Ciudad de México, 13 de junio (SinEmbargo).- Asistir a un partido de la Copa del Mundo en México se convirtió en un lujo prácticamente inalcanzable para la mayoría de la población. A diferencia de los Mundiales de 1970 y 1986, en donde salieron a la venta boletos accesibles para todos los sectores de la población, el mundial de 2026, en el cual nuestro país será por tercera ocasión anfitrión, será recordado por sus precios exorbitantes que reflejan la transformación del futbol en un negocio dirigido a élites económicas y turismo corporativo.
La evolución de los precios de los boletos para los Mundiales celebrados en México muestra precisamente cómo el torneo pasó de ser un espectáculo relativamente accesible a una experiencia reservada para sectores con alto poder adquisitivo.
En 1970, las entradas costaban entre 30 y 80 pesos de la época, equivalentes actualmente a entre 700 y 2 mil pesos. Incluso en 1986, cuando la inflación ya había elevado los costos, los boletos más económicos seguían ubicándose en rangos que hoy equivaldrían a algunos cientos o poco más de 3 mil pesos. En contraste, para la Copa del Mundo de 2026 los boletos más baratos anunciados para el partido inaugural entre México y Sudáfrica rondan los 6 mil 397 pesos, mientras que las categorías superiores alcanzan hasta 35 mil pesos.
En México el salario mínimo ronda los 315.04 pesos diarios y en la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN) en 440.87 diarios. En términos mensuales, el salario mínimo general ronda los 9 mil 450 pesos, mientras que en la frontera norte supera los 13 mil 200 pesos, dependiendo de los días laborados, dichas cantidades resultan insuficientes para que una persona pueda adquirir un boleto de esta Copa del mundo.
El contraste de los precios de las entradas para este mundial, resulta contundente si se compara con las dos ediciones anteriores celebradas en nuestro país.

En 1970, el salario mínimo mensual en el entonces Distrito Federal rondaba los 960 pesos. Los boletos costaban entre 30 y 80 pesos, por lo que representaban entre 3.1 y 8.3 por ciento del ingreso mensual de un trabajador. Dicho de otra forma, con un salario mínimo mensual era posible comprar entre 12 y 32 boletos para asistir a los partidos del Mundial.
Para 1986, debido a la inflación, el salario mínimo en México se ajustó en varias ocasiones a lo largo del año. En la Zona Económica A (la más alta, que incluía al entonces Distrito Federal y otros municipios del país), los salarios diarios fueron los siguientes:
• Del 1 de enero al 31 de mayo: mil 965 viejos pesos diarios, lo que se traduciría a 58.95 pesos actuales al mes.
• Del 1 de junio al 21 de octubre: 2 mil 600 pesos diarios, equivalentes a 78 pesos mensuales.
• Del 22 de octubre al 31 de diciembre: 3 mil120 pesos diarios 93.60 pesos al mes.

En la segunda Copa del Mundo celebrada en México comenzaron a popularizarse los paquetes o abonos para múltiples partidos. Los accesos más económicos podían equivaler a unos 23 dólares por encuentro y, llevados al valor actual, rondarían desde algunos cientos hasta poco más de 3 mil pesos dependiendo de la zona y el tipo de acceso.
Con salarios mínimos mensuales que oscilaban entre 58 mil 950 y 93 mil 600 pesos viejos, un trabajador podía comprar aproximadamente entre cuatro y seis boletos con el ingreso de un mes, una capacidad de compra menor a la de 1970, pero todavía dentro del alcance de buena parte de la población.
La diferencia con 2026 es abismal. Hoy, un solo boleto premium para el juego inaugural puede costar más que varios meses de salario de un trabajador mexicano promedio. Incluso las categorías “bajas” superan ampliamente lo que muchas familias destinan a alimentación o vivienda.
México será sede de 13 partidos del Mundial de 2026, los cuales estarán distribuidos en tres sedes: el Estadio Banorte de Ciudad de México, el Estadio Akron de Guadalajara y el Estadio BBVA de Monterrey. Sin embargo, los costos anunciados por la FIFA para algunos encuentros provocaron críticas debido a que superan por mucho el ingreso mensual de millones de mexicanos.
Para el partido inaugural entre México y Sudáfrica, programado para el 11 de junio en la capital del país, los boletos hospitality alcanzan hasta mil 825 dólares en categoría premium, es decir, alrededor de 35 mil pesos mexicanos al tipo de cambio actual. Incluso las opciones “más económicas” dentro de estos paquetes rondan los 370 dólares, equivalentes a más de 7 mil pesos.
Otras categorías oficiales para ese encuentro registran precios de:
Categoría 2: mil 290 dólares (22 mil 306 pesos)
Categoría 3: 745 dólares (12 mil 882 pesos)
Categoría 4: 370 dólares (6 mil 397 pesos)
En Guadalajara y Monterrey la situación no cambia. Los paquetes hospitality mas baratos tenían un precio de entre los mil 700 y mil 800 dólares (alrededor de 31 mil 251 pesos) mientras algunas experiencias VIP superan los 3 mil 500 dólares (60 mil 767 pesos) por persona. Además, ciertos paquetes para seguir a la Selección Mexicana durante la fase de grupos también rebasan esa cifra.
La FIFA justificó estos costos argumentando que incluyen zonas exclusivas, alimentos, bebidas, accesos preferenciales y asientos premium. Pero para gran parte de la población mexicana, donde millones de trabajadores perciben apenas el salario mínimo acudir siquiera a un partido representa un gasto imposible de asumir.
El nuevo modelo comercial impulsado por Gianni Infantino convirtió al Mundial en una experiencia enfocada en paquetes corporativos, turismo internacional y zonas VIP. Lo que durante décadas fue considerado una celebración popular del futbol ahora parece reservado para quienes pueden pagar miles de dólares por unas horas dentro del estadio.
La Copa del Mundo de 2026 será histórica por ser la primera en celebrarse en tres países y por el número de selecciones participantes, pero también podría quedar marcada como el Mundial donde millones de aficionados mexicanos quedaron excluidos del espectáculo organizado en su propio país.
FIFA dispara aún más los precios rumbo a la final
Lejos de moderar los costos tras las críticas de los aficionados, la FIFA ha profundizado su política de precios para el Mundial de 2026. En el más reciente periodo de venta, el organismo elevó el precio máximo de los boletos para la final hasta los 10 mil 990 dólares, equivalentes a cerca de 196 mil pesos mexicanos, una cifra sin precedentes en la historia de la venta oficial de entradas para un partido de futbol.
El incremento resulta todavía más llamativo porque supera por más de diez veces los mil 550 dólares que el comité organizador había planteado originalmente como precio máximo durante la candidatura del torneo. Además, representa un salto considerable respecto a los 6 mil 730 dólares que la propia FIFA anunció el año pasado para las entradas más exclusivas de la final.
La escalada de precios ha sido constante. Cuando se abrió la primera fase de venta en diciembre, el boleto más caro para el partido por el título ya costaba 8 mil 680 dólares, alrededor de 150 mil 703 pesos. Ahora, en la denominada “venta de última hora”, esa cifra aumentó hasta los 10 mil 990 dólares, provocando nuevas críticas entre aficionados que recuerdan que el asiento más costoso para la final de Qatar 2022 tuvo un precio de mil 604 dólares.
La FIFA ha justificado estas variaciones mediante un esquema de tarifas dinámicas, un mecanismo similar al utilizado por aerolíneas o plataformas de entretenimiento, donde el precio aumenta conforme crece la demanda. Sin embargo, para los seguidores del futbol esta estrategia ha convertido al Mundial en un producto cada vez más inaccesible.

Los incrementos no se limitaron a la final. Los boletos de categoría 2 para el partido decisivo del 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey pasaron de 5 mil 575 a 7 mil 380 dólares, mientras que los de categoría 3 subieron de 4 mil 185 a 5 mil 785 dólares.
México tampoco escapó a esta tendencia. Las entradas para el partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca —ahora denominado Estadio Banorte— alcanzaron los 2 mil 985 dólares, alrededor de 50 mil pesos mexicanos, un aumento considerable frente a los 2 mil 355 dólares que costaban inicialmente.
La falta de transparencia en el proceso de venta también generó inconformidad. Durante esta última ventana de adquisición, la FIFA no informó con claridad qué partidos ni qué categorías estaban disponibles, obligando a los aficionados a ingresar repetidamente a una plataforma que, según reportes, podía requerir horas de espera para acceder.
El resultado es un Mundial cuyos precios parecen alejarse cada vez más de los aficionados tradicionales. Mientras los costos continúan escalando a niveles históricos, para millones de personas la posibilidad de asistir a un partido de la Copa del Mundo pasó de ser un sueño alcanzable a un lujo reservado para una minoría.



