En 21 relatos, las mujeres de este libro narran su experiencia desde distintas clases sociales, con amores tiernos y sensibles, pero también con decepciones, chantajes emocionales e incluso violencia y crimen. Todas con diversas maneras de pensar.

Roxane Gay, autora de Mala feminista y Hambre deja un manifiesto para las mujeres: sé tú misma, sin importar con quién estés, de dónde vengas o tu color de piel. Tienes derecho a cuestionarte, a no hacerlo, a querer algo y luego ya no, a confundirte y sobre todo a establecer límites.

Ciudad de México, 7 de noviembre (SinEmbargo).- ¿Qué esconde una mujer difícil? ¿Qué es lo que ha vivido y no está dispuesta a contar? ¿Quiénes son las mujeres difíciles? Posiblemente, todas las mujeres somos difíciles. Cada una de las mujeres que conozcas, cada una con quien te cruces tendrá un secreto guardado entre sus entrañas.

La realidad es que me costó trabajo leer Mujeres difíciles, de Roxane Gay. No porque sea aburrido, tedioso o complejo… pero fue complicado por su evidente cercanía con mi experiencia como mujer.

En 21 relatos, las mujeres de este libro narran como lo harían en un diario. De distintas clases sociales, con amores tiernos, sensibles, y otras tantas con decepciones amorosas, relaciones violentas. Pero todas con distintas maneras de pensar, cuestionándose el porqué de la vida, de su vida.

Precisamente Roxane Gay dijo en una entrevista con Efe, que el título del libro se da con la intención de modificar el concepto de una “mujer difícil”, pues se dio cuenta que a las mujeres se les denomina así cuando son apasionadas, cuando son ambiciosas, cuando no cumplen con el estereotipo social que se espera ver en ellas.

Las mujeres necesitan ser ellas mismas, sin importar con quién estés, ni de dónde vengas o tu color de piel. Tienen derecho a cuestionarse, a no hacerlo, a querer algo y luego ya no, a estar confundidas, establecer límites… Eso transmite la autora.

Desde la ilustración en la portada atrapó mi atención: una mujer afrodescendiente de cabello corto, negro y chino sostiene un espejo roto frente a sus ojos. ¿Quién es esa mujer? Somos todas. Es la retórica de parrse frente al espejo, verse en la otra, crear empatía, saber que no estamos solas, que la vida es nuestra y que en ellas estamos nosotras.

Con diferencias y aún así, somos todas una misma.

Las historias son directas, sensatas y transparentes. El trabajo que hizo Gay permite que sientas que es una amiga que te está contando su historia.

Para mí fue difícil leerlo. Era tanto lo que se tenía que decir en poco más de 200 páginas. Muchas mujeres que escuchar, comprender y de quienes digerir su historia.

Después, lo complejo fue escribir. ¿Qué voy a decir de mi lectura? Más que un resumen de la obra, quise compartir la experiencia que me hizo pasar. Claro, el contexto temporal ayudó. Una lectura sensata en medio de una pandemia, y con el antecedente de tanta violencia de género en México.

Las historias me recordaron a mi mamá, a mi hermana, a mis tías, a mis amigas. Por ejemplo, un tema recurrente fue el aborto espontáneo, situación por la que atravesó más de una integrante de mi familia, incluso mi mejor amiga.  Y luego de ello, ¿qué pasa? Algunas veces son estigmatizadas, son señaladas. Y aunque no lo fueran, es un suceso difícil de procesar. Todas ellas aún lo recuerdan.

Otras, abordan el acoso sexual, el hostigamiento, el abuso. Me vino a la mente la vez que una compañera de la primaria contó al grupo de amigas que un hombre mayor le había mostrado su pene, aprovechando que ella iba sola caminando en la calle.

O la vez que mi prima de 16 años fue a la tienda a comprar cosas para la comida, y se percató que la seguían dos hombres. Intentó cambiarse de banqueta, luego el rumbo, pero ellos hicieron lo mismo. Sólo pudo correr lo más rápido posible, con ganas de gritar para pedir ayuda pero sin poder hacerlo por todo el miedo que sentía. Afortunadamente llegó a casa y está a salvo.

“¿Cuando voy a dejar de ser una exagerada? Cuando me maten”. Foto: Cuartoscuro.

Hace poco mi mamá y yo platicabamos sobre casos recientes de desaparición de mujeres. No recuerdo como surgió, pero me contó que una vez de camino a la escuela, un sujeto que estaba parado a lado de ella en transporte público, eyaculó en su hombro. Me dijo que tuvo que repasar sus acciones y su vestimenta para saber si hizo algo que provocara la acción del hombre. Le pregunté si alguna vez le había contado a alguien y dijo que nunca, sino hasta ahora, casi 20 años después.

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Gay también explora el éxito de las mujeres, quienes son, qué quieren ser, qué desean tener, con qué sueñan.

La primera mujer a quien recuerdo y me tocó ver que “salió del molde”, fue a mi tía materna, Magali. Joven, con muchos amigos, a quien le gustaba toda la música, que se alocaba al bailar, que amaba su cuerpo. Estudió en una escuela de servicio y hotelería, algo nuevo para todos en casa porque el camino para la universidad estaba trazado.

Era lo que quería. Consiguió irse a Mónaco durante un intercambio escolar y volvió cuando mis primas y yo teníamos 15 años de edad. Nos contó sus experiencias, sus amores, lo que sus ojos habían visto. Y nos maravilló, a todos. Y nos marcó porque a raíz de ella decidimos que queríamos ser mujeres exitosas que deseaban comerse el mundo.

De lado de mi padre, mis primas mayores mostraban su inteligencia, sus habilidades en la escuela, sus ganas de ser quienes eran, aunque los adultos a veces lo tradujeran como rebeldía.

Ingenieras informáticas, escritoras, diseñadoras, docentes, todas jóvenes con éxito en lo que desean. Peleando cada una sus propias batallas pero mostrando que no hay impedimiento suficiente para salir adelante.

El obstáculo para mi lectura estuvo en mis experiencias, en la historia propia que cargo a mis hombros y que me hizo sentir identificada con varias de las anécdotas ficticias.

Mujeres durante marcha feminista. Foto: Cuartoscuro.

Luego me di cuenta que todas esas ganas, esa fuerza y ese poder femenino tenían un antecedente. Nuestras madres. Algunas son mamás solteras, que han hecho todo por dar lo mejor a sus hijos, por sacarlos adelante. Que no importa que tan cansadas están, desean volver y ver los ojos de amor de sus niñas, de sus niños.

Que ahora que crecen, están tranquilas porque cada uno toma su camino y pudo elegirlo, no fue una imposición. Que desean que siempre busquen y vayan por más.

No demerito el trabajo de mi padre, ni su crianza. Tampoco la de mis abuelos o las paternidades de mis tíos. Sin embargo, crecimos en un esquema tradicional de la familia, a lado de nuestras madres la mayor parte del día. Además, este libro sirvió para eso, para darnos cuenta de quienes somos como mujeres y a qué mujeres admiramos.

Mujeres alzan una pancarta durante protesta feminista. Foto: Cuartoscuro.

Las historias de las mujeres no deberían ser tristes, no deben ser sólo de amor o desamor. Son complejas, son enredadas, con altibajos. Son humanas. Al final de la introspección, llamar a alguien “mujer difícil” es mal entender su naturaleza personal, es querer apartarla de su humanidad.

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Este apartado es un extra y un tipo de confesión. Lo borré antes pero lo vuelvo a escribir, ya que no me pareció justo echar de frente a todas mis mujeres y mantenerme en una especie de anonimato anecdótico.

Tengo 24 años de edad y desde hace al menos 10 años, sufro de ansiedad. ¿Que lo causa? La vida en general me produce mucha inseguridad.

Me he sentido comprometida por mucho tiempo a cumplir expectativas, a sanar a las personas, a ayudarlas a mejorar.

La empatía me provoca angustias y dolores que no son míos. Es ser aprehensiva, dicen los demás.

Recuerdo que desde que mis hermanos menores nacieron me preocupe tanto de que algo pudiera pasarles. Ni siquiera quería que mi hermano fuera solo al baño en lugares que fuera de casa. Me daba ansiedad pensar que le pasaría algo, lo peor, y era un alivio verlo regresar a salvo.

Con mi hermana, sentí igual pero al ser ocho años más grande que ella, tenía un poco más el control de las situaciones porque muchas veces soy yo la que sale con ella, la acompaña a lugares y demás. ¿Es normal tener tanto miedo? Qué triste es tener tanto miedo.

Por otro lado, siempre me dijeron que hay una expectativa sobre mí. Un compañero de escuela me dijo alguna vez que él pensaba que yo sería Presidenta de México. Lo primero que pensé fue “¿Yo por qué?”, en lugar de sentirme bien por el cumplido, de inmediato quise que “se diera cuenta” que no hay nada especial en mí que lo hiciera pensar en tan alocada idea.

Poco a poco trabajo en mi seguridad, en mi madurez emocional y en mis ganas de valorarme. Pero es trabajo constante y ganas de querer hacerlo. Por supuesto que quiero tener éxito, pero me da mucho miedo defraudar a otros, como si no tuviera chance de cometer errores.

En fin, soltar esta reseña es un recordatorio de que debo soltar, afrontar y actuar para ser yo en todo mi esplendor. Y que si alguien me dice que soy difícil, tendrá que vivir con eso porque probablemente no dejaré de serlo.