El 15 de septiembre, después del Grito de Independencia, el historiador y escritor Enrique Krauze escribió a través de su cuenta de Twitter: “Que el magnánimo Grito del Presidente @lopezobrador_ sea el primer paso para la reconciliación nacional”.

Por ello, esta mañana el Presidente reconoció que es posible entenderse si se busca “garantizar la libre manifestación de las ideas, el derecho a disentir, el que nunca se piense en el autoritarismo, en la mano dura, nada de dictadura, sino construir una auténtica democracia”.

Ciudad de México, 17 de septiembre (SinEmbargo).– El Presidente Andrés Manuel López Obrador respondió esta mañana a Enrique Krauze, sin mencionarlo por su nombre, y dijo que “les tomo la palabra”, después de que el intelectual mexicano propusiera una reconciliación nacional.

“Yo les tomo la palabra. Creo que necesitamos la unidad. Creo que si tenemos el propósito de que progrese el país con justicia, que haya crecimiento con bienestar, que haya justicia con libertades, si coincidimos en eso, en garantizar la libre manifestación de las ideas, el derecho a disentir, el que nunca se piense en el autoritarismo, en la mano dura, nada de dictadura, sino construir una auténtica democracia, sobre eso nos entendemos y desde luego, a partir del respeto a todas y a todos. Sería muy aburrida la vida si todos pensáramos de la misma forma”, dijo durante su conferencia de prensa matutina.

El 15 de septiembre, después del Grito de Independencia, el historiador y escritor Enrique Krauze escribió a través de su cuenta de Twitter: “Que el magnánimo Grito del Presidente @lopezobrador_ sea el primer paso para la reconciliación nacional”.

Luego agregó: “La reconciliación no significa que todos pensemos igual. La reconciliación no significa abolir la crítica. La reconciliación significa respeto mutuo y debate libre”.

Krauze ha llamado “populista” a López Obrador y en algunos momentos ha alertado que la democracia y la libertad de expresión están en riesgo en México por la llegada del izquierdista al poder. El intelectual mexicano ha sido señalado por supuestamente haber encabezado un grupo opositor que desde las redes sociales, en el anonimato, difundió mensajes falsos (fake news) en contra del tres veces candidato presidencial. Él lo ha negado.

El intelectual e historiador considera al Presidente de México un “mesías tropical”. En un ensayo del 30 de junio de 2006 publicado en su revista Letras Libres, Krauze escribió:

“Lázaro Cárdenas fue un presidente popular pero no populista. De temple suave, pacífico y moderado, tan silencioso y ajeno a la retórica que lo apodaban ‘La esfinge’, en los años treinta repartió dieciocho millones de hectáreas entre un millón de campesinos. Cárdenas fue un constructor interesado en los detalles prácticos, quiso que los campesinos llegaran a ser autónomos y prósperos mediante la organización ejidal colectiva o a través de la pequeña propiedad, ambas apoyadas por la banca oficial”.

 Agregó: “López Obrador se manifestaba cada vez más como un gobernante popular y populista. De temple rudo, combativo y apasionado, orador incendiario, su vía para emular a Cárdenas consistió en ofrecer un abanico de provisiones gratuitas, entre ellas el reparto de vales intercambiables por alimentos, equivalentes a setecientos pesos mensuales, a todas las personas mayores de setenta años. Estos programas, sobre todo el de apoyo a los ‘adultos mayores’ (del cual no existe padrón), le granjeaban una gran simpatía pero no atacaban de fondo los problemas”.

En ese texto de 2006, Enrique Krauze explica por qué lo considera un “mesías tropical”:

“En una entrevista de televisión, al preguntársele por su religión, contestó que era ‘católico, fundamentalmente cristiano, porque me apasiona la vida y la obra de Jesús; fue perseguido en su tiempo, espiado por los poderosos de su época, y lo crucificaron’. López Obrador no era cristiano porque admirara la doctrina de amor de los Evangelios, porque creyera en el perdón, la misericordia, la ‘paz en la tierra a los hombres de buena voluntad’. Él era ‘fundamentalmente cristiano’ porque admiraba a Jesús en la justa medida en que la vida de Jesús se parecía a la suya propia: comprometida con los pobres hasta ser perseguido por los poderosos. La doble referencia a ‘su época’ y ‘su tiempo’ implicaba necesariamente la referencia tácita a nuestra época y a nuestro tiempo, donde otro rebelde, oriundo no de Belén sino de Tepetitán, había sido perseguido y espiado por los poderosos, y estuvo a punto de ser crucificado en el calvario del desafuero. No había sombra de cinismo en esta declaración: había candor, el candor de un líder mesiánico que, para serlo cabalmente, y para convocar la fe, tiene que ser el primero en creer en su propio llamado. No se cree Jesús, pero sí algo parecido”.

Más adelante, en este mismo ensayo, Krauze dice:

“‘México necesitaba un Mesías y ya llegó López Obrador’, decía una pancarta en el pueblo natal de Juárez. Pero él ha sido el primero en alentar esas expectativas y en creer que puede cumplirlas. ‘Ungido’, más que electo, por el pueblo, podría tener la tentación revolucionaria y autocrática de disolver de un golpe o poco a poco las instituciones democráticas, incluyendo la no reelección. Ésta parece ser, por cierto, la preocupación de Cuauhtémoc Cárdenas, líder histórico de la izquierda mexicana, hombre tan ajeno a la explotación de la religiosidad popular para fines políticos como lo fue su padre, que por ese motivo rompió con Garrido Canabal. En una charla, Cárdenas me dio a entender que no descarta la perpetuación de su antiguo discípulo en el poder. Quizá tenga razón. Un proyecto mesiánico aborrece los límites y necesita tiempo: no cabe en el breve período de un sexenio”.