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Alejandro De la Garza

08/06/2024 - 12:03 am

Semana poselectoral mediático-corporativa

“Representantes de la oposición justifican el golpe de realidad que entraña la victoria avasallante del morenismo y de la candidata Claudia Sheinmbaum en las elecciones globales del domingo pasado”.

Claudia Sheinbaum, candidata a la Presidencia de la República por morena y sus aliados.
“Sobran los ejemplos de clasismo y discriminación, desde la sobrina de un politicastro que no dará más propinas a los jodidos morenistas hasta el miserable que corrió a la trabajadora que aseaba su casa todos los lunes por unos cuantos pesos por megachaira”. Foto: Magdalena Montiel, Cuartoscuro

El sino del escorpión nunca ha hecho leña del árbol caído ni se regocija en la desgracia ajena. Así pues, no abundará en las barbaridades racistas, discriminatorias y clasistas que han esgrimido los seguidores y representantes de la derrotada oposición PRIANISTA a lo largo de esta semana, para justificar la brutal derrota y el golpe de realidad que entraña la victoria avasallante del morenismo y de la candidata Claudia Sheinmbaum en las elecciones globales del domingo pasado.

¿Tiene caso citar el delirium senil y las venenosas lágrimas de Alazraki, las conspiratorias invenciones y el falso “ya no tengo chamba por culpa del Presidente” de Ricardo Alemán, el clamor pseudopatriótico de la actriz Laura Zapata en su melodramático llamado a la insurrección de sus familiares y amigos en la red X? ¿Importa acaso citar a Pedro Ferriz, urgido de una camisa de fuerza, cuando asegura que un infiltrado cubano experto en inteligencia artificial alteró los resultados de la votación? Finalmente, ¿vale la pena siquiera recordar a la académica, exintegrante de PoderPrieto, declarar ufana que “a los que se forman en las tortillas (se apunta el venenoso con medio kilo) no les importan la Suprema Corte, el IFAI o los contrapesos?

Sobran los ejemplos de clasismo y discriminación, desde la sobrina de un politicastro que no dará más propinas a los jodidos morenistas hasta el miserable que corrió a la trabajadora que aseaba su casa todos los lunes por unos cuantos pesos “por megachaira”. En fin, lamenta el alacrán con cierto escozor en el corazón ante tanta miseria humana, pero vuelve a su tema inicial, ya que no es eso, o no sólo eso, de lo que quiere conversar con sus lectores. La maledicencia y la vileza humana se han mostrado así siempre. Pero el arácnido quiere hablar ahora de quienes se supone son (o eran) estudiados, académicos, posgraduados de reputación intelectual más o menos sabida o reconocida.

La semana poselectoral mediática se inauguró en el programa Primer Plano, de Canal 11, con la señora Amparo Casar y su afirmación de que un componente de la democracia es la legalidad y en esta elección no la hubo. La señora involucrada en ilegalidades flagrantes para cobrar una pensión millonaria se mordió la lengua. Luego José Antonio Crespo, ingerida ya su dosis de amlodipinas para la presión, aseguró bilioso que hubo elección de Estado y (ya en voz más baja susurró) “aunque eso no explica más de 30 millones de votos de diferencia).

Esa misma noche, Héctor Aguilar Camín llamó corruptos y comprados a los ciudadanos de “baja intensidad” (así dijo, me cae) que votaron por Morena. La doctora Ana María Magaloni lo refutó claramente, pero nuestro historiador, intelectual y novelista de marras no sabe de personas de la tercera edad pobres que reciben una pensión de tres mil pesos mensuales, ni de aquellos trabajadores que tienen ahora un salario menos desequilibrado luego de tres décadas de ahogo, ni de cómo todo eso modifica su condición vital y su perspectiva de vida. En ese programa televisivo, Jorge Castañeda se declaró entonces marxista vulgar y reiteró, sin sonrojo alguno, “todo es lana”, mientras miraba de reojo su bolsillo. Ya de salida, Xavier Tello reclamó coherencia, pero, como siempre, esos titanes de la pose y la simulación (Zuckerman, incluido) no le hicieron caso alguno.

La semana poselectoral mediática corporativa continuó en Tercer Grado, donde una mujer una, solititita, puso en jaque a cinco machines con los cuales suele ahí discrepar cada semana, la señora Maerker se los dijo claro, aunque el escorpión parafrasea: “no tienen idea de lo que significa el apoyo vital a la gente, como cambia su vida”, y aunque insistió en que a esa gente no le interesa la Suprema Corte porque no le ha servido de nada ni la ha apoyado, como tampoco lo han hecho el INE o el INAI, el arácnido discrepa de esa opinión, pues piensa que a la gente sí le importan esas instituciones, por las razones que expondrá más adelante.

Seguimos la semana mediática con la señora Aristegui clamando que en democracia hay que tomar en cuenta a todos, a los medios y periodistas, a la oposición, a los partidos, a la sociedad civil (otra vez, ya chole). En síntesis, clamaba por ser tomada en cuenta (ella, su programa, sus opiniones) y casi rogaba “sigan escuchándome, por favor”. Una nota humorística para aliviar estas tristezas, fue el subjefecito (ya chiquito), Diego Fernández, eximiéndose de cualquier responsabilidad en esta derrota de la oposición y regañando e insultando a medio mundo, como siempre, cual cacique del cine mexicano de la época de oro (Cruz Treviño se queda chiquito). Todo ante un José Cárdenas que ya suplica su jubilación junto con la del mismo ex capo panista.

Otros programas de Televisión Pública, como Dinero y Poder, y otro montón de emisiones en la televisión privada, como los de Pablo Hiriart, Fernández Meléndez y tantos otros periodistas venidos a menos y refugiados en TV Azteca, se esforzaron por ser agudos y alertaron de los peligros de la dictadura a la que nos lleva Morena con su triunfo “inobjetable”. En tanto, toda la semana Gómez Leyva se mostró muino, sacadón de onda, nada fue (ni ha sido desde que estaba en Milenio) como él se imaginaba. De Latinus, pues ya ni llorar es bueno, diría Brozo, ese patético comentador de gags noticiosos. “Somos hijos de Quetzalcóatl, de Pedro Infante, de la Virgen de Guadalupe, de El Santo, necesitamos un ídolo con pies de barro, un dios de a peso”, o algo así de estúpido fue la profunda interpretación de lo acontecido barruntada por un payaso misógino que da noticias grotescamente disfrazado. En tanto, un ansioso Loret, sintiendo ya el agua en los aparejos, regañaba a la inútil oposición y comenzaba a ver el desmantelamiento de la empresa noticiosa de Madrazo.

A todo ello, el alacrán quiere reponer con unas cuantas afirmaciones rápidas. La gente si sabe que es la Suprema Corte y sabe que esos ministros cobran medio millón de pesos al mes. Sabe que el INE actuó sesgadamente contra López Obrados varias veces, sabe que las cúpulas de los organismos autónomos se han enriquecido en sus puestos. Eso bastó para que la gente supiera (supiéramos, dijo el venenoso) por quién votar. Y ahora, a sentarse a negociar con la mayoría definitoria.

Se viene el proceso arduo e interesante de gobernar, fenómeno del que el alacrán seguirá hablando aquí, pues en este proceso electoral Morena trajo “frijol con gorgojo”, diría el clásico. No sólo lo obvio allá arriba: la mafia del Partido Verde cada vez más siniestra (¿cómo librarse de ella?), y la franquicia sobreviviente del Partido del Trabajo, al que ya sólo Noroña y la familia Anaya siguen afiliados. El venenoso insiste, si las escaleras se barren de arriba hacia abajo, ¿cuándo llegará la limpieza acá abajo, a gayola y a ras de tierra, cuándo la transparencia y las medidas anticorrupción serán norma en municipios, alcaldías, sindicaturas morenistas de todo el país, que siguen diseñadas como un gran negocio?

@Aladelagarza

Alejandro De la Garza
Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx

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