Ciudad de México, 5 de abril (SinEmbargo).– Andrew Coyne, columnista de The Globe and Mail, dice hoy en un texto lapidario que “con su reputación mermada, su credibilidad destrozada e incluso su poderío militar debilitado, al menos en apariencia —pues si no puede doblegar a una potencia media no nuclear como Irán, ¿quién podrá?—, Estados Unidos saldrá de esta guerra como una potencia menor. Nadie confiará en él. Nadie colaborará con él. Y lo peor de todo es que, después de esto, menos aún le temerán”.
El columnista canadiense argumenta: “Esto, sumado a una creciente catástrofe fiscal, profundas divisiones políticas y sociales, y el declive de las instituciones mediadoras y estabilizadoras bajo el implacable ataque de Trump, culminando en las elecciones de este otoño, es seguro que Trump intentará robarlas, con el consiguiente probable colapso del orden público, si tiene éxito. La capacidad del dólar estadounidense para mantener su posición dominante en el sistema financiero mundial, bajo estas presiones, es ahora objeto de especulación. Así pues, el mundo para el que debemos prepararnos ahora —el mundo después de Trump, pero sobre todo después de la guerra con Irán— es uno en el que Estados Unidos no sólo no es un gran aliado, sino incluso un adversario (tras la humillación sufrida con Irán, ¿quién sabe cómo reaccionará?). Es un mundo en el que Estados Unidos ha dejado de tener mucha relevancia: un mundo post-estadounidense”.
Y cierra su texto con una sentencia: “No hace mucho, hablábamos de una alianza de potencias medianas como contrapeso al poder estadounidense. Dentro de poco, puede que la necesitemos como sustituto del poder estadounidense”.
Eso es a futuro. No deja de ser tremendo para Estados Unidos, pero hay problemas más importantes en el corto, cortísimo plazo.

Nicolás Kulish, reportero de The New York Times que cubre normalmente negocios, pero ahora está en zona de guerra, dice hoy que Irán ha lanzado en esta guerra 23 misiles de crucero, 498 misiles balísticos y dos mil 141 drones sólo contra los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Pero las relucientes torres de ciudades como Abu Dabi, Dubái y Sharjah permanecen prácticamente intactas, agrega, y las víctimas mortales han sido mínimas.
“Esto demuestra la eficacia de los modernos sistemas de defensa aérea militares, que rastrean y localizan misiles que viajan a velocidades superiores a la del sonido y los derriban con otro misil, salvando así muchas vidas, y protegiendo viviendas y propiedades”, agrega.
Sin embargo, “la cadena de suministro de estos interceptores lleva años sometida a una gran presión, debido a la guerra en Ucrania, los enfrentamientos anteriores con los rebeldes hutíes en el Mar Rojo y la guerra de 12 días con Irán el año pasado. Los expertos en defensa antimisiles están lanzando advertencias cada vez más alarmantes: si la guerra con Irán continúa, las reservas podrían disminuir peligrosamente, dejando a los aliados de todo el mundo vulnerables a los ataques”.
“La disminución del suministro de interceptores entre Estados Unidos y sus aliados se debe en parte a la tenaz capacidad de Irán para pasar a la ofensiva, lanzando drones y misiles contra Israel, bases estadounidenses y objetivos civiles en el Golfo”, añade el periodista.
Mal momento para que se acaben los misiles de defensa, porque tanto Estados Unidos está envalentonado con el rescate de un piloto como Irán, por haber derribado dos aviones.

Dos envalentonados
Erika Solomon escribe desde El Cairo: “El derribo por parte de Irán de un avión de combate estadounidense, y la posterior y dramática misión de Estados Unidos para rescatar a un aviador atrapado proporcionan a ambos países motivos para proclamar una victoria, pero este episodio podría acabar impulsándolos hacia una mayor escalada. Los medios estatales iraníes publicaron el domingo fotografías de un avión estadounidense calcinado y declararon que el derribo de tres aviones estadounidenses en tres días fue un triunfo de la “gracia divina”.
Al compartir la imagen, el Presidente del Parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, de línea dura, afirmó: “Si Estados Unidos consigue tres victorias más como esta, quedará completamente arruinado”.
Y desde la perspectiva estadounidense, el Presidente Trump también salió envalentonado, alardeando el domingo de cómo las fuerzas estadounidenses lograron llevar a cabo una arriesgada operación terrestre y lanzando una amenaza con palabras crudas de que comenzaría a atacar objetivos de infraestructura. “El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!”, escribió. Llamó a los líderes iraníes “locos bastardos” y los amenazó con que van a “vivir un infierno”.
If the United States gets three more victories like this, it will be utterly ruined. 👏 pic.twitter.com/jutDghVrjz
— محمدباقر قالیباف | MB Ghalibaf (@mb_ghalibaf) April 5, 2026
The Daily Beast, un medio abiertamente opositor a Trump, dice que el Presidente de Estados Unidos comenzó el día más sagrado del calendario cristiano con una diatriba llena de blasfemias en Truth Social en la que alabó a Alá. Se supone que es cristiano, pero dio inicio al Domingo de Pascua con un mensaje amenazante a Irán a las 8:03 de la mañana.
Benjamin Wallace-Wells escribió este viernes en The New Yorker: “Puede que Trump y [el Secretario de Guerra Pete] Hegseth desearan vivir en un mundo donde quien lanzara más bombas consiguiera lo que quisiera. Pero la guerra de Irán ha demostrado que esto no es cierto. Las antiguas instituciones liberales pueden estar tambaleándose, pero eso no significa que sólo quede la ley de la selva. El hecho de que el Presidente esté señalando ahora una retirada caótica no tiene nada que ver con una letalidad insuficiente, sino con la política, en particular, la alarma en los mercados petroleros mundiales y la amplia oposición del público estadounidense a la guerra”.
“Una tragedia de la guerra de Trump es que, en enero, el régimen iraní estaba bajo una presión extrema por las protestas, que sofocó asesinando a miles de personas. Una ofensiva coordinada adecuada podría haberlo derrocado. En cambio, la Casa Blanca ofreció justificaciones contradictorias para su guerra y escaso acercamiento a la resistencia iraní. Trató la operación militar como algo de lo que presumir ante su base política, una forma de demostrar hasta qué punto estaba dispuesto a actuar sin restricciones”, agrega el periodista.

Concluye: “El día anterior al discurso del Presidente, Hegseth ofreció una rueda de prensa en la que relató una reciente visita a bases militares de la región. ‘Era el guerrero estadounidense desatado’, dijo. Parecía ver el viaje como una parábola. ‘Al atardecer, cuando el frío se apoderaba de la pista’, se encontró con una aviadora y le preguntó qué necesitaban las tropas: ‘Ella simplemente me miró con una sonrisa pícara y dijo: Más bombas, señor. Y bombas más grandes’. Puede que eso fuera lo que la aviadora pidió. Pero lo que Trump y Hegseth realmente le debían a ella, a la nación que lideran y a los iraníes cuyo país bombardearon era un plan: una solución real al desastre que habían creado”.



