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Jorge Alberto Gudiño Hernández

24/09/2023 - 12:01 am

Un plagio es un plagio

Ojalá no nos toque elegir en torno a quiénes son menos tramposos o quiénes son capaces de reconocer sus errores, aunque los minimicen.

“Hay algo que me parece, si no más grave, si un tanto ridículo”. Foto: Daniel Augusto, Cuartoscuro

Esta semana se descubrió que el informe de experiencia profesional de Xóchitl Gálvez contiene partes plagiadas. Al principio eran cinco o seis párrafos. Cuando escribo esto, hay medios que aseguran que el contenido que no es de su autoría supera el 20 por ciento.

Parte de la defensa de la Senadora y de quienes están a favor de su causa política es que, a diferencia de la tesis de la Ministra Yasmín Esquivel, el trabajo de Xóchitl no era una tesis sino sólo un informe. Es decir, que para titularse no se considera tanto lo escrito como la experiencia demostrada en el campo de la carrera estudiada. Además, al ser una de las tantas opciones de titulación que ofrece la Facultad de Ingeniería, en realidad el mal es menor. Incluso, la Senadora ha aceptado que cometió un error (“la pendejié”), que está dispuesta a acatar el castigo de las autoridades de la UNAM, incluida la anulación de su título profesional (cosa que no se puede hacer) y que está dispuesta a escribir otro informe pues, en efecto, ella cuenta con sobrada experiencia profesional en el área. En otras palabras, intenta reducir la gravedad del hecho: plagió parte de un trabajo académico que era un requisito para poder titularse.

Reconozco que la aceptación de su error es un paso que no han dado otros. Sobre todo, la Ministra Esquivel, quien ha hecho todo lo posible, a partir de argucias legales, para que la UNAM no se pueda pronunciar ante una tesis que, parece evidente, fue plagiada casi por completo. Si tan segura estaba de que la tesis era propia, si el fallo de ese Juez es cierto, la Ministra debería permitir que la UNAM dijera lo que tiene que decir y actuar en consecuencia: celebrar si tiene razón o renunciar si no la tiene (algo que, por cierto, ya debería haber hecho).

La aceptación, empero, no es suficiente. Lo escribí hace tiempo y lo repito ahora: plagiar consiste en hacer pasar por propio algo que escribió (o hizo) alguien más. Es hacer trampa. Trampa para titularse. En los dos casos, en el de la Ministra y en el de la Senadora (y en el del expresidente y la ahora Gobernadora…). ¿La trampa podría tener implicaciones diferentes? Sin duda. De comprobarse la de la Ministra, se esperaría que renunciare porque, para tener el puesto que ostenta se requiere tanto probidad como un título legítimo de abogado. De comprobarse el plagio de la Senadora, sólo habría escarnio público, pues no se requiere ser licenciado ni ingeniero para ser parte del legislativo o para aspirar a ser presidente. Sin embargo, en ambos casos (y en todos los demás), el sólo señalamiento fundado debería ser suficiente para bloquear cualquier aspiración política.

Hay algo que me parece, si no más grave, si un tanto ridículo. Plagiar una tesis habla pésimo de quien lo hace al margen de las posibles justificaciones (quizá esa persona es incapaz de tener ideas o argumentos propios, tal vez no tuvo tiempo de emprender un trabajo que suele llevar muchos meses, tenía prisa por titularse y no se le ocurrió una mejor idea, su asesora cómplice le vendió una solución fácil o, simple y sencillamente, es alguien acostumbrada a salirse con la suya). Plagiar, en cambio, veinte o treinta páginas de un informe de experiencia profesional es, en efecto, ridículo: el trabajo duro ya estaba hecho (la obtención de dicha experiencia), el resto era hacer un reporte que, muy probablemente, nadie leería con detenimiento y, mucho menos, juzgaría en términos estilísticos. Casi casi que podría ser un maquinazo.

Ni hablar. Al margen de que reconozca que se necesita valor para admitir los errores del pasado (en 2010, cuando se tituló, Xóchitl Gálvez tenía más de 40 años, así que sabía bien lo que hacía), lo cierto es que un plagio es un plagio. Y es una lástima, porque el escenario político que se dirige a las siguientes elecciones se perfilaba interesante. Ojalá no nos toque elegir en torno a quiénes son menos tramposos o quiénes son capaces de reconocer sus errores, aunque los minimicen.

Jorge Alberto Gudiño Hernández
Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas novelas se suman a “Los trenes nunca van hacia el este”, “Con amor, tu hija”, “Instrucciones para mudar un pueblo” y “Justo después del miedo”.

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