Todos somos foodies, es un hecho. Todos amamos (y necesitamos) comer y este país ofrece grandes posibilidades que grupos organizados o no, han aprovechado para hacer de la comida un estilo de vida. Desde los más pequeños de la casa que prefieren la comida gourmet hasta los cazadores de sabores y experiencias tradicionales.

Ciudad de México, 21 de octubre (SinEmbargo).– Claro, comer es una necesidad, comer rico es un lujo para muchos y un estilo de vida para otros. Particularmente las personas que viven en México tienen la posibilidad de abrir sus sentidos a múltiples estilos de alimentos: de lo más tradicional a platillos internacionales; de una quesadilla a un carrusel de sushi; de comprar sus ingredientes en un tianguis o tener su propio huerto.

Con el auge del apoyo a las economías locales y el creciente interés en mejorar la salud desde el punto de vista alimenticio, las tendencias en el consumo gastronómico han cambiado. Sin embargo, sigue habiendo aquellos paladares que no discriminan y bien se lanzan a un restaurante de la lista Pellegrino o a las carnitas de los domingos.

“Hemos encontrado que para los mexicanos la comida es un símbolo de orgullo, algo que tenemos muy arraigado culturalmente, además de que nos fascina decir que es de las mejores cocinas del mundo, nos da una distinción frente a otras nacionalidades. Aquí somo más abiertos y aventureros frente a otros temas. Es muy común decir ‘voy a probar esto aunque se vea raro’ porque tenemos esta identidad con la comida, somos muy ingeniosos”, dice Pamela Gutiérrez, gerente de Estudios Sindicados de De la Riva Group a Mundano.

Menciona a los llamados popularmente como “estudihambres”, que se la arreglan con poco dinero para tener varias opciones y se vuelven unos expertos en el arte gourmet del atún enlatado o de la sopa instantánea.

“Como nos gusta ser aventureros y la comida es tan importante para nosotros, nos gusta que sea multisensorial, por ejemplo los Tostilocos tienen que ver con eso, con mezclar texturas, colores, mientras más colorido se vea, mucho mejor y más se antoja. Los participantes en sesiones de grupo nos decían que empezaban a salivar sólo de imaginarse los pepinos con el chamoy, con cacahuates, hasta cueritos”.

A continuación, y en conjunto con la consultora, señalamos algunas de estas tendencias gourmet.

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LOS BUSCADORES DE “HOT SPOTS”

Imagen: Shutterstock

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Muchos seguro han oído ya este término y varios ya hasta lo aborrecen. Ya no son las discos de los 90 con cadenero, pero son clubes sociales con membresía. No son bares clandestinos, son speakeasy de difícil acceso. Son los lugares de moda en los que la gente quiere estar, que en ocasiones se autonombran “hot spots”, es decir el sitio más cool de la ciudad, del pueblo o de la colonia.

Generalmente su calidad es innegable, aunque a veces los precios pueden ser algo exagerados. Los tragos son elaborados (de gin con cardamomo para arriba), el emplatado enamora la vista y su diseño arquitectónico es un gran plus.

Todos estos ingredientes los hacen lugares altamente Instagrameables, Foursquareables, Snapchateables y por supuesto, Facebookeables. Y ahí nos vemos en la próxima inauguración.

 

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LOS MINI-GOURMET

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Antes se les decía remilgosos, ahora son “koodies” o kid foodies, aquellos niños que por la influencia en su hogar o escuela han refinado su paladar y tienen la disposición de probar alimentos nuevos.

De acuerdo con una encuesta realizada por dlR Group, en México dos de cada 10 niños se identifican como “Mini Gourmet”, quienes perteneces a niveles socioeconómicos altos pues tienen acceso a productos de mayor calidad y precios, visitan restaurantes y viajan con frecuencia.

Esta micro tendencia popularizada en Estados Unidos desde hace algunos años posiciona a los pequeños entre 6 o 12 años que prefieren el menú de adulto en una fiesta infantil, un sushi ante unas palomitas de pollo, o mejor ir a Pujol que a McDonald’s, por decir algo.

Según la nutrióloga Mónica Puentes –citada por el gurpo De la Riva – este gusto es aprendido. “Los Mini Gourmet no se despiertan un día con el paladar refinado, sino que van aprendiéndolo en casa. Generalmente tienen a un familiar chef, nutriólogo o simplemente foodie.

Por su parte, la nutrióloga Alexandra Hurtado explica que la influencia viene principalmente de la televisión, los papás, la escuela y los amigos. Los foodies crean experiencias culinarias muy agradables para los niños, lo que les genera gusto e interés por la comida.

Nueva York es una referencia en este tema, ahí los niños disfrutan mucho más salir a comer a un restaurante en el Upper East Side y ordenar platillos exóticos, a comer comida casera. No quieren lo ordinario, quieren cosas más emocionantes. También se han publicado libros al respecto: My TwoYear-Old Eats Octopus: Raising Children Who Love to Eat Everything de Nancy Tringali Piho y Hungry Monkey: A Food-Loving Father’s Quest to Raise an Adventurous Eater de Matthew Amster-Burton, son algunos ejemplos de la consultora.

El gusto por la comida no se queda en la ingesta de alimentos sofisticados: los Mini Gourmet disfrutan ver programas de cocina (de recetas o concursos) e incluso cocinar. Muchos de ellos desean estudiar para ser chefs.

 

 

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LOS CITYCULTORES

Imagen: Shutterstock

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“El hecho de cuidarlo yo en mi casa, en mi zona y ponerle mi amor, es ponerle esa intención a lo que como”, dijo una “citycultora” de 28 años a De la Riva, quienes concluyeron en una encuesta a nivel nacional que las personas pertenecientes a esta micro tendencia se preocupan por la calidad de los alimentos que se llevan a la boca, pero no sólo eso, también tienen conciencia ambiental y hasta pueden mejorar su economía al vender sus productos.

“Los Citycultores son transformadores de espacios, convierten un patio, traspatio, azotea, jaula o roof garden en un huerto urbano. Aprovechan y embellecen los espacios olvidados, para restablecer contacto con la naturaleza. Además cultivar sus propios alimentos y utilizar nuevas técnicas de reciclaje, ayuda a disminuir la huella ecológica en su consumo diario”, se lee en el informe.

 

Aíde Real, coordinadora del Huerto Romita de la Ciudad de México, dio a la consultora algunos consejos a seguir para poder implementar un huerto en plena ciudad: primero es necesario tomar un taller de agricultura urbana para aprender técnicas de diseño, selección de cultivos, generación de composta, entre otras. Luego, ubicar el sembradío en un espacio al aire libre que goce mínimo de cinco horas de luz solar; tener una fuente de agua cercana; dedicarle tiempo a su cuidado y mantenimiento y por último, aprender a reutilizar huacales, botes o llantas que puedan ser útiles.

Según dlR Group, los principales alimentos que se cosechan en estos lugares son: Albahaca, jitomate, romero, hierbabuena, orégano, lechuga, menta, ajo, tomillo y chiles.

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LOS UNIVERSALES

Imagen: Shutterstock

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Bien pueden asistir a una cata de vinos de Valle de Guadalupe o maridar sus tacos de carnitas con una cerveza clara; cenar en un restaurante con una cuenta personal de mil 500 pesos o pedir una pizza a domicilio. Todo ello con singular placer.

Generalmente son una referencia para sus amigos. Sus check ins y fotos en redes sociales los delatan, es claro que conocen su barrio y la colonia ajena; que eligen sus zonas favoritas de la ciudad por su oferta gastronómica y saben cuáles son los mejores tacos cerca de puntos clave.

Hay que confiar en sus consejos, saben de los buenos, bonitos y baratos; y de los tanto.

“Hubo un movimiento en el que intentaron hacer de la comida algo racional, que funcionará en otras culturas pero aquí suele ser muy intuitiva y justo al ser algo tan importante para nosotros no pasa por un filtro de cuántas calorías tiene esto o si eso va bien con lo otro. Lo pasábamos por un filtro más intuitivo y del estómago, concluimos que cierto ingrediente va con otro porque sabe bien más allá de si carbohidratos van con grasas o no.

Los mexicanos estamos buscando todas estas marcas, productos y lugares donde podamos tener un contacto más intuitivo con la comida, que puede ser desde ver el proceso de cómo lo hacen hasta conocer de dónde vienen los ingredientes o tener estas mezclas que no se te habían ocurrido antes”, dice Gutiérrez.

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LOS TASTESEEKERS

Imagen: Shutterstock

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Ya lo dijo el columnista australiano Bernard Salt en la columna que desató críticas, pues cuestionó que la generación millennial “puede gastar 22 dólares en un pan tostado con aguacate en lugar de ahorrarlos para el enganche de una casa”. Y sí, los jóvenes invierten mucho en comida.

Chapulines cubiertos con chocolate, mole amarillo con iguana, agua de cacao, helado de miel de maguey, las posibilidades son muchas para estos buscadores del sabor.

También llamados lo “100 x 100” por preferir alimentos 100 por ciento orgánicos y 100 por ciento mexicanos, optan por consumir platillos que los reconecten con la comida y les permitan revivir sabores locales.

De acuerdo con la encuesta, los “tasteseekers” son jóvenes de entre 20 y 30 años para los que “hablar de comida no es planear y controlar las calorías en cada mordida; comer es hablar de experiencias, sabores y olores locales, de capas de variedad de ingredientes; de cuentos e historias que comienzas con la vista y terminan en el paladar”.

Tienden a “arriesgarse” y experimentar con los sabores y formas de preparación, además de dar importancia al hecho de conocer a los productores, de poder platicar con quien está elaborando tal producto.

“Buscan que no se trate nada más de comer por comer, aquí la comida no es gasolina. Nos estamos volviendo más exigentes en las historias que nos está contando la comida”, finaliza Pamela.