Tiempos de filosofía. Foto: Cuartoscuro.

La filosofía sólo puede brindar una visión del mundo y una metodología científica para su conocimiento, si se apoya en los datos proporcionados por las ciencias particulares, las generaliza y los confronta de nuevo con los resultados de la práctica.

Las pretensiones de la filosofía de convertirse en la concepción del mundo a partir de su propia sistematización y al margen del conocimiento real del mundo, tuvieron su más alta expresión en el sistema hegeliano, que Engels, lo calificó como un “aborto colosal”, que fue el último en su género (idealismo).

Con el surgimiento del marxismo se generó un cambio cualitativo en la historia del pensamiento humano, al aportar una filosofía que sirve de base para el desarrollo de una concepción científica del mundo.

La concepción dialéctica materialista se plantea como tarea, ser explicito en sus elementos, a los cuáles no considera como un sistema de saber superior al de las ciencias, sino como parte de él, como un nivel del pensamiento científico.

Al igual que la ciencia, la concepción marxista del mundo, tiene como principio básico el materialismo, y se orienta en el sentido de que el mundo debe ser explicado a partir de sí mismo, o sea, a partir de la unidad material del mundo.

El otro principio fundamental de la concepción marxista es el de la dialéctica, a partir del cual el pensamiento puede expresarse en sus conceptos y en las leyes de su formación, la marcha real de las cosas, la dialéctica objetiva.

Precisamente por esto, al ser la dialéctica subjetiva reflejo de la dialéctica objetiva, la filosofía marxista que estudia las leyes generales del movimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, expresa en sus categorías el método de conocimiento general en el que se apoyan las ciencias y sus métodos particulares.

No obstante, para muchos filósofos y hombres de ciencia influidos por el pensamiento burgués, la superación de la filosofía especulativa significó el fin de toda filosofía.

Los positivistas y neopositivistas niegan la concepción filosófica del mundo, catalogan de pseudoproblemas los problemas básicos de la filosofía, y desvirtúan su objeto de estudio, el que califican de convencional y superfluo.

La corriente irracionalista excluye también a la filosofía del campo del saber científico, solo que, partiendo del extremo opuesto, ya que la considera, no como un reflejo real y objetivo del mundo, sino como una filosofía de la vida, de la existencia, con lo cual reduce la filosofía a los marcos estrechos de la subjetividad del individuo.

La filosofía marxista, a diferencia de esas corrientes filosóficas tiene una base y una estructura común de la realidad objetiva, pero también rasgos peculiares que la distinguen de las ciencias particulares. Lo más correcto es, pues, definir qué es lo común y qué es lo diferente entre la filosofía y demás ciencias.

La diferencia esencial radica en que la filosofía es una ciencia que opera con leyes, principios y conceptos que tienen un grado de generalidad máxima, y, por tanto, pueden ser aplicados en todas las esferas del saber, a diferencia de otras ciencias que tratan sólo una porción limitada de la realidad que estudian.

Basándose en esta diferencia es que se llega a plantear la exclusión de la filosofía del sistema de las ciencias. Para unos, porque la filosofía no tiene un objeto empírico concreto como la física, la química o la biología; para otros, porque la filosofía es, según ellos, más que una ciencia.

Esas conclusiones, evidentemente, son falsas ya que malinterpretan el carácter de la filosofía, el cual es transparente si lo analizamos en el marco de la clasificación de las ciencias de acuerdo al principio de subordinación de lo inferior a lo superior de las distintas formas del movimiento de la materia.

Engels lo dejó en claro: “Los cuerpos son inseparables del movimiento: sus formas y espacios se pueden conocer sólo en movimiento. El conocimiento de las diferentes formas del movimiento es el conocimiento de los cuerpos. De este modo, el estudio de estas diferentes formas del movimiento es el objeto primordial de las ciencias naturales” 

Es precisamente por ello que la filosofía se diferencia de las ciencias particulares, pues efectivamente su objeto de estudio no es ninguna de las formas fundamentales del movimiento de la materia, sino del movimiento en lo general. De esta manera el carácter especial de la filosofía, si bien no puede ser incluida en las ciencias particulares, tampoco tiene que ser excluida del sistema de las ciencias.

La “exclusión” de la filosofía del sistema de las ciencias –sean cuales fueren los argumentos empleados—no tiene otra finalidad que convertir a la ciencia en un “saber puro”, sin relación ideológica alguna, y privada de una función tan importante como es la creación de una concepción del mundo, la que solo se logra con el concurso de la filosofía.

Del mismo modo, se pretende negar la función metodológica de la filosofía en el proceso del conocimiento científico, lo que en última instancia llevaría a la aceptación y legitimación de la “pluralidad de métodos científicos” tan en boga hoy en día.

Destacando lo absurdo de esas pretensiones, el filósofo M.B Kedrov, señala en su libro “La ciencia”, que todo investigador científico “ve los hechos que estudia y los generaliza, partiendo siempre de posiciones filosóficas determinadas. Ya la propia selección de los hechos, sobre todo en las ciencias sociales, es una cuestión profundamente metodológica, cuya acertada resolución exige gran preparación teórica y amplia cultura filosófica”.

“El desarrollo de la ciencia necesita no sólo saber interpretar teóricamente los hechos, sino también analizar el propio proceso de su obtención y darse cuenta de los procedimientos generales a seguir, para buscar lo nuevo. El estudio de semejantes problemas tiene carácter filosófico.”

Antes de abordar las bases comunes de la filosofía con las demás ciencias, es conveniente señalar que el lugar de la filosofía sólo se puede precisar en la medida en que se diferencia no únicamente de las ciencias naturales y sociales, sino también de otras ciencias como la lógica, la psicología y en parte, la lingüística, que se refieren de manera inmediata al proceso del pensamiento.

Determinar si la filosofía marxista es o no una ciencia; si forma parte del conocimiento científico, no es un problema ideológico, sino de objetividad científica. Lo lógico en este caso, es que definamos el concepto de ciencia para saber si la filosofía corresponde o no a ese concepto.

En el primer capítulo del libro “La ciencia”, Kedrov da esta definición de lo que es el concepto de ciencia:

“La ciencia es un importantísimo elemento de la cultura espiritual, la forma superior de los conocimientos humanos; es un sistema de conocimiento en desarrollo, los cuales se obtienen mediante los correspondientes métodos cognoscitivos y se refleja en conceptos exactos, cuya veracidad se comprueba y demuestra a través de la práctica social”.

“La ciencia es un concepto de fenómenos acerca de los fenómenos y leyes del mundo externo o de la actividad de los individuos, que permite prever y transformar la realidad en beneficio de la sociedad, una forma de actividad humana históricamente establecida, una “producción espiritual”, cuyo contenido y resultado es la reunión de hechos orientados en un determinado sentido de hipótesis y teorías elaboradas, y de las leyes que constituyen su fundamento, así como de los procedimientos y métodos de investigación”.

Esta definición nos revela claramente que independientemente de la definición formal que se aporte a la ciencia, ésta debe entenderse como la unidad dialéctica de diversos rubros: un sistema de categorías, leyes y principios; un método de conocimientos y su vinculación con la práctica, fin del conocimiento y criterio de veracidad, para explicar la realidad tal cual es y predecir lo que aún no ha sido descubierto, pero ya existe en la naturaleza o ha de surgir en ella.

Para determinar si el marxismo es o no una filosofía científica, en principio hay que analizar si aborda o no las leyes de la realidad, si tiene un sistema de conceptos propios y un método teórico que los amalgame, y demuestren en su vinculación con la práctica, ser un reflejo objetivo de la realidad y parte del conocimiento científico.

Desde mi punto de vista si lo es. La filosofía marxista (materialismo dialéctico) tiene como objeto de estudio aquellas leyes que caracterizan todo tipo de desarrollo, que vincula aquellos conceptos y categorías que refleja como expresiones de la universalidad (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado); del movimiento y la unidad material del mundo (El capital); así como las relaciones entre el ser y el pensar en todas sus formas de manifestación (El Anti-Duhring). Obvio es, que hay que estudiarlos.