
Si ahora mismo se me concediera un deseo, me iría a las montañas. Si tuviera dos pediría internarme adentro de las flores.
Convertirme en polen.
En miel.
En abeja.
En colmena.
Pediría viajar al momento donde se creó la vida. Si tuviera dos pediría convertirme en luz.
Querría, sobre todo, viajar en el tiempo. Iría al instante donde nació del ego. Si tuviera dos pediría saber si se escondía en una manzana o en un hombre.
Convertirme en cualquier cosa.
En cucaracha.
En víbora.
En peste.
Nunca en manzana.
Nunca en hombre.
Pediría tener alas. Si tuviera dos pediría ser un colibrí. Tener el corazón más grande del mundo.
Más de un millar de latidos en apenas bien poquito.
Volar hacia atrás.
Ser iridiscente.
Pediría crecer en un derrumbe de tierra húmeda. Si tuviera dos pediría convertirme en bienvenida.
Pero no.
Solo tengo, tal como Galeano, una mujer atravesada entre los párpados; si pudiera, le diría que se vaya, pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
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