Seguimos creyéndonos superiores a la naturaleza. Foto: Especial.

Ninguna pandemia ha dado por comer verduras, lo que sí tenemos claro hasta ahorita a través de la historia es que, pandemia tras pandemia, hay algo que todos parecen decidir ignorar: el consumir animales es clave en el origen de ellas.

Muchas de las pandemias que conocemos, al menos las más letales de ellas, tienen origen en el consumo de animales: el VIH o SIDA, EBB o enfermedad de las vacas locas, NIPAH, H1N1 o fiebre porcina, SARS, la gripe aviar, MERS, ébola y actualmente COVID-19, han matado miles y miles de personas en todo el mundo, poniendo entre las cuerdas a los estados, la sanidad y la seguridad ciudadana.

Las medidas de mitigación son importantes, pero la prevención lo es todavía más. Los gobiernos deben estar más y mejor informados de la realidad de estas pandemias, y especialmente de su denominador común: el consumo de animales.

Con esta premisa es que la Fundación Franz Weber ha lanzado la campaña #PorComerAnimales en la que explican las peores epidemias y pandemias que en los últimos años han azotado a la humanidad, todas ellas originadas en el consumo de proteína animal.

En todas estas pandemias hay implicaciones políticas y económicas, y decisiones tomadas por los gobiernos para detenerlas y prevenirlas en el futuro, por lo que harán en todo el mes de abril entrevistas con personalidades de diferentes ámbitos para hablar de lo urgente de una transición proteica.

Hasta el día de hoy han tenido entrevistas con el ex Presidente de Colombia Ernesto Samper, quien ayudó a reflexionar sobre las medidas que se deben tomar para poner en marcha un proceso de transición proteica, de la proteína animal a la vegetal, con asistencia del Estado.

Ernesto Sampler comenta: “Creo que nosotros no sabíamos dónde estábamos cuando llegó el virus, tal vez no sabemos, hoy en día, qué estamos enfrentando frente al virus pero si hay algo cierto: que esto va a pasar. Va a pasar con mayores o menores costos, que tenemos que aprovechar estos momentos para replantearnos y entender que, primero, no somos invulnerables; segundo, que nos somos dioses para seguir jugando con la naturaleza y con los animales; tercero, que el hombre perdona (…) dios perdona siempre pero la naturaleza no perdona. La naturaleza es implacable y esa naturaleza tiene una cuenta de cobro con nosotros.”

También con la periodista de investigación Sole Barruti quién dice en su  entrevista: “Bueno, lo que pasa es que todo esto, nosotros estaríamos tratando de, no sé, cubrir los velos de todo esto si los velos de todo esto no fueran tan poderosos, y no fueran también alimentados con la mejor anestesia con la que cuenta la sociedad que es la publicidad, la publicidad aparece como un gran manto que habilita el horror mismo porque las personas solo ven ese resplandor de la promesa publicitaria y la exaltación del deseo y lo que todavía se imprime como realidad en los paquetes, entonces las personas ven algo lindo al pollo, las personas ven una foto de un pollito en el campo, las personas ven una foto de una vaca pastando, las personas ven al señor que ordeña con el tacho abajo, la idea de la imagen bucólica que alguna vez fue, esa relación termina como escondiendo y revistiendo toda una idea que en realidad no es”.

Esta campaña llega en un momento crucial porque aún teniendo toda la información al alcance las personas siguen comiendo animales dentro de sus casas, en el aislamiento o en cuarentena, con miedo.

Seguimos creyéndonos superiores a la naturaleza, el COVID-19 no es un descanso que se está tomando el planeta como lo leemos románticamente, es simplemente  una consecuencia #PorComerAnimales que nos muestra lo mal que hemos hecho las cosas y que si no cambiamos este planeta nos puede escupir en un dos por tres.