Pablo Alarcón Cháires

Michoacán: ingobernabilidad y surrealismo

Los michoacanos vivimos uno de los peores momentos de nuestra historia. Somos herederos de las pifias de un gobierno calderonista que apostó por soltar la jauría  como respuesta simplista a un problema complejo. El “hijo desobediente” de Michoacán pretendió apaciguar una guerra con otra guerra, fuego con más fuego. Por cada cabeza que cortó, surgieron otras cinco, quizá más pequeñas pero no menos peligrosas.

Con el perredismo al frente del Solio de Ocampo la cosa no fue mejor. La falta de confianza entre las autoridades estatal y federal se reflejó en la ausencia de una verdadera estrategia contra el crimen, profundizando con ello los niveles de inseguridad que ahora asolan a la población michoacana. Eso sin mencionar la infiltración de la delincuencia que existiría en diferentes instituciones encargadas de velar por la seguridad pública y procurar la impartición de justicia en nuestro estado.

Hoy, con el viejo priismo al frente de una nueva administración estatal, el derramamiento de sangre continúa surcando la tierra michoacana, al igual que sucede con el resto del país. La promesa de campaña no escrita ni pronunciada que aseguraba una tregua de los cárteles mexicanos, bajo el supuesto que el histórico priismo sabía concertar con ellos, ha transitado hacia una quimera cada vez más lejana e intangible. No sé si por fortuna o por desgracia, pero para el caso es lo mismo.

Lo que ha sucedido estos últimos días en Michoacán es sólo un botón de muestra. La sociedad michoacana continúa siendo rehén de una galopante criminalidad y de una clase política alejada del pueblo, insensible y egoísta, que en estos momentos voltea hacia el ruedo donde se disputa el interinato de la gubernatura. Existen problemas cuyas soluciones son impostergables por las implicaciones sociales, económicas y hasta ambientales; pero parecen no ser la prioridad de nuestros políticos.

El caos vivido ayer en nuestro estado se resume paradójicamente: gobierna la ingobernabilidad. Morelia sufrió el estrangulamiento de sus principales accesos y algunas de sus calles, por grupos que manifestaban un coctel de exigencias entre las que figuraban su rechazo a las policías comunitarias, solicitudes de recursos económicos por parte de casas de estudiantes, protestas por el aumento de gasolinas y movilizaciones que buscan la aprobación al aumento del costo del transporte público. Nos hicieron pasar un caluroso y amargo trago, no por la espera al mediodía en un tráfico insufrible. Más bien porque sabemos que en el Michoacán de hoy, cualquier cosa puede ocurrir incluyendo el daño colateral de esta guerra absurda.

En el transcurso de la mañana, el Mercado Independencia ubicado en una zona céntrica de esta ciudad fue desalojado por amenazas contra los locatarios. Más tarde, circularían rumores de amenazas de bomba en el centro histórico moreliano.

En la autopista Siglo XXI, normalistas “boteaban” en varias casetas de cobro, con la finalidad de conseguir recursos en su lucha por el otorgamiento automático de plazas para sus egresados.

Mientras, en la capital michoacana se suspendían las corridas de camiones de transporte foráneo hacia tierra caliente. No era para menos. Un día anterior, el cártel de "Los Caballeros Templarios" habría “ordenado” a los comerciantes de Apatzingán no abrir sus negocios, según las redes sociales que llamaban a la prevención y cuidado.

Al menos veintidós presidencias municipales -particularmente de esta región, pero también del resto del estado-, habrían dejado de laborar con la finalidad de proteger a funcionarios y usuarios, derivado del temor de algún acto violento. Setecientas escuelas habrían suspendido sus labores ante la incertidumbre por posibles ataques (Agencia Quadratin). En Facebook, la cuenta “Valor por Michoacán” mencionaba que este cártel estaba obligando a la población a asistir a una marcha por la paz. Al respecto, un comunicado de la Secretaría de Gobierno de ayer mismo aseguraría que estos grupos “no están ahí por su propia voluntad, sino ante el temor a represalias por parte de grupos delictivos” (La Jornada Michoacán, 19 de abril del 2013). Recordemos que unos días antes aparecieron mantas de "Los Caballeros Templarios" con mensajes en los que acusaba a las policías comunitarias de la Tierra Caliente, de estar conformadas y coordinadas por miembros del cártel Nueva Generación de Jalisco, con quien se disputan la plaza.

Como se puede ver, la incertidumbre, desconfianza y zozobra reina en Michoacán. Fuera de la respuesta bélica del gobierno contra el crimen, brilla por su ausencia una estrategia integral desde la perspectiva del desarrollo, en su amplia concepción, por y para el pueblo. No resulte raro entonces que sea el mismo pueblo el que ahora esté tomando las riendas de su destino, por lo pronto, en el tema de seguridad.

Pablo Alarcón Cháires

Nació en Morelia, Mich. Estudió biología y cursó una maestría en Manejo de Recuros Naturales en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Actualmente labora en el Laboratorio de Etnoecologí... Ver más

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión