Ciudad de México, 14 de abril (SinEmbargo).- Ante la posibilidad de que el Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo explore la explotación de gas no convencional para reducir la dependencia energética de México con Estados Unidos, el debate sobre el fracking tradicional, ha vuelto al centro de la discusión pública, entre promesas de autosuficiencia y alertas por sus impactos ambientales, sociales y económicos.
La semana pasada, la Presidenta Sheinbaum planteó la posibilidad de que se implementen acciones para la explotación de gas no convencional; sin embargo, rechazó que esto se vaya a realizar mediante las técnicas del fracking tradicional. En su lugar, apostará al uso de nuevas tecnologías menos dañinas para el ambiente.
La técnica del fracking tradicional, ampliamente utilizada en países como Estados Unidos, es vista por algunos sectores como una vía para incrementar la producción de gas natural y disminuir las importaciones. Sin embargo, especialistas y organizaciones advierten que sus costos y riesgos podrían superar sus beneficios, particularmente en un país con estrés hídrico y alta vulnerabilidad ambiental como México.
¿Qué es el fracking tradicional?
La fracturación hidráulica es un método diseñado para extraer hidrocarburos atrapados en formaciones de roca de baja permeabilidad, como las lutitas. El proceso inicia con la perforación de un pozo vertical que, al llegar al yacimiento, se extiende horizontalmente por varios kilómetros.
A través de estos ductos se inyecta a alta presión una mezcla de agua, arena y químicos para fracturar la roca y liberar el gas o petróleo. Sin embargo, la producción de cada pozo disminuye rápidamente, lo que obliga a perforar constantemente nuevos pozos, expandiendo la huella territorial de esta actividad.
Riesgos socioambientales
El fracking tradicional está asociado a una serie de impactos que han generado preocupación a nivel internacional, la Alianza Mexicana contra el fracking enumera en seis los principales riesgos de esta práctica:
1. Alto consumo de agua
Cada pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. De replicarse en México el ritmo de explotación de Estados Unidos, con miles de pozos al año, el volumen utilizado podría competir directamente con el consumo humano. Esto es particularmente crítico en estados del norte como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde ya existe escasez.
2. Contaminación de acuíferos
Se han documentado más de mil casos de contaminación de fuentes de agua en Estados Unidos vinculados al fracking. Los fluidos utilizados contienen cientos de químicos, incluidos compuestos tóxicos como benceno o metanol. Además, el agua residual puede arrastrar metales pesados y materiales radiactivos del subsuelo, sin que exista un tratamiento completamente eficaz.
3. Impactos en la salud
Diversos estudios señalan que una proporción significativa de los químicos empleados puede causar cáncer, alterar el sistema endocrino o afectar el sistema nervioso. Las comunidades cercanas a zonas de explotación presentan mayores riesgos de enfermedades asociadas a la contaminación del aire y del agua.
4. Emisiones y cambio climático
Aunque el gas natural emite menos dióxido de carbono al quemarse que otros combustibles fósiles, su extracción mediante fracking libera metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente en el corto plazo. Las fugas durante el proceso pueden hacer que su impacto climático supere incluso al del carbón en ciertos horizontes temporales.
5. Sismos inducidos
La inyección de aguas residuales en el subsuelo, una práctica común para deshacerse de los desechos, ha sido vinculada a un aumento de sismos en regiones de Estados Unidos sin historial sísmico. Estos eventos, conocidos como sismos antropogénicos, han alcanzado magnitudes considerables.
6. Afectaciones económicas y sociales
El desarrollo de esta industria puede desplazar actividades como la agricultura o el turismo, además de deteriorar infraestructura por el tránsito constante de maquinaria pesada. También impacta la calidad de vida de las comunidades cercanas.

¿Una solución energética viable?
A pesar de su potencial para aumentar la producción de gas, el fracking tradicional enfrenta cuestionamientos sobre su viabilidad económica. La industria reconoce que una gran proporción de los pozos no resulta rentable debido a la rápida caída en la producción, la baja recuperación de hidrocarburos y los altos costos de operación.
En México, cada pozo podría costar entre 20 y 25 millones de dólares, con un rendimiento energético significativamente menor al de los métodos convencionales. Esto implica inversiones constantes para sostener la producción, lo que, según críticos, favorece más a esquemas financieros que a una estrategia energética sostenible.
Mientras algunos sectores consideran que el gas podría funcionar como combustible de transición, otros advierten que apostar por esta técnica implicaría desviar recursos clave y profundizar problemas estructurales como la escasez de agua y el cambio climático.



