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La COVID-19 puede provocar un impacto a largo plazo en vasos sanguíneos y el corazón en jóvenes sanos

08/05/2021 - 8:43 am

Si bien el SARS-CoV-2 se caracteriza por síntomas respiratorios, otros datos demostraron recientemente los cambios en la función de los gastos sanguíneos entre adultos jóvenes después de dos o tres semanas que se contagiaron del virus.

Madrid, 8 de mayo (EuropaPress).- Una nueva investigación realizada por expertos del Departamento de Salud y Ciencias del Ejercicio en la Universidad de Appalachian en Estados Unidos destaca los posibles impactos en la salud a largo plazo de la COVID-19 en adultos jóvenes relativamente sanos que no fueron hospitalizados y que sólo tenían síntomas menores debido al virus.

En particular, se encontró una mayor rigidez de las arterias en adultos jóvenes, lo que puede afectar la salud del corazón y también puede ser importante para otras poblaciones que pueden haber tenido casos graves del virus. Esto significa que los adultos jóvenes y sanos con síntomas leves de COVID-19 pueden aumentar su riesgo de complicaciones cardiovasculares que pueden continuar durante algún tiempo después de la infección por COVID-19.

Si bien el SARS-CoV-2 se caracteriza principalmente por síntomas respiratorios, otros estudios han mostrado recientemente cambios en la función de los vasos sanguíneos entre adultos jóvenes tres o cuatro semanas después de haber sido infectados con SARS-CoV- 2. Esto también se ha observado meses después de la infección en adultos mayores, señalan en la investigación que ha sido publicada en Experimental Physiology.

El equipo de investigación de la Appalachian State University descubrió que el virus puede tener efectos perjudiciales en las arterias de todo el cuerpo, incluida la arteria carótida que suministra sangre al cerebro. Esto establece comparaciones entre el SARS-CoV-2 y otras infecciones bacterianas y virales agudas que alteran la rigidez arterial como fiebre reumática, enfermedad de Kawasaki, neumonía, H. Pylori y el lupus, todas ellas pueden persistir mucho después de que los síntomas se hayan resuelto.

Los investigadores evaluaron a adultos jóvenes de tres a cuatro semanas después de haber sido infectados con el SARS-CoV-2. Utilizaron un ultrasonido en la arteria carótida y tomaron grabaciones de esa imagen durante 10-15 latidos cardíacos. Estas grabaciones se analizaron en un software de computadora para encontrar medidas de rigidez carotídea. Para el grupo de control, utilizaron datos de adultos jóvenes sanos que fueron estudiados antes de la pandemia de COVID-19.

Los adultos jóvenes y sanos con síntomas leves de COVID-19 pueden aumentar su riesgo de complicaciones cardiovasculares que pueden continuar durante algún tiempo después de la infección por COVID-19. Foto: AP

“Estos hallazgos sugieren un impacto potencial a largo plazo de la COVID-19 en adultos jóvenes relativamente sanos que, de otra manera, podrían pensar que el virus no los está afectando”, señala el doctor Steve Ratchford, autor principal del artículo.

En cuanto a las limitaciones de este estudio, los investigadores no saben si el grupo del SARS-CoV-2 tuvo alguna disminución innata en la rigidez arterial antes de contraer el virus. Tampoco controlaron el ciclo menstrual o las variaciones en el uso de anticonceptivos en ninguno de los grupos. Sin embargo, investigaciones anteriores han indicado que el uso de anticonceptivos y las fluctuaciones del ciclo menstrual entre mujeres jóvenes sanas pueden no influir en las medidas de resultado que estaban estudiando.

Los investigadores están siguiendo a estos adultos jóvenes durante seis meses después de la infección inicial con SARS-CoV-2 para observar si la salud arterial de estos individuos está mejorando y cuándo. Los resultados del estudio longitudinal serán interesantes, ya que la sintomatología de estos adultos puede mejorar, pero es posible que su salud arterial no se recupere tan rápidamente, lo que puede tener importancia para la salud de su corazón.

Las investigaciones adicionales deben tener como objetivo estudiar una población de pacientes más diversa a lo largo del tiempo, especialmente los adultos mayores que son más susceptibles al virus y que pueden tener afecciones subyacentes como enfermedades cardíacas, diabetes e hipertensión.

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