Durante gran parte de su vida, su poesía estuvo prohibida y sus más grandes poemas fueron publicados antes en el extranjero. Sus mejores amigos, los artistas más brillantes de su generación y su familia más cercana murieron en manos de Stalin, quien concentró en ella su odio por la poesía y la disidencia de pensamiento. Ahora su obra es reconocida ya por todos y en uno de los departamentos que vivió se le dedica un museo breve y emotivo que visité con entusiasmo y resultó mucho más interesante de lo que esperaba. La música de Anna Ajmátova sigue viva. Y su poesía es un sol de invierno en el cielo gris de San Petersburgo donde, como decía Joseph Brodsky, "los humanos, como el agua, no echan sombra".
Por Alberto Ruy-Sánchez
MÁS EN Opinión
Alejandro Páez Varela
No van a parar
""La derecha es un lobo que se enamoró de la carne fresca: cualquiera de nuestros hijos, como cachorr..."
Jaime García Chávez
La falsa profecía de Adán Augusto sobre Chihuahua
""Es desagradable escuchar el augurio, porque Adán Augusto está en la mira nacional precisamente por ..."
Jorge Zepeda Patterson
Inseguridad, percepción y realidad
""La percepción del público es que los crímenes han aumentado, cuando en realidad es la exposición de..."


