Ciudad de México, 8 de marzo (SinEmbargo).– La historia de los derechos de las mujeres en México es un proceso largo, atravesado por distintas etapas históricas, movimientos sociales y formas de organización que han permitido conquistar derechos y abrir nuevos debates. En su libro Mujeres que se organizan (Fondo de Cultura Económica), la investigadora Esperanza Tuñón Pablos propone un recorrido por ese proceso desde inicios del siglo XX hasta finales del mismo siglo, recuperando tanto las luchas como las formas organizativas que han marcado al movimiento.
“Hemos logrado muchísimo, y eso también hay que decirlo. Desde el siglo pasado —desde el Porfiriato, que es el periodo que abarca el libro—, e incluso antes, ha habido muchas mujeres pioneras que han dado la lucha y han reflexionado, pensado y construido teoría y organización para que hoy estemos donde estamos. Por supuesto, todavía faltan muchas cosas. Falta profundizar algunas demandas y siempre habrá nuevas, porque la subordinación de las mujeres ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad. Pero hemos avanzado muchísimo. Yo empezaría diciendo que no es casualidad que hoy tengamos a una mujer Presidenta: eso es el resultado y el triunfo de muchísimos años de lucha, con todo lo que ello implica”, comentó.
En entrevista, Tuñón Pablos planteó primero el tamaño de la deuda que movimientos como el obrero, el sindical o la propia izquierda mantienen con las mujeres. A lo largo de la historia, indice, muchas de estas organizaciones reprodujeron desigualdades incluso mientras luchaban por otros derechos sociales.
Para Esperanza Tuñón Pablos se trata de una cuestión central que sigue vigente. “No podemos negar que todavía persisten muchos problemas, y estos tienen que ver justamente con una situación estructural: el patriarcado. Lo he dicho muchas veces: se trata de un sistema sociocultural muy poderoso que se empalma con los sistemas socioeconómicos. A lo largo de la historia hemos pasado del esclavismo al feudalismo, luego al capitalismo e incluso al socialismo, en los países donde se intentó, pero el patriarcado ha permanecido en todos esos sistemas. Es una estructura sociocultural que permea y atraviesa todas esas formas de organización social.”
El patriarcado también opera en la vida cotidiana, en las familias y en el ámbito privado. Esta persistencia explica por qué la lucha por la igualdad no se limita a las leyes o a la política institucional.
Uno de los objetivos del libro es precisamente recuperar esa historia que durante mucho tiempo quedó fuera de los relatos oficiales. “A mí lo que más me importaba es transmitir la historia: que la lucha ha sido larga, no ha sido sencilla. Hemos tenido muchos éxitos, pero todavía falta”.
La autora insiste en que no sólo se trata de rescatar nombres, sino también las formas de organización que permitieron avanzar. En ese sentido, destaca especialmente la experiencia del Frente Único Pro Derechos de la Mujer, surgido durante el cardenismo en la década de 1930.
“En los años treinta se dio una forma de organización del movimiento de las mujeres que yo creo que sigue siendo vigente. El Frente Único permitía mantener las diferencias internas y, al mismo tiempo, crecer como movimiento”.
Dentro de esa organización coexistían mujeres de distintas corrientes políticas, religiosas e ideológicas. “Había mujeres de derecha, mujeres del PNR, periodistas, maestras, artistas, mujeres ligadas a la iglesia. Había discusiones durísimas al interior, pero finalmente se llegaba a acuerdos sobre qué pelear en el ámbito público”.
Para Tuñón Pablos, esa capacidad de sostener la diversidad sin romper el movimiento es una lección útil para el presente.




