Durante años y administraciones, el Estado se ha dado el derecho a matar y a exponer a sus ciudadanas a la muerte cada vez que se decide ignorar el tema. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

Hoy, en el marco del Día Internacional de la Mujer y el Paro Un Día Sin Nosotras, hablemos sobre lo que vivimos y los cambios que queremos ver en todas las dimensiones posibles: desde el hogar, lo individual, lo laboral, lo familiar, desde lo ambiental, lo sistémico, en un país que se ha convertido un territorio no seguro para ser mujer, y donde esta condición de género más el alzar la voz se ha convertido en un doble riesgo.

En un contexto de violencia generalizada, es aún más grave el impacto sobre las mujeres y las niñas con consecuencias físicas, sexuales, psicológicas donde su más grave expresión es el feminicidio. Durante años y administraciones, el Estado se ha dado el derecho a matar y a exponer a sus ciudadanas a la muerte cada vez que se decide ignorar el tema, cada vez que se prioriza un capricho político o un interés económico sobre la vida de nosotras. Cada vez que contamos a una más que ya no está. Por eso, decimos basta, basta de tener miedo, basta de cargar con la responsabilidad del Estado y de la sociedad sobre los hombros de las mujeres.

Las mujeres tenemos derecho a vivir y hacerlo en paz, sin violencia, sin miedo. Sin  miedo a disfrutar los espacios públicos, a usar el transporte, a terminar una relación, a defender una causa, a alzar la voz, a defender al planeta y nuestros territorios, a ser mujer.

Todo lo que las mujeres hemos logrado ha sido gracias a las voces y acciones de mexicanas en contextos como la revolución, o desde los territorios indígenas contra los megaproyectos, contra el cambio climático, paso a paso hemos conseguido avanzar en la lucha por lo que históricamente se nos ha negado. Desde el derecho al voto hasta la defensa de los territorios y de la palabra. La lucha feminista en todas sus fases ha nutrido otras luchas, nos ha empujado a avanzar como sociedad y a analizar con mayor detalle los impactos económicos, sociales, culturales y ambientales de las mujeres. Como resultado, hoy sabemos que la lucha ecologista y la feminista tienen que ir de la mano para caminar hacia un mundo justo, sostenible y en paz.

Hemos explotado el planeta, a sus especies y a las comunidades originarias, donde las personas más vulnerables son mujeres y niñas por la feminización de la pobreza, los roles asociados de cuidadoras y la violencia machista.

Basta de esta violencia política, económica y sociocultural que da mayor peso a seguir produciendo, a sostenerse a costa de nosotras. Por eso nos movilizamos, por eso alzamos la voz ante la crisis de violencia hacia las mujeres que hoy tiene mayor atención mediática que antes por el peso de nuestras voces. Llevamos una historia de mujeres que perdieron la vida a mano de sus parejas, de mujeres indígenas asesinadas sin atención de ningún medio, de activistas ambientales silenciadas por haber tocado un interés económico… cada asesinato es el resultado de décadas de injusticia, de inequidad, de cosificación, de género. Hoy que los ojos del mundo están sobre esta sociedad que asesina 10 mujeres diariamente no podemos cegarnos ante nuestra propia realidad, es hora de exigir una transformación desde el origen de esta carencia de humanismo.

Esto no surgió en la 4T, pero le toca responder porque ya no podemos permitir que esto siga pasando, ¡Ni una menos!  Necesitamos una actuación inmediata de las autoridades con visión de corto, mediano y largo plazo para revertir el desprecio por la vida de las mujeres.

El paro de labores es más que una catarsis colectiva, es un ejercicio real que nos visibiliza. Es hora de alzar la voz por las mujeres asesinadas, por las violentadas, por las que no queremos que lleguen a ser víctimas. Necesitamos salir tomadas de la mano, gritar con una sola voz, mirarnos y reconocernos entre nosotras y fortalecer esta lucha impostergable por nuestra integridad, por nuestra libertad, por nuestra felicidad. Hagámoslo ahora sin miedo, por un futuro sin miedo para cada mujer.

Greenpeace nació en 1971 protestando contra las pruebas nucleares en Amchitka, con el lema: “Queremos paz y que sea verde“ hoy reconocemos que no hay paz sin mujeres y que el ecologismo y la lucha por los derechos humanos de las mujeres van de la mano.

#MarchamosJuntas #MarchamosSeguras #UnDíaSinNosotras