En el vértice del deseo, la ausencia de la amada es un silencio que habla, canta, dice, grita. El escándalo sensorial de la ausencia amada se multiplica en la noche. Y de las manos amantes surge la presencia de la persona deseada. Hasta que llega el día y aquieta a los fantasmas.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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