Para poder explicarse la extrañeza, mucha gente se conforma diciendo que lo raro, lo diferente, lo inquietante, viene del sueño. En cuanto no se comprende algo, se dice que es onírico. ¿No debería ser más perturbador que eso habite los sueños? La obra de Paul Delvaux (1897-1994) está más allá de los sueños y hace de la desnudez el espejo de nuestra situación en las ruinas del mundo, ni patética, ni apocalíptica, vital y lista para el asombro. Una exposición sobre el pintor nos muestra sus fuentes, la creación de su lenguaje propio alimentando de otros.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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