El escritor y guionista mexicano Mateo García Elizondo, nieto de Gabriel García Márquez y Salvador Elizondo, afirma que “tener el control de tu propio final” es algo que lo atrapa siendo novelista.

Una cita con la Lady, publicada ahora en EU, es la historia de un heroinómano que llega a un pueblo fantasma en medio de la selva, en busca de la muerte, que le hará “cruzar al otro lado”.

Por Ana Mengotti

Miami, 20 de julio (EFE).- El escritor y guionista cinematográfico mexicano Mateo García Elizondo bebió de la literatura beat para su primera novela, Una cita con la Lady, publicada ahora en Estados Unidos, pero en sus páginas resuenan el “maestro” Juan Rulfo y “cierta cultura de la muerte” que tienen los mexicanos.

Nacido en Ciudad de México en 1987 y nieto de dos escritores, Gabriel García Márquez y Salvador Elizondo, afirma en una entrevista con Efe que lo que le gusta es “escribir y armar historias”, sea para el cine o la literatura, pero hay algo de ser novelista que le atrapa: el “tener el control de tu propio final”.

Una cita con la Lady (Vintage Español) es la historia de “un muerto viviente”, un heroinómano, que llega a un pueblo fantasmal al borde de una selva en busca de la muerte, del “chute” definitivo que le hará cruzar al otro lado, pero al que el humor, las frustraciones y las emociones “anclan a la existencia”..

El protagonista y narrador de la novela es un personaje sin nombre, al que los otros seres que encuentra en su deambular entre la vida y la muerte lo llaman el “Muertito” o el “Flaco”.

“Tengo un serio problema en encontrarle nombre a mis personajes, pero en este caso es muy orgánico que no lo tenga al ser un hombre yendo hacia la muerte que ha dejado atrás la identidad que tuvo en la vida”, dice García Elizondo.

ESTADOS ALTERADOS

Al joven escritor, ganador del premio Ciutat de Barcelona 2019 con esta novela publicada ahora en los Estados Unidos, siempre le han interesado “las drogas y los estados alterados”.

“En algún momento cuando era muy joven me interesó mucho la literatura beat (movimiento literario de los años 50 en Estados Unidos) y más tarde tuve alguna experiencia con sustancias psicotrópicas, pero no con opiáceos”, señala sobre “la Lady” (heroína) que se inyecta el “Muertito” de la novela.

Dado que el personaje busca morir, la heroína es una droga que “funciona muy bien” para la historia, dice García Elizondo, quien cuenta que el editor español Jorge Herralde (del sello Anagrama) le comentó con humor que si el protagonista hubiese sido un consumidor de marihuana “la novela hubiera sido mucho más larga”.

Una cita con la Lady tiene poco más de 200 páginas, una longitud acorde con una droga como la heroína que puede ocasionar la muerte de manera rápida.

“Es un tema universal, enfocado desde un punto de vista mexicano”, dice García Elizondo, quien está muy agradecido por el premio que le entregaron en España por su novela, aunque es consciente de que ahora está obligado a mantener el nivel, a que “la segunda sea más ‘chida’ (mejor) que la primera”.

UN GUION PARA PLATAFORMAS

Por ahora está dedicado a escribir un guión para una serie para plataformas de contenido audiovisual junto al director Carlos Meléndez. Se trata de un “tecno thriller” que sucede íntegramente en el mundo de internet y gira en torno al suicidio de una bloguera.

Desierto y La mula son algunos de las películas con guión firmado por Mateo García Elizondo, quien también es autor de cómics y periodista de viajes.

En comparación con hacer cine, un “proceso más colaborativo”, el novelista es una especie de “dios” que lo hace todo, desde la dirección a la parte artística o la selección del elenco y que goza del derecho a tener su “propio final.

Ese poder cerrar su obra como él quiere es un privilegio que no suele tener el guionista, subraya. “Es la pasión y la libertad de estar solo”, dice.

EL PESO DE SER NIETO DE

Sobre las resonancias de Rulfo en “Una cita con la Lady” García Elizondo dice que son “inescapables” cuando uno escribe de pueblos fantasmales por el famoso Comala de “Pedro Paramo”, que en su novela se llama “Zapotal”, pero también es algo de lo que él se empapó en sus viajes por remotas zonas serranas de México.

“Cuando escribí la novela no tenía para nada fresca (la lectura de) Pedro Páramo”, señala el joven escritor mexicano, quien pensaba que había una influencia de los “beats” en lo que iba contando y solo después apreció la influencia del “maestro” mexicano al que había leído con “mucho entusiasmo” cuando era más joven.

García Elizondo no habla con la misma naturalidad de otro maestro, su abuelo el Nobel colombiano García Márquez, quizás porque siempre se refieren a él como el “nieto” del autor de “Cien años de soledad” y él quiere “no llamar la atención” y llegar a ser reconocido por su propia obra.

“Espero que para el tercer o cuarto libro, el libro sea lo que importe”, afirma.

No obstante, reconoce que el hecho de tener dos abuelos escritores puede haber influido en que el haya escogido el camino de la literatura.

“Podía haber hecho cualquier cosa y esto es lo que me interesó”, dice este novelista que se muestra más locuaz al hablar de su otro abuelo, el mexicano Salvador Elizondo, un escritor vanguardista cuya obra más destacada es “Farabeuf o la crónica de un instante”.

De “Gabo” dice: “No he leído toda su obra, me la estoy guardando para la vida”.