Desde que la crisis sanitaria se ha agudizado en el país, cada tarde decenas de platos están listos en un restaurante de la capital estadounidense para ser recogidos por quienes perdieron su empleo o cuyo horario se ha visto reducido debido a la pandemia y no llegan a fin de mes.

Por Laura Barros

Washington, 31 mar (EFE).- Las puertas se han cerraron, pero no con ellas la hospitalidad. Chefs, dueños de restaurantes y trabajadores han salido rápidamente al rescate de sus compañeros ahora desempleados debido a la cuarentena por el coronavirus en Washington y otras ciudades de Estados Unidos.

Desde que la crisis sanitaria se ha agudizado en el país, cada tarde decenas de platos están listos en un restaurante de la capital estadounidense para ser recogidos por quienes perdieron su empleo o cuyo horario se ha visto reducido debido a la pandemia y no llegan a fin de mes.

Uno a uno, quienes antes eran los encargados de servir o preparar platillos para otros, presentan una identificación y un comprobante de haber trabajado recientemente en el sector de la hostelería y reciben una cena de las entre 200 y 300 que se preparan cada noche para llevar. También se ofrecen bolsas con artículos básicos.

El administrador del restaurante The Grill, Joe-Jo Jennings, ayuda a preparar cajas con comida para desempleados del sector de hoteles y restaurantes. Foto: EFE

UNA INICIATIVA DE UN CHEF, AL RESCATE DE SUS COMPAÑEROS

La idea, bautizada Restaurant Workers Relief Program y que opera en 14 ciudades del país, está respaldada por el chef Edward Lee mediante su fundación, Iniciativa Lee, con el apoyo de Jason Berry y Michael Reginbogi, fundadores de la cadena de restaurantes KNEAD Hospitality + Design.

Hasta ahora Javier, un cocinero colombiano de 28 años que vive desde hace tres años en Washington DC, no ha tenido que recurrir a este tipo de iniciativas para poder comer, ya que, pese a haber perdido uno de los dos trabajos que tenía en un hotel que ha cerrado sus puertas por la crisis, todavía mantiene un puesto temporal en un restaurante, en el que sí que recibe todos los beneficios.

LATINOS SALVADOS POR SUS AHORROS

Por el momento, él vive de sus ahorros, que calcula le pueden durar durante un mes y medio: “Muchos de nosotros los hispanos ahorramos; entonces, uno tiene cierto ahorro para cierto tiempo”, asegura Efe.

Al peligro inminente para su bolsillo que supone el cierre de los restaurantes se une el miedo a caer enfermo y que su seguro médico no cubra los gastos. Y es que para los inmigrantes, y en especial los indocumentados, el acceso a derechos o beneficios oficiales no siempre está al alcance de la mano.

Javier, que no estaba empleado directamente por el hotel sino por una compañía intermediaria, cuenta con el seguro sanitario del restaurante y ya no del hotel, donde tampoco le ofrecían ningún beneficio en caso de desempleo.

“A la hora en que cerraron el hotel, cerraron el hotel y ya. No hay trabajo, no hay seguro de desempleo y realmente la compañía no está obligada a darnos un sustento”, lamenta Javier.

MADRE CORAJE BOLIVIANA, EN SITUACIÓN VULNERABLE

En semejante situación de vulnerabilidad se halla Vivian Cortéz, una madre boliviana arquitecta de profesión que llegó en 2005 al país y que desde entonces ha estado vinculada al sector del cáterin.

Por el momento, se ha salvado “por la campana”, como ella misma comenta a Efe, después de que la empresa concesionaria de una cafetería para la que trabaja le informara hace menos de un mes que había sido contratada formalmente como asistente administrativa.

Pero ahora su preocupación es si seguirá recibiendo su cheque después de este mes. “Hasta el fin de mes se les va a cubrir, pero más adelante no lo sabemos”, le comunicó su mánager.

Como madre de dos chicas de 13 y 11 años y en pleno proceso de divorcio, se siente tranquila de contar con un seguro médico, al tiempo que lamenta que varios de sus compañeros no tengan esa protección y que solo visiten un consultorio en casos de emergencia.

“Mucha de la gente al final no recurre al médico, porque se sabe de las deudas, o sea, quedas endeudado”, se queja esta mujer, que, para aliviar el efecto de la crisis en la economía doméstica, ha decidido pagar lo mínimo en su tarjeta de crédito para tener la mayor cantidad de dinero disponible.

LOS INMIGRANTES COPAN EL SECTOR HOSTELERO EN WASHINGTON DC

Según cifras de The Independent Restaurant Coalition (IRC), que lidera la campaña “Save local restaurants!”, que buscan unir voces para hacerse oír en el Congreso, los restaurantes dan directa o indirectamente trabajo a 11 millones de personas, que representan un 4 por ciento del producto interior bruto del país y aportan mil millones de dólares a la economía estadounidense.

Una mirada en profundidad al sector revela que los puestos de lavaplatos, meseros o ayudantes de cocina son ocupados en su mayoría por inmigrantes.

“(En) los trabajos más pesados, que es lavaplatos, los que limpian las cocinas y los espacios durante la noche, muchas veces los equipos de preparación, los carniceros, todo lo que es el trabajo pesado, monótono y tedioso de una cocina o de un hotel, en general estamos viendo a mucho inmigrante”, detalla a Efe el chef mexicano Christian Irabién Gamboa.

Para el caso del Distrito de Columbia, donde está Washington DC, la mayor parte de inmigrantes que trabajan en hostelería son latinoamericanos.

Irabién Gamboa apoya otra iniciativa en Washington, “Friends and Family Meal”, creada a mediados de marzo por dos trabajadores del sector, Morgan Stana y Mike Alves, que entregan bolsas con alimentos frescos para cocinar en casa.

Las bolsas son empacadas por camareros, baristas y meseros reconvertidos a voluntarios comprometidos, mientras que los chefs implicados comparten recetas como complemento a este proyecto, asociado con granjas locales.

INMIGRANTES, DE MANOS ATADAS

Irabién Gamboa, quien llegó a Estados Unidosd a los 11 años junto a su madre desde su natal Chihuahua (México), detalla que la mano de obra inmigrante en las cocinas u hoteles cambia según la zona del país, ya que también se contratan asiáticos, africanos o europeos.

Este chef recuerda, sin embargo, que con la crisis de COVID-19 muchos de estos inmigrantes no pueden solicitar asistencia por falta de información o se abstienen de hacerlo por temor.

Bajo la actual Administración, los beneficiarios de ayudas públicas puede ser considerados “carga pública”, lo que podría afectar su aspiración de obtener una residencia permanente.

Otro es el panorama si su situación no es regular. “Si están aquí indocumentados y están viendo programas, ya sea del Gobierno o no del Gobierno, de gente que está tratando de ayudar, si no conocen o no tienen confianza, tienen miedo de que si aplican a un programa o algo, los van a identificar, los van a deportar o los van arrestar”, apunta Irabién Gamboa