El contenido de este artículo recoge la opinión y propuestas de ciudadanas y ciudadanos de México ante la crisis que vivimos, en sus diferentes vertientes y expresiones. Fueron suscritas bajo el nombre de Plan de Guayangareo (actual valle de Morelia) cuyo contenido, perfectible, pretende dar directriz a la ciudadanía para lograr la transformación participativa de nuestra nación, o lo que quede de ella.
Desde hace buen tiempo, ha sido evidente que México necesita repensarse y refundarse. Nuestro sistema democrático ha fallado al no garantizar procesos electorales transparentes y adolece de mecanismos que favorezcan la verdadera participación ciudadana en la toma de decisiones que la afecta.
Como país carecemos de un proyecto de nación construido desde, por y para la ciudadanía, por lo que la perspectiva de desarrollo está sujeto al partido político en el poder y a un grupo minoritario de mexicanos. La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos se ha modificado más del 70% de su contenido original, no solamente para responder al proceso de evolución de la sociedad. Principalmente para satisfacer los deseos del gobernante en turno y la clase dominante enquistada en el poder político y económico.
Los tratados internacionales, particularmente el de Libre Comercio firmado con Canadá y Estados Unidos, han golpeado y sumido en la miseria a miles de mexicanos. La deuda externa es una carga cuyo origen, lejos de representar un mejoramiento en los niveles de vida del pueblo, más bien ha contribuido a su empobrecimiento, dependencia y sumisión.
La falta de justicia, la complicidad y la incapacidad en el cumplimiento de las leyes mexicanas y los actos de corrupción e impunidad en materia judicial, electoral, fiscal, de narcotráfico y otros más, son el referente común que han alejado a nuestra sociedad de los principios de libertad y justicia. El Estado mexicano ya no cumple sus funciones de protección a sus ciudadanos, ni garantiza su seguridad física y patrimonial. Ha claudicado en su intento por lograr el Estado de derecho y la aplicación de la legalidad en forma expedita, por lo que quedan inciertas las perspectivas ciudadanas en lo político, en lo económico, en lo social y en lo ambiental, es decir, en todo lo que como sociedad aspiramos, mostrando con ello que se alejó de su función rectora, ahora depositada en manos de intereses ajenos a los de la nación. Por su lado, los partidos políticos han sido rebasados por las demandas sociales y responden a intereses de grupos y han transmutado a una suerte de crimen organizado de “cuello blanco”. Ello evidencia que nuestro modelo político ya caducó.
Ante esta situación y otras más, se ha propuesto como respuesta ciudadana el Plan de Guayangareo, un exhorto que contribuya a la re-construcción de nuestra nación, utilizando como mejores argumentos la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la inclusión, la equidad, la justicia, el diálogo, la discusión, la afirmación positiva, la cooperación y la responsabilidad. Los diez puntos que lo definen son:
1. En un acto colectivo nacional, se deberá re-fundar el Proyecto de Nación de nuestro país, un ejercicio incluyente de absolutamente toda la sociedad mexicana, sin distingos de ideología y condición económica; que reconozca la diversidad y pluralidad de todos los sectores sociales, culturales y políticos existentes en su territorio; que defina el tipo de Estado que queremos, sus funciones y las formas de gobierno, así como las políticas y responsabilidades en materia hacendaria y fiscal, educativa, ambiental, cultural, electoral, de impartición de justicia, entre otros puntos centrales, siempre anteponiendo el interés y bienestar del pueblo mexicano;
2. Convocar a un Congreso Constituyente Ciudadano de carácter independiente, autónomo y libre de instituciones políticas partidistas y del poder instituido, cuya misión sea formular una nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos razonada y derivada del Proyecto de Nación;
3. Lograr aquellos mecanismos que permitan transitar de la democracia representativa a la democracia participativa, admitiendo un sistema de gestión de políticas públicas desde la sociedad, acorde a sus intereses y que fomente la formación ciudadana como acto de empoderamiento social que conduzca a la creación de actores políticos responsables con su realidad. Ello implicará iniciar la formación de cuadros ciudadanos que permitan la llegada al poder de la ciudadanía, alejada de partidos políticos, ajenos a compromisos indeseables y con responsabilidad social y cívica, y con una visión humanista;
4. Revisar todos los tratados internacionales firmados por México, particularmente en materia comercial, extradición, de aguas y ambientales. Replantearlos o finiquitarlos, anteponiendo el interés del pueblo de México y aquellos principios universales que como seres humanos compartimos.
5. A partir de un análisis fundamentado en valores cívicos y humanos, iniciar una renegociación de la deuda externa mexicana y, en caso de ser necesario y que corresponda al interés del pueblo mexicano, declarar su moratoria.
6. Aplicar retroactivamente la justicia mexicana, de tal suerte que permita juzgar a todos aquellos hombres y mujeres que, desde cualquier frente del poder público, presuntamente hayan contribuido a la corrupción e impunidad que ha llevado a la actual crisis nacional;
7. El sistema educativo mexicano debe ser analizado profundamente para lograr aquellos mecanismos pertinentes que faciliten su democratización y transformación, garantizando la participación de la sociedad y de los actores involucrados en sus contenidos, filosofía y en la construcción de sus políticas públicas;
8. Desde el punto de vista del desarrollo es urgente enfocarse en el mercado interno, enfatizando la auto-suficiencia regional y nacional; generar empleos y mejorar salarios; terminar con los monopolios y oligopolios; regular las actuales prácticas predadoras de los recursos naturales y generadoras de pobreza de empresas nacionales e internacionales. Estos y otros puntos más implican la puesta en marcha de un verdadero proyecto de desarrollo sustentable que considere los aspectos social, económicos y ecológicos de manera integrada.
9. Es impostergable la inclusión de la juventud mexicana en las discusiones nacionales, dado que son actores principales en la construcción del México de hoy y del futuro.
Finalmente, es importante mencionar que es un mandato del pueblo mexicano no rendirse. Los diferentes frentes de lucha social deberán hermanarse y solidarizarse en un sólo frente común y pacífico pero digno, para alejar los fantasmas de la injusticia, la pobreza, la impunidad, el fraude como política de Estado, la represión y la violación a los derechos humanos que tanto daño han ocasionado al país. Es la ciudadanía la que tiene la palabra.
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