Sin ningún pudor, la poesía puede de pronto develar las entrañas deseantes, la fibra más íntima de quien la pronuncia. El acto mismo de decir pertenece al ámbito del deseo. Nos decimos deseantes cuando decimos cualquier cosa. Y en nuestras palabras vibrando en la boca late lo que queremos o no queremos, eso en lo que deseamos o no transformarnos. Decir nos hace trascender, ir más allá de nuestro cuerpo, ser cuerpo con el mundo. Sin ningún pudor comparto entonces este poema compartiendo la edición especial de la plaquete celebratoria que con muy escasos ejemplares, como suele ser la poesía, la hace pública. Una edición que reúne poemas sobre el deseo y que lleva justamente el nombre de éste.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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