María Rivera

Fracaso

22/01/2026 - 12:00 am

"¿Qué hará el narcisista para curarse de su derrota al intentar apropiarse de Groenlandia, y ante las críticas de los estadounidenses rumbo a las elecciones?"

Trump en Davos
El Presidente Donald J. Trump durante su mensaje en Davos, Suiza. Foto: X @WhiteHouse

No, querido lector, Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos no se salieron con la suya (al menos esta vez). La política del garrote arancelario esta vez no funcionó con los europeos que decidieron defenderse de Estados Unidos con medidas económicas y, también, con amagos militares. Ni la caricatura que publicó antier la Casa Blanca en la mañana donde se mostraba clavando su bandera en Groenlandia le sirvió. El Presidente Trump ha hecho uno de los peores ridículos de la historia de Estados Unidos, tanto en el Foro Económico de Davos, como en su propio país, al tratar de apoderarse de la isla. Sus amenazas continuas y escandalosas, que adquirieron verosimilitud tras la invasión de Venezuela, parecían llevar a un callejón sin salida el conflicto, pero al final y sorprendentemente, partió de Suiza con las manos vacías y dejando en el mundo una impresión imborrable de su bizarro estado mental. 

Porque sí, mucha gente en el mundo pudo presenciar un discurso incoherente, mendaz, larguísimo y repleto de insultos, amenazas y ataques a naciones y presidentes ¡allí presentes! Confundió el nombre de Groenlandia varias veces con el de Islandia sin siquiera darse cuenta y la llamó pedazo de hielo…se dedicó también a realizar ataques internos contra gobernadores de su país, los molinos de viento, los chinos, el Presidente de Francia, entre otros. 

Anunció, también, que no habría guerra, ni militar, ni comercial para apoderarse de Groenlandia, porque había llegado a un acuerdo con la OTAN o sea, una derrota de sus intenciones de robarse a la isla. Ante ella, anunció que había “ganado” invocando un acuerdo, no revelado, que no implica la propiedad de Groenlandia que es lo que gritó a los cuatros vientos que quería (con sus minerales, claro está).

Un día antes, hizo pública una carta, también llena de mentiras, que dirigió al Primer Ministro de Noruega donde se queja de que su gobierno no le entregó el Premio Nobel de la Paz, (sabiendo que no es el gobierno de Noruega quien lo entrega sino el Comité del Nobel), y que por eso ya no se sentía obligado a pensar en la paz, sino en los intereses de su país, entre otras cosas absolutamente delirantes. Y es que Trump aún no sale del descomunal berrinche que le produjo no haberlo ganado. Por supuesto, sin tener ningún mérito para ello tras bombardear varios países, asesinar personas en lanchas y ser un cómplice activo del genocidio de los palestinos en Gaza. Trump delira en serio. En otra entrevista dijo que un encuestador le había dicho que si George Washington y Abraham Lincoln estuvieran vivos y compitieran contra él en las elecciones, ellos perderían… como lo lee. Su delirio es completamente verdadero y por ello, escalofriante. Pero no hay loco que coma lumbre, como decimos en México, y al menos en el affaire Groenlandia se vio obligado a retirarse, derrotado. 

Antes, en Davos, el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, dio uno de los discursos más relevantes del Foro, en el que abiertamente se deslinda del nuevo orden que Estados Unidos pretende imponer en el mundo, un discurso abiertamente crítico de aquellos países que se pliegan a sus intenciones imperialistas violatorias de la ley internacional, que ha causado un enorme revuelo y que el Gobierno de México debería escuchar con mucha atención. 

Ante los acontecimientos recientes cabe preguntarse ¿está loco, Donald Trump? Hay millones de personas en el mundo haciéndose la misma pregunta por su comportamiento errático, impulsivo y carente de control ¿es un declive de la edad o es una locura ajena a la decadencia neuronal? Es imposible saberlo, pero uno puede avizorar la gravedad en que se encuentra Estados Unidos y el mundo con un personaje megalómano y narcisista a grados que rayan en el delirio y que, por desgracia, dispone de un enorme ejército y armas para asesinar, impunemente, miles de personas en el mundo. Esté loco o no, es una enorme amenaza, tanto para el pueblo de su país como para los demás. Basta con ver lo que ha estado haciendo contra los migrantes y los propios ciudadanos estadounidenses en estados que no son republicanos, sino demócratas, o donde perdió la votación contra la Presidencia. Ha convertido la patrulla fronteriza en un cuerpo paramilitar, dirigido por un policía que se disfraza y actúa como nazi y cuenta con centros de detención que se parecen ya a campos de concentración para los “delincuentes” que detienen. No es broma, querido lector. Parece que la locura de Trump, como la locura de Hitler, está instalada ya en su gabinete que comparte los mismos apetitos imperialistas, fascistas y racistas del ocupante de la Casa Blanca, lo cual es, a todas luces, un problema muy serio.

¿Qué hará ahora el narcisista para curarse de su derrota al intentar apropiarse de Groenlandia, y ante las críticas de los estadounidenses cuando se acercan las elecciones en Estados Unidos?

Hay que preocuparse, querido lector. México representa un blanco fácil para él, a diferencia de los europeos, y necesitará, aún más, una medida propagandística que restaure la imagen que destrozó su campaña fallida por Groenlandia. Ha dado todos los pasos ya para llevar a cabo un ataque militar “para perseguir a los narcotraficantes por tierra”, como ha amenazado más de una vez esta semana. A diferencia del desenlace europeo, México no le ha demostrado, como Canadá, que atacarlo tendría un costo alto. La política de apaciguamiento de la Presidenta Claudia Sheinbaum luce totalmente insuficiente si uno realmente entiende la naturaleza de la amenaza que nos acecha, ahora que Trump ha sido derrotado o precisamente por ello.

María Rivera

María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la liberta... Ver más

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