“La adolescencia mezcla el mundo del ensueño con la realidad. Este choque es lo que nos hace crecer”, afirma la escritora mexicana Chloe Aridjis, quien realizó un viaje en el tiempo al escribir cada página de Monstruos marinos, novela ganadora del Premio PEN/Faulkner de Ficción 2020.

Puntos y Comas presenta la charla con esta autora, doctora en poesía francesa del siglo XIX, galardonada con el the Eccles Centre & Hay Festival Writers Award 2020 y miembro del XR Writers Rebel, un grupo de escritores que se enfocan en temas de emergencia climática.

Ciudad de México, 20 de junio (SinEmbargo).- “La adolescencia mezcla el mundo del ensueño y la fantasía con la realidad. Este choque es lo que nos hace crecer”, afirma la escritora mexicana Chloe Aridjis, quien realizó un viaje en el tiempo al escribir cada página de Monstruos marinos, novela ganadora del Premio PEN/Faulkner de Ficción 2020.

“En mi obra me ha interesado explorar, también con personajes adultos, justamente ese enfrentamiento entre el mundo interior y las narrativas que uno crea, con la realidad exterior”, detalla la autora de otras dos novelas: El libro de las nubes, el cual ganó el Prix du Premier Roman Etranger en Francia y Desgarrado, situada en la National Gallery de Londres.

Al preguntarle sobre el galardón, confiesa que para ella Monstruos Marinos ya había quedado en el pasado, había tenido una recepción muy quieta, y prefirió enfocarse en su siguiente libro: “Cuando me escribió mi editor de Nueva York para decirme que era finalista, me sorpendió mucho y me sorprendió aún más recibir la noticia de que había ganado. En este momento, en medio de una pandemia, es muy extraño recibir una noticia tan buena. Lo aprecio muchísimo”.

Chloe tiene la literatura en la sangre, pues desde pequeña sus padres le inspiraron el amor por las letras, en especial por la poesía. Ahora, en tiempos de crisis mundial, corrobora el poder de la literatura: “Creo que para cualquier sociedad, los libros son realmente valiosos porque abren otros mundos y otra visión. Nos recuerdan que dentro de todo este aislamiento, formamos parte de una humanidad. Poder entrar en el pensamiento de otros en este momento es una enorme bendición y una maravilla”.

Para Puntos y Comas, te presentamos la charla con esta autora mexico-americana, doctora en poesía francesa del siglo XIX, galardonada con el the Eccles Centre & Hay Festival Writers Award 2020 y miembro del XR Writers Rebel, un grupo de escritores que se enfocan en temas de emergencia climática.

Una tarde de otoño en la Ciudad de México, Luisa, de diecisiete años, no regresa a casa. En su lugar, aborda un camión a la costa del Pacífico con Tomás, un muchacho al que apenas conoce. Él parece representar todo lo que le falta a su vida: temeridad, impulso e independencia. Y Tomás también puede ayudarla a satisfacer una extraña obsesión: encontrar a la compañía de enanos ucranianos. Según los reportes del periódico, los enanos escaparon recientemente de un circo soviético durante una gira por México.

Los imaginados destinos de estos artistas circenses llenan los surrealistas sueños de Luisa cuando se instala en una comunidad playera de Oaxaca. Rodeada de hippies, nudistas, buscadores de tesoros y excéntricos contadores de historias, ella busca a alguien, a quien sea, que le prometa “sin importar nada, seguirá siendo un misterio”. Todo esto es una misión más fácil de imaginar que de lograr. Mientras pasea por la orilla del mar y visita el bar local, Luisa comienza a desaparecer peligrosamente de las vidas de los desconocidos de Zipolite, la Playa de los muertos.

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—En la aventura que emprende Luisa hay mucho aprendizaje y crecimiento, pero también desilusión. ¿Es la decepción parte fundamental del desarrollo personal?

—Creo que la adolescencia es una mezcla del mundo del sueño y la fantasía con la realidad. Es a través de estos choques que uno crece. En mi obra me ha interesado explorar, también con personajes adultos, justamente ese enfrentamiento entre el mundo interior y las narrativas que uno crea y luego la realidad exterior.

—El ambiente en el que se desarrolla la historia es playero y soleado. ¿Por qué elegiste Oaxaca como escenario para tu historia? ¿Tienes alguna anécdota que se relacione con este lugar?

—Sí, completamente. Muchos de los eventos y personajes de la novela se basaron en mi vida. Es hasta cierto punto inevitable que haya algo de mí en el personaje de Luisa. Con cada borrador o versión del libro traté de distanciarme más y más de mí misma de joven. Pero hay muchos detalles, muchas experiencias e impresiones que ella tiene en la ciudad, que en realidad son mis recuerdos personales.

Esa experiencia de ir a la playa, a Zipolite, fue completamente verídica; visité ese lugar a los 16 años (un año más joven que Luisa, la protagonista). Siempre me ha atraído mucho el calor y admirar el mar; los bosques o las montañas son paisajes más secos y quizá un poco más misteriosos. Para mí fue muy importante guardar toda esa geografía, No creo que hubiera escogido ese paisaje si no lo hubiera vivido.

También busqué modificar ciertos aspectos. Por ejemplo, en la vida real, el muchacho me preguntó si quería ir a Oaxaca y en la novela Luisa es la que toma la decisión y además es más autónoma y resuelta. Yo era más tímida. Ha sido muy interesante volver a visitar ese ser humano más joven y verlo a través de todos los pensamientos y las experiencias que una va teniendo a través de las décadas desde ese momento.

—Para los nuevos lectores: ¿Puedes contarnos más acerca de los personajes principales de tu novela?

—Está Tomás Román, el muchacho con el cual Luisa se escapa a la playa. Es un personaje un poco irreverente que aparece por las calles de la Roma, casi como saliendo de los escombros de un edificio colapsado después de un terremoto. A Luisa le llama mucho la atención, pues ella estudia en un colegio donde no encaja socialmente con los otros alumnos; su vida social transcurre fuera de la escuela. Luisa es hija única, su padre es profesor de la universidad y su mamá es traductora. Además, la novela presenta a Julián, su mejor amigo, quien vive en el piso superior del Covadonga. Más adelante, en la playa, hay personajes menores y otro hombre misterioso.

—Cúentanos acerca del lenguaje poético en tu narrativa…

—Todo empezó muy joven: desde niña siempre veía a mis padres escribiendo y ambos organizaron varios festivales de poesía. Yo no leía poesía, tenía ocho años, pero en varias ocasiones los escuché leyendo sus poemas y eso me inspiró mucho. Crecí queriendo escribir y sintiendo que el mundo de la poesía iba ayudarme a encontrar o darle forma a mis propias narrativas, aunque escribiera ficción.

Siempre leo mucha poesía a la par de lo que estoy escribiendo. Es mucho un proceso de investigación; lo que hacen los poetas es tomar sus experiencias, darles cierto tratamiento y destilarlas hasta lo más esencial. Actualmente aquí en Londres escribo sobre todo ensayos acerca del arte. También ensayos más personales, de temas que me interesan, en los que puedo ir tejiendo conexiones con tópicos literarios o culturales.

—El pasado 8 de abril Monstruos marinos ganó el Premio PEN/Faulkner de Ficción 2020. ¿Cómo fue está experiencia ya en el contexto del confinamiento?

—Yo estaba totalmente concentrada en mi siguiente novela. Para mí Monstruos Marinos ya había quedado atrás; sentí que había salido al mundo con una recepción buena, pero un poco quieta. Tuvo buenas críticas, pero es un libro que no toca temas actuales. Cuando me escribió mi editor de Nueva York para decirme que era finalista para el premio, eso me sorpendió mucho. Pero no pensaba pasar más allá de la lista de finalistas, por lo que me sorprendió aún más recibir la noticia de que había ganado.

En este momento, en medio de una pandemia y una crisis para la humanidad, es muy extraño recibir una noticia muy buena. Claro que lo aprecio muchísimo, me hace sentir un poco más conectada al mundo exterior porque aquí en Londres ha habido una cuarentena bastante estricta. También es difícil la sensación de estar tan lejos de México y de mis padres en un momento como este. Por lo menos el premio ha abierto muchos diálogos en mi entorno.

—¿Para ti qué representa la literatura en estos tiempos anormales?

—La literatura importa más que nunca. Justamente en países donde comienzan a abrir los negocios esenciales, algunas librerías se encuentran entre ellos. Me gustó mucho enterarme de esta noticia. Creo que para cualquier sociedad, los libros (sobre todo las novelas y la poesía), son realmente valiosos porque abren otros mundos y otra visión. Nos recuerdan que dentro de todo este aislamiento, formamos parte de una humanidad muy basta. Poder entrar en el pensamiento de otros en este momento es una enorme bendición y una maravilla.

Hay gente que sólo ve Netflix, pero me gustaría pensar que también muchísima gente está leyendo libros que llevan años queriendo empezar, pues para la mayoría la vida cotidiana no deja mucho espacio para la lectura. Esta es una oportunidad para ello.

Chloe Aridjis es una escritora mexicana radicada en Inglaterra. Es autora de tres novelas: El libro de las nubes, la cual ganó el Prix du Premier Roman Étranger en Francia, Desgarrado, situada en la National Gallery de Londres, y Monstruos Marinos. También ha publicado el libro de ensayos Topografía de lo insólito: La magia y lo fantástico literario en la Francia del siglo XIX. Creció en los Países Bajos y México antes de hacer su bachillerato en Harvard. Después obtuvo una maestría y un doctorado en poesía francesa del siglo XIX por la Universidad de Oxford.

Chloe también escribe para varias revistas de arte y fue cocuradora de una exposición de Leonora Carrington en la Tate Liverpool. Sus ensayos también han aparecido en Granta y otras publicaciones literarias y en la radio de la BBC. Ha tenido residencias artísticas en Ledig House, The MacDowell Colony y Santa Maddalena. En 2014 recibió la beca Guggenheim.