“¿Seremos capaces de crear juntas y juntos una epopeya de paz?” Foto: AP

Un viejo poeta deambula por los pasillos de la biblioteca. Se llama Homero, se llama Cervantes, se llama Ajmátova, se llama Vallejo, se llama Juana Inés. Un viejo poeta que está solo y perdido en la ciudad herida. Se ha vuelto un “organillero que pasa inadvertido”. Pareciera no haber más lugar para la poesía, ni para el canto, ni para los lazos que tejen las palabras.

“El mundo se pierde en la penumbra –cuenta- pero yo narro como al inicio (…) Mis protagonistas ya no son los guerreros y reyes sino las cosas de la paz (…). Pero nadie ha logrado aún entonar una epopeya de la paz. ¿Qué tiene la paz como para no entusiasmar a la larga y que casi no se pueda narrar sobre ella?”

Regreso seguido a esta escena del film Las alas del deseo. ¿De verdad no entusiasma la paz?

Escena de Las alas del deseo. Foto: Especial

Hay hoy en América Latina fuertes movilizaciones sociales que vuelven a poner en escena estas reflexiones del poeta imaginado por Wim Wenders. Pienso entonces en las y los jóvenes chilenos que avanzan por las calles de las ciudades del sur cantando y bailando mientras los carabineros les tiran agua con los hidrantes (los famosos “guanacos”), gases lacrimógenos o directamente les disparan a la cara (¿cuántas chicas y chicos han sufrido daño en los ojos debido a los perdigones de goma de las “fuerzas del orden”?). Pienso en el ritmo y la fuerza de las marchas colombianas; una sociedad harta de décadas y décadas de violencia. En las sonrisas de las jovencísimas mujeres de la llamada “marea verde” que están cubriendo nuestro continente feminicida al grito de “ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer”. Pienso en la convicción con que los más jóvenes luchan por la defensa de la naturaleza y contra el cambio climático. ¿Quién iba a imaginar hace unos años estas inmensas movilizaciones pacíficas (son muy pocos los casos de infiltrados que deslegitiman los reclamos y vandalizan las marchas)? ¿Quién iba a imaginar el compromiso de quienes no tienen más de quince o dieciséis años? Pienso en la resistencia del rock indígena, en las raperas feministas, en el voguing bailado desde la diversidad y la interseccionalidad, en los “escraches” a los represores. La lucha es festiva y multicolor.

“No más violencia de género”. Foto: Especial

Una nueva generación está haciendo su entrada al activismo desde un lugar que recuerda más las propuestas ético-políticas de la noviolencia que las de la militancia y la guerrilla de los años setenta. Nietos de aquellos “sesentayocheros” que clamaban por la imaginación al poder, pero tal vez más libres, más seguros de sí mismos, más lúdicos. Tal vez, digo. Y quiero creerlo. Me conmueve verlos en las calles rebatiendo a todos los que sentenciaban: “Los jóvenes son egocéntricos”, “No les importa nada más que contar su vida en las redes sociales”, “Son frívolos”, “No leen”, “No escuchan”… Y sin embargo hoy están en las calles, peleando por lo que creen justo: la educación, el trabajo, los derechos humanos, el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, y todo aquello que las “buenas conciencias” neoliberales les han cancelado. Desde las marchas por Ayotzinapa a las manifestaciones de los mapuches en el sur del continente, el protagonismo juvenil -como sucedió en el sesenta y ocho- vuelve a darnos lecciones de pensamiento abierto y creativo.

En ese año -1968- moría uno de los intelectuales más importantes en la creación del movimiento por la noviolencia: Aldo Capitini, conocido como el “Gandhi italiano”. Para ambos, Gandhi y Capitini, la continuidad entre vida interior y vida social, implicaba continuidad entre fe y política. Escribió el pensador nacido en Perugia:

“La eticidad más absoluta gana al encenderse un aliento religioso; la ley moral, no perdiendo nada de su control, debe suscitar amor y tomar un impulso límpido; debemos ser música y no estatua. Esto parece un sueño, algo poético, creo en cambio que es prueba de realismo. Hay fuerzas potentes a las cuales enfrentar, y sólo una oposición apasionada puede vencerlas: una oposición que madura como una obra maestra de poesía (2).

La noviolencia, como la poesía, es un proyecto que no puede no volverse colectivo. “Mi nacimiento ocurre cuando digo tú”: este primer verso del “Coloquio coral” de Capitini implica salir de uno mismo para ir en busca del otro, de la otra (“Los otros que me dan plena existencia”, escribió Octavio Paz). El movimiento fundacional de la ética expresado en clave poética: la conciencia de la alteridad y de mi compromiso con ese otro, que recuerda a pensadores con una profunda eticidad, como Emmanuel Levinas y su apelación a la responsabilidad de cada uno de nosotros, de nosotras, hacia el “rostro” del otro.

Mi conciencia, mi espíritu nacen cuando digo tú, cuando me encuentro contigo, mi semejante. Un otro tan mortal, tan imperfecto y tan necesitado de cuidados como yo. “Andando hacia un tú he pensado los universos”. Del yo al tú; del tú al nosotros, los universos posibles.

Aldo Capitini nació en 1899 en el seno de una familia modesta; fue un lector apasionado de textos literarios y filosóficos, y un defensor de la importancia de la educación en la transformación de la sociedad. Católico convencido tuvo, sin embargo, una ríspida relación con la iglesia. Incluso llegó a decir: “le debemos al fascismo el habernos aclarado para siempre que una cosa es la religión y otra diferente la institución eclesiástica”.

Creó el Centro di Orientamento Sociale (COS) que jugó un papel muy importante en la Italia de la posguerra. En 1961 organizó la Marcha por la Paz y la Fraternidad de los Pueblos, un evento clave en el movimiento europeo por la noviolencia en el cual apareció por primera vez la bandera de la paz:

“Paz”. Foto: Especial

Capitini es realmente un pensador de frontera en el mejor sentido: sus obras tejen encuentros entre la filosofía, la poesía, la teología, la pedagogía, la política, los derechos humanos.

En la misma época que el perugino, otro italiano se acercó a la obra de Gandhi y propuso una transformación radical en la forma de hacer política. Me refiero a Giuseppe Lanza del Vasto, quien trabajó toda su vida, desde la noviolencia, en el diálogo interreligioso y el activismo ecológico. Fue el fundador de la Comunidad del Arca, un espacio de reflexión y de trabajo comunitario, de resistencia “a la idolatría del provecho”, y de respeto a todas las religiones. Lanza del Vasto fue discípulo de Gandhi y maestro de Javier Sicilia: la poesía nuevamente como fundamento del activismo y defensa de la sacralidad de la vida.

Imposible no vincular a estas luchas el ejemplo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de la Caravana de Madres de Desaparecidos Centroamericanos, de los diversos colectivos de víctimas de México, de los huicholes y la defensa de Wirikuta, de las Patronas, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, del Movimento Sem Terra, de las Mujeres de Abya Yala…

De allí vienen nuestras chicas y nuestros chicos: de la noviolencia como bandera, de la ética que nace del reconocimiento del otro, del clamor de justicia, de la lucha creativa y solidaria, de la diversidad como base de toda identidad, de las ganas de transformar el mundo y de bailar para celebrarlo, de las manos unidas, de los pañuelos blancos que se volvieron verdes, de los nietos recuperados, de los huesos amados que por fin encuentran paz, de las heridas de nuestra tierra, de las voces de los que ya no están, de los silencios de quienes aún no se han ido.

De ahí vienen. De ahí su fuerza y su luminosidad.
Sí, soy optimista. Quizás absurdamente optimista.
Los miro. Los escucho. Los respeto.
Es tanto lo que tienen para enseñarnos. Pienso. Creo. Confío.
¿Seremos capaces de madurar “como una obra maestra de poesía”?
¿Seremos capaces de crear juntas y juntos una epopeya de paz?

(1) Le agradezco profundamente a la Dra. Giovanna Scocozza la invitación a participar en el I Congreso Internacional “Dialoghi di Pace. Dalla Nonviolenza alla Sostenibilità”, Università per Stranieri di Perugia. Noviembre, 2019.
(2) Aldo Capitini, en  Elementi di un’esperienza religiosa, citado por Patrizia Sargentin, “Aldo Capitini… poeta” http://www.perlapace.it/aldo-capitini-poeta-2/