo Tramontina. Se cierra así una parte de la trama que dejó abierta Legado en los huesos.

Pero la investigación sigue, porque si hay algo constante en la cinta, son pistas sobre quién es el que está detrás de las muertes súbitas de las niñas del nuevo caso de la inspectora y su relación con otras muertes similares, así como también con los otros casos que ha investigado la agente. Y esas pistas, por supuesto, acaban llevando al juez Markina.

El personaje interpretado por Leonardo Sbaraglia seduce a la inspectora, quien decide serle infiel a su marido, James, cuando este se marcha a visitar a su padre, al que le van a operar de corazón. Eso provoca que la agente no vea las señales, que apuntaban a él, ni siquiera cuando uno de sus compañeros más leales, Jonan, es asesinado.

El indicio más relevante es cuando sus compañeros le revelan que el padre del juez lideraba dos sectas que practicaban ritos ocultistas, entre ellos el sacrificio humano. Pese que Markina niega estar implicado, ya ha germinado la duda dentro de Amaia.

Esto, efectivamente, conduce a la inspectora hasta la boca del lobo, puesto que cuando comienza a sospechar, es demasiado tarde. Amaia acaba yendo hasta el cementerio, donde intuye que estará Yolanda, la mujer que busca desesperadamente el cuerpo de su hija, intentando romper las puertas del mausoleo donde se supone que están los restos del padre del juez.

 Es ahí cuando Markina aparece y mata a Yolanda y cuando la inspectora Salazar se da cuenta de que su principal enemigo es su amante. La agente entra en el mausoleo y encuentra los restos de varios bebés. Ahí es cuando Markina le revela que él “es el canal de una religión tan antigua como el mundo” .

El juez le dice a Amaia que se ha enamorado de ella, que quiere protegerla y le confiesa que fue él quien mató a Jonan. Cuando ve que esta le rechaza, Markina intenta matarla, pero la inspectora reacciona y le dispara antes, acabando con su vida.

Termina así la película con la inspectora acabando con Markina. Pero la pesadilla no acaba ahí, ya que se descubre que la tumba en la que debía estar el padre del juez está vacía. Además, puede verse que Fina, la partera que era miembro de la secta, recibe una llamada y justo después se hace un corte profundo en el cuello. Esto demuestra que la secta sigue viva y que amenaza con causar más daño.