Este pueblo que pertenece al municipio de Otzolotepec y se ubica cerca de Toluca, es considerado como la cuna nacional de la producción de banderas. En ese lugar hay decenas de talleres, que son operados por las mismas familias por generaciones, donde se cortan y confeccionan de manera artesanal las banderas y otros productos.

Aunque la calidad de los productos elaborados en Santa Ana Jilotzingo es superior a la del mercado, pues las banderas son cortadas y confeccionadas artesanalmente, los vendedores mexicanos se enfrentan a los productos chinos, que son más baratos, pero de menor calidad.

Por Alejandro Montenegro

Saltillo, Coahuila, 15 de septiembre (Vanguardia).- Cada año, Saltillo se tapiza de banderas mexicanas y de todo tipo de adornos patrios en los días previos al aniversario de la Independencia de México. Ello, gracias a un pueblo del Estado de México, donde las familias se dedican a fabricar de manera artesanal ese tipo de productos y luego los venden en todo el país.

Jorge Luis Hernández Olvera es comerciante desde que tenía dos años de edad y vende lo que sea. En Querétaro, donde vive, se dedica a vender frutas y verduras, ropa y botanas, en los tianguis.

Ahora, con 31 años de edad, Jorge está sentado al lado de su puesto de productos patrios en la plaza Nueva Tlaxcala de Saltillo, atrás de Palacio de Gobierno, en la zona centro. Viste una camiseta con un gato estampado, una cachucha roja y se toma una Coca Cola mientras atiende a un señor que pregunta por el precio de las banderas.

El mes pasado, después de no llegar a una entrevista de trabajo en una empresa, ese mismo día en la tarde le ofrecieron venir a Saltillo por casi un mes (del 23 de agosto al 17 de septiembre) para vender productos alusivos a la Independencia de México. Le dijeron que le darían viáticos, un lugar para dormir y un pago de cinco mil pesos sin importar cuánto vendiera. Y Jorge accedió.

Jorge Luis Hernández Olvera es comerciante desde que tenía dos años de edad y vende lo que sea. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

En su puesto tiene banderas de diferentes tamaños, trajes para niños y para niñas, trompetas, tambores, pinturas, joyería, moños, aretes, blusas, sombreros, silbatos y todo tipo de productos patrios que son elaborados en el Estado de México.

Santa Ana Jilotzingo, un pueblo que pertenece al municipio de Otzolotepec y se ubica cerca de Toluca, es considerado como la cuna nacional de la producción de banderas. En ese lugar hay decenas de talleres, que son operados por las mismas familias por generaciones, donde se cortan y confeccionan de manera artesanal las banderas y otros productos.

“Son unos chavos que ya tienen como 20 años vendiendo aquí en Saltillo. Por parte de su papá los trajo desde morrillos, es lo que me comentan, tienen mucho dedicándose a vender banderas, vienen de un pueblo del Estado de México donde se hacen las banderas y de allá las traen”, cuenta Jorge.

Una vez que se avecina el mes de septiembre, las pequeñas empresas contratan a vendedores que envían a diferentes estados del país para para ofrecer sus productos. A Saltillo llegaron 15 comerciantes, entre ellos Jorge, que son distribuidos en supermercados y en lugares estratégicos de la zona centro.

“A mí me contrataron en Querétaro, pero entre los que venimos hay gente de Veracruz y de Guanajuato también”, relata Jorge, “siempre me ha gustado dedicarme al comercio y lo hago de corazón y de buen gusto”.

Santa Ana Jilotzingo, un pueblo que pertenece al municipio de Otzolotepec y se ubica cerca de Toluca, es considerado como la cuna nacional de la producción de banderas. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

UNA AVENTURA CON DIFICULTADES

Jorge recibe a sus clientes siempre con una sonrisa, aunque detrás de ella hay una historia de sacrificios y dificultades que tiene que sortear cuando deja su hogar para salir a buscar un sustento para su familia.

Tiene dos hijos de diferente madre, pero no vive con ninguno de ellos. Un niño que estudia la primaria y vive también en Querétaro, y una niña de apenas dos años de edad que vive en San Miguel de Allende, Guanajuato.

“Yo me separé de mi esposa y vivo con mis padres, a mis hijos no voy seguido a verlos, porque mi última pareja se juntó con otra persona y se llevó a la niña a San Miguel de Allende. Ahora menos que ando tan lejos y es muy difícil, se les extraña mucho a toda la familia, y ellos y mis padres me hablan a cada rato porque dicen que también me extrañan”, relató.

En Saltillo, Jorge comparte habitación con el resto de los vendedores, que todos los días madrugan para empezar a vender a las siete de la mañana en los lugares que se les asignaron. Tienen 120 pesos de viáticos diarios para comer y tienen que estar todo el día hasta terminar a las nueve de la noche, cuando regresan a la habitación que les alquilaron. Se duchan y se van a dormir para repetir la misma dinámica al día siguiente.

“Normalmente siempre comemos aquí en los alrededores lo que haya, tratamos de ver dónde es más económica, donde esté limpia la comida y cuando terminamos de vender, llegamos a la casa, nos bañamos y nos dormimos y al día siguiente nos levantamos, nos preparamos para empezar a trabajar, solo vinimos a trabajar”, detalló.

En su puesto tiene banderas de diferentes tamaños, trajes para niños y para niñas, trompetas, tambores, pinturas, joyería, moños, aretes, blusas, sombreros, silbatos y todo tipo de productos patrios. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

No tienen días de descanso y deben de acarrear sus pesados puestos desde la casa que alquilan hasta el lugar que les fue asignado para vender. Jorge tiene que acarrear por siete cuadras de subida.

Además, las constantes lluvias que han azotado Saltillo en las últimas semanas, también han puesto a prueba a los vendedores, que tienen que cuidar con rapidez que no se les vuelven o mojen sus productos.

“Hay que estar tapando para que no se nos mojen las cosas y cuando llueve temprano volver a armar todo, ahora se nos ha complicado porque ha llovido mucho en Saltillo. A mí no me pasó, estoy acostumbrado a andar en los tianguis y armar y desarmar, pero a un compañero se llevó su puesto el agua y como llega con aire, levanta el puesto, pero a mí no, gracias a Dios hemos estado echando la recia”.

MUCHA COMPETENCIA Y BAJAS VENTAS 

Aunque la calidad de los productos elaborados en Santa Ana Jilotzingo, Estado de México, que son los que ofrece Jorge Luis, es superior a la del mercado, pues las banderas son cortadas y confeccionadas artesanalmente, los vendedores mexicanos se enfrentan a los productos chinos, que son más baratos, pero de menor calidad.

Desde que empezó a vender en Saltillo, el pasado 23 de agosto, el comerciante originario de Querétaro, asegura que la mayoría de las personas que se acercan a preguntar, terminan por no comprar nada, lo que le ha acarreado problemas con quienes lo contrataron, al grado de que estuvo a punto de regresarse a Querétaro esta semana.

“No se ha vendido como uno pensaba, porque como que la gente la piensa en gastar en productos de las fiestas patrias. Viene mucha gente, ve las cosas y pregunta por el precio y se van. A veces nos piden que le bajemos, pero nosotros tenemos hasta un cierto límite al que le podemos bajar, más ya no. Deberían de valorar la artesanía mexicana, nosotros no vendemos nada chino”.

Los vendedores mexicanos se enfrentan a los productos chinos, que son más baratos, pero de menor calidad. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

“Yo ya me iba a ir de Coahuila, porque me exigieron que venda más, traen algunos precios elevados, pero uno no va a obligar a la gente que compre. Le dije que si no les parecía, me pagaran mis días y me regreso a Querétaro, pero finalmente me quedé. Me exigían dos mil pesos diarios de ventas, pero en los buenos días apenas llego a mil 500”, aseveró.

En los distintos mercados del centro de Saltillo, comerciantes también venden productos para las fiestas patrias, a precios más cómodos que los que traen Jorge y sus compañeros.

Sin embargo, Jorge espera que este 15 de septiembre, cuando tiene lugar la conmemoración del aniversario de la Independencia en el centro de Saltillo, se incrementen las ventas al máximo para cerrar con números positivos las ventas antes de regresarse, en su caso, a Querétaro.

“Nunca me ha tocado venir, pero dicen que sí se pone bien de ambiente, muy padre. Para nosotros va a ser bastante trabajo, pero ahora sí que uno cierra con todo el ‘power’ y yo ando bien, ando a gusto y más con toda la gente de Coahuila que se ha portado muy bien. Ese día vamos a trabajar hasta las dos de la mañana”, contó.

FALTA DE PATRIOTISMO

El precio de las banderas de Jorge oscila entre los 20 pesos la de menor tamaño, hasta los 320 pesos la que mide hasta dos metros con 50 centímetros, pero lo que más se le vende son las pulseras, aretes y las banderas pequeñas, que primordialmente se usan para poner en los automóviles.

Para él, a los habitantes de Saltillo les falta más identidad y patriotismo, pues recuerda que en estados del centro y sur del país, en septiembre es una tradición adornar casas y establecimientos comerciales con motivos mexicanos.

Jorge espera que este 15 de septiembre, cuando tiene lugar la conmemoración del aniversario de la Independencia en el centro de Saltillo, se incrementen las ventas al máximo. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

“Le falta más a la gente, me imagino que deberían de demostrar su patriotismo, yo veo que les falta más adornar, no es por acá, pero en Querétaro todos tienen banderas, tienen adornado y aquí casi no, no sé si es porque es más al norte. Lo único que me ha gustado es el Palacio de Gobierno, lo adornaron bien y se ve chido en la noche, pero los locales alrededor casi ninguno representa a México, les falta más a los mexicanos representar a su país”, opina.

Él, en cambio, cuando transcurra el tiempo para el que fue contratado para vender en Saltillo, y regrese a Querétaro, irá a una cantina a beber cerveza con música mexicana.

Jorge, que asegura que Saltillo le pareció una ciudad bonita, parecida a San Miguel de Allende, pero a la que no le gustaría regresar a trabajar, afirma que ser comerciante le ha dejado más satisfacciones que adversidades y le ha permitido tener un oficio para vivir bien, aunque sin lujos.

“La verdad es que me alcanza bien y si uno trabaja bien diario unos 500 pesos sí saca en el día en los tianguis, pero si uno le afloja, unos 250 pesos. Lo bueno es que el comerciante trae dinero diario, pero hay que hacer el colchoncito para diciembre, que también hay mucha venta, trabajo, pero no recibes aguinaldo ni Seguro (Social), nada eso”.

VIVIR COMO COMERCIANTE

“Yo sí soy bien mexicano hasta la madre. Llegando allá, voy a irme a una cantina, unas cubetas, poner música de Ramón Ayala, dos o tres corridos alterados para festejar. Se requiere. Aunque no ando acá bien vestido, pero sí levantar en alto la bandera, porque es la más bonita del mundo, y la verdad yo no me siento ni mal por estar vendiendo esto, porque es algo derecho, es algo bien y gracias a la bandera estoy conociendo Saltillo también”, Jorge Luis Hernández, comerciante.

Jorge recibe a sus clientes siempre con una sonrisa, aunque detrás de ella hay una historia de sacrificios y dificultades. Foto: Luis Salcedo, Vanguardia

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