Pekín, o Beijing, es la capital, no sólo de China sino de todas las ciudades donde la destrucción urbana es regla y nada la detiene. Ahí, los monstruos de maoísmo salvaje y del capitalismo voraz se han casado. La barbarie utópica de la "revolución cultural" maoísta aunada a la especulación inmobiliaria voraz son devastadoras. Y sin embargo, algunos espacios, muy pocos se han salvado, todavía. Uno de ellos, vinculado a la nueva liberación de cultos antiguos, es un conjunto de templos en las montañas, a unos kilómetros de Pekín. Ahí está el más antiguo árbol de Ginko, que es sagrado, y muchas obras de arte de culto que merecen sin duda la visita. Pero lo que me hipnotizó en medio de todo aquello fue un bosque de bambú cantando en la voz del viento. Con una rudimentaria camarita comprada allá, la grabé justo cuando el silencio fue roto por otros visitantes. Escribí este poema con el video para volver acto de palabras e imágenes la revelación poética de ese instante. Y así, ahora, poder compartirlo.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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