“Así que cuando, leo los mensajes que inmediatamente llenaron las redes sociales para cuestionar furiosamente a Jorge Ramos, no puedo menos que pensar en el flaco favor que le hacen al Presidente por la ausencia de argumentos sólidos en perspectiva del fortalecimiento del Estado mexicano aun con el traspiés de los números del año pasado y la amenaza de lo que pueda suceder en este año”. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

Escucho la conferencia mañanera del pasado miércoles donde reapareció Jorge Ramos con la misma preocupación que planteó hace un año al Presidente López Obrador: “Estuve aquí hablando de criminalidad el año pasado y quería regresar con el mismo tema. Usted decía que el tema de la criminalidad se iba a controlar y que iba a haber resultados; sin embargo, México está cada vez más violento y ¡usted es el Presidente con las peores cifras de criminalidad desde la Revolución. Mi pregunta es: ¿Cuándo va a haber resultados?”.

En otras palabras sería, ¿qué va a hacer su Gobierno ante la espiral de violencia que en el primer año de su Gobierno costó la vida de 34 579 mexicanos? y, finalmente agregó: ¿está dispuesto a cambiar su estrategia de seguridad?, ¿y por qué no cambia a su Gabinete de Seguridad, que no le he dado buenos resultados?, ¿por qué los tiene ahí?

Se que este tipo de preguntas llevan consigo un cuestionamiento severo, pero ese es el leit motiv del periodismo y el lector. Cualquier respuesta garantiza para una nota a ocho columnas. Esto por supuesto no gustó al Presidente aun cuando su respuesta fue con una sonrisa: ¡Eso si calienta!, dijo, pero imagino la esperaba, o quizá hasta estaba acordada, porque inmediatamente el Presidente se remitió a una gráfica profesional donde técnicamente se observa la tendencia a la baja, es decir, baja aun aumentando el número de homicidios dolosos. Lo cual me recuerda el libro de estadística del profesor Fernando Holguin Quiñonez de la FCPyS de la UNAM que dice en la estadística existen “mentiritas, mentiras y mentirotas”.

Si bien podemos tomar como bueno ese manejo de las cifras y sale al paso a una pregunta difícil sobre todo en clave de futuro, lo cierto es que la situación es todavía más complicada, cuando a esos más 34 mil homicidios dolosos habría que agregar los miles de desaparecidos que se han acumulado en el último año y dado el bajo número de personas rescatadas con vida, es muy probable que estén en alguna fosa clandestina.

O sea, hay una crisis de seguridad grave, y los antídotos para salir adelante no parecen estar a la altura del problema, por el contrario, el bajo rendimiento institucional pareciera ser un incentivo en la actuación de los grupos criminales, porque conlleva impunidad y la impunidad es el origen de muchos de nuestros males. Todavía en México la posibilidad de que habiendo cometido un crimen el infractor sea juzgado y llevado a la cárcel supera el noventa por ciento.

Se que los más fieles a AMLO desearían que no se le hicieran este tipo de preguntas, y menos viniendo de un “periodista neoliberal”, pero el problema no es el que interroga sino sobre lo que se interroga, el dato duro, que viene de las “propias cifras del Gobierno”, y que muchos deseamos respuestas para recuperar la esperanza o de plano escondernos ante un futuro incierto, y en ese sentido, hay que reconocer que AMLO después  de la gráfica, dejó más dudas que certezas, y no tanto por lo que haya dicho sino por las medidas que se están tomando para actuar preventivamente en eso que el menciono como “las bases” del cambio institucional.

Justamente, el mismo día, el diario español El País publicó en la primera plana de la edición digital para América latina, que el Gobierno de la 4T presentaría una reforma profunda del sistema del Poder Judicial y eso es una buena noticia porque muchos de los males se originan ahí con jueces y magistrados deshonestos que retuercen las leyes en beneficio de criminales.

Es decir, de aprobarse una nueva ley, el Estado contará con mejores recursos para atender los problemas que se dan en el ámbito de la inseguridad.

Así que cuando, leo los mensajes que inmediatamente llenaron las redes sociales para cuestionar furiosamente a Jorge Ramos, no puedo menos que pensar en el flaco favor que le hacen al Presidente por la ausencia de argumentos sólidos en perspectiva del fortalecimiento del Estado mexicano aun con el traspiés de los números del año pasado y la amenaza de lo que pueda suceder en este año. Vamos, no se está cruzado de brazos sino construyendo instituciones que en algún momento deben dar resultados.

Esto evidentemente no es fácil decirlo a una familia que ha tenido pérdidas o las que están viviendo el terror en su entorno inmediato, porque desde ahí no se ve más que un futuro desolador, más de lo mismo, pero a la mayoría le resulta plausibles medidas que se están tomando para el fortalecimiento de las instituciones.

Se está construyendo un cerco institucional que va desde un mayor control del flujo de dinero en el sistema financiero, bases para desplazar jueces y policías notoriamente corruptas y eso, como sociedad, no lo podemos regatear porque va contra nosotros mismos.

Cierto, tenemos prisa, el problema se vuelve cada día más complejo y alcanza a segmentos que son alarmantes, como es el caso de los niños sicarios o los niños que asesinan en sus escuelas, cómo lo vimos recientemente en Torreón, pero también vemos un Gobierno que no para y eso periodistas como Ramos no lo puede cuestionar incluso lo aplauden por la singularidad mundial de la comunicación gubernamental.

Entonces, el país necesita ese tipo de cuestionamientos, poner sobre la mesa de los políticos, los temas que son de interés público, porque lo de Ramos no es de Ramos, ni la cadena Univisión, son preguntas que mucha gente trae en la boca y que no tiene un canal público para expresarlo.

En definitiva, el buen periodismo es la voz de los que no la tienen y es la posibilidad de ser escuchados, a México no le sirven aquellos que dicen periodistas y que no hacen las preguntas adecuadas, incómodas o los que defienden sin ton ni son, sino aquellos que se atreven frente al poder.

O sea, Jorge Ramos, hizo nuevamente lo correcto, usar el mayor recurso del periodismo, que es ¡preguntar!