Más allá de la impresionante flor morada y la semilla vistosa como castañuela, la jacaranda nos ofrece ahora el espectáculo de su follaje. Diferente a todos los otros árboles de la ciudad, tiene algo de ave, de yesca, de cienpies volador. Lo verde de la jacaranda tiene ahora, en esta ciudad bajo la lluvia, otro decidido esplendor.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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