El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

“El Presidente de México supo con mucha anticipación sobre la ola de contagios que caería sobre el país, y aun así invitaba a abrazar, a salir, a ignorar las recomendaciones médica y científicas que todo mundo y que en todo el mundo se sabían, y no le importó”. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro

+ Omisión presidencial criminal

+ Lo pagará en las urnas

Una frase. 40 palabras. Una confesión. El subconsciente que atormenta al culpable:

“Les confieso que hace un mes y medio, en Tijuana, recibí un informe en el sentido de que teníamos que tomar decisiones con urgencia porque podíamos ser rebasados… pasamos momentos difíciles porque no había la infraestructura para enfrentar esta pandemia”: Andrés Manuel López Obrador (12/Mayo/2020).

El propio AMLO lo confesó: sabía desde el mes de marzo que los días por llegar con la COVID-19, serían de alto riesgo, “de urgencia”, según el informe médico que llegó hasta su escritorio en Palacio Nacional, y aun así, le valieron sorbete la vida y la salud de miles de mexicanos. Sencillamente no le importó el contagio masivo por el coronavirus. ¿Por qué lo decimos?

Porque a pesar de que sabía de esa urgencia pandémica con antelación y que también confesaría que el país no estaba preparado para enfrentarla al no haber la infraestructura hospitalaria suficiente, actuó de manera irresponsable. Le valió un cacahuate. Le valimos madre, pues.

¿Qué no?

Aquí, los hechos:

Marzo 4: “Hay que abrazarse, no pasa nada”.

Marzo 18: “Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

Marzo 22: “No dejen de salir… sigan llevando a la familia a comer a los restaurantes y las fondas”.

Abril 2: “Nos vino como anillo al dedo (la pandemia) para afianzar el propósito de la 4T”.

Abril 26: “Se ha podido domar la epidemia”. (Desde esa declaración, han fallecido 3 mil 981 mexicanos. Del 26 de abril al 18 de mayo, el número de muertes por coronavirus se ha incrementado 294 por ciento. Fuente: El Universal /19 – mayo – 2020).

Abril 29: “Se aplastó la curva. Se redujo el contagio, ya se volvió horizontal”. (Mentira: el “pico” de muertos ha ido en ascenso, no en descenso).

El Presidente de México supo con mucha anticipación sobre la ola de contagios que caería sobre el país, y aun así invitaba a abrazar, a salir, a ignorar las recomendaciones médica y científicas que todo mundo y que en todo el mundo se sabían, y no le importó.

¿Y por qué no le importó?

Por una razón política: porque si la economía se paralizaba todavía más – de diciembre de 2019 a la primera quincena de mayo pasado se han perdido alrededor de 1.1 millones de empleos-, y en vista de que las limosnas que le está dando como “apoyo” a las empresas y negocios iban a resultar insuficientes para contener la quiebra masiva y el desempleo, eso lo obligaría a arrebatar recursos etiquetados para sus obras absurdas: Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de Dos Bocas y Tren Maya, y eso iba en contra de su propósito central: primero atender los caprichos de la 4T y al final, si sobra dinero, a millones de mexicanos golpeados por las crisis tanto sanitaria como económica.

Primero AMLO, y luego, AMLO.

Aún más:

Desde el pasado 18 de marzo, durante los mismos días en los cuales el Presidente recibía el informe de alto riesgo por el coronavirus, en nuestra columna en SinEmbargoMX titulada “Irresponsabilidad-4T: la otra epidemia”, alertamos acerca de la insensatez de AMLO con la pandemia que ya teníamos encima. Son palabras de López Obrador:

“No debe haber alarma. Se piensa que el coronavirus no es tan dañino…Los conservadores quisieran que todos nos contagiáramos de coronavirus (¿?)… Lo del coronavirus, eso de que no se puede uno abrazar, hay que abrazarse, ¿eh? No pasa nada… No nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias”.

“Allí quedará aquella postal grotesca en la cual López Obrador, durante una gira por Ometepec, recibió a una niña, la cargó, la besó en el cachete de forma lasciva, mordisqueándola, no sólo incumpliendo las medidas de precaución sanitaria, sino también, mostrando una imagen morbosa y de mal gusto sobre cómo comportarse con una menor de edad”.

López Obrador sabía de la emergencia. De la carencia de infraestructura hospitalaria para enfrentar la COVID-19. LO SABÍA. Allí está su confesión del 12 de mayo. Conocía el informe oficial, de su propio Gobierno, desde hace más de 45 días. Y nada. Fue irresponsable. Invitó a abrazarse. A salir. A reunirse. “No nos van a hacer nada las pandemias”, dijo. Le importamos un carajo.

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Hasta la hora de entrega de esta columna, en México han muerto 5 mil 332 personas por COVID-19. La cifra aumentará seguramente. 51 mil 633 infectados. Miles que luchan por su vida con el virus en el cuerpo. Seguramente, el número de fallecidos es mucho mayor, a la luz de reportes y conteos periodísticos mostrados por la prensa internacional. Al menos, tres veces más.

“Nos vino como anillo al dedo la pandemia”, dijo AMLO. Que vaya ahora con las familias que perdieron a su padre, madre, hermanos, hijos, tíos, sobrinos, parientes, amigos, y que les vuelva a sorrajar esa frase insensible y ruin; igual a los desempleados, a quienes han perdido sus negocios y empresas logrados con tantos años de sacrificio, a ver a dónde lo mandan.

Pero a los políticos también les llega su hora. Y por eso – como a priistas, como a panistas, como a perredistas en su momento-, a López Obrador y a Morena habrá que darles donde más les duele: en las urnas. Con los votos.

Nos vemos el domingo 6 de junio del próximo año, señor López. Allí nos veremos.

Como anillo al dedo.

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