El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) es el organismo principal en el combate del coronavirus (COVID-19) en México. Aunque su presupuesto no se ha visto afectado en los últimos nueve años, en su operación de 2016 y 2018, dos años del Gobierno del priista Enrique Peña Nieto, la Auditoría Superior de la Federación alertó por el hallazgo de diversas irregularidades.

Ciudad de México, 7 de abril (SinEmbargo).- El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) “Ismael Cosío Villegas” tuvo en 2016 y 2018 irregularidades en la construcción de infraestructura y en las investigaciones que elaboró en ese periodo, de acuerdo con las revisiones y los resultados entregados por Auditoría Superior de la Federación (ASF).

El INER tomó desde el inicio de la emergencia por el COVID-19 (coronavirus) un papel fundamental en la atención de los enfermos en el ámbito de la salud pública en México, al ser el organismo descentralizado del Gobierno federal que tiene como misión “mejorar la salud respiratoria de los individuos y las comunidades por medio de la investigación, la formación de recursos humanos y la atención médica especializada”.

El pasado 17 de marzo, personal del INER se manifestó frente a la Dirección General para reclamar la falta de insumos básicos, como cubrebocas y equipos de protección adecuados, así como protocolos para atender a pacientes sospechosos de ser portadores de coronavirus.

Los trabajadores pidieron que se reforzaran medidas porque, hace años, ante la influenza AH1N1 de 2009 “se contagiaron más de 170 compañeros”. También mencionaron al personal de seguridad que resguarda las puertas, pues solamente cuentan con cubrebocas y su atuendo contrasta con el de los doctores que atienden los casos sospechosos, quienes usan equipos de protección especiales.

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El INER tomó desde el inicio de la emergencia por el COVID-19 (coronavirus) el papel principal en la atención de los enfermos en el ámbito de la salud pública. Foto: Cuartoscuro.

IRREGULARIDADES EN 2016 Y 2018

Las irregularidades en este Instituto, sin embargo, no son nuevas. Si acaso fueron evidenciadas por la irrupción del coronavirus.

En 2016, por ejemplo, la Auditoría Superior de la Federación revisó el área de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Salud y en 2018, los proyectos de infraestructura y el desempeño del Instituto.

Desde 2011, el presupuesto del INER aumentó de manera constante para luego entrar a un periodo de estabilidad. En los años en que revisó la ASF contó con un presupuesto de 243 millones 116 mil 420 pesos y 274 millones 745 mil 041 pesos, respectivamente.

Para 2019, el presupuesto bajó a niveles similares a los de 2015, y se ubicó en 223 millones 226 mil 984 pesos. Para 2020 aumentó a 271 millones 025 mil 669 pesos.

Desde la Secretaría de Salud (SSa) de la administración pasada se reconoció como problemática la desvinculación de las investigaciones científicas y de desarrollo tecnológico con los padecimientos prioritarios, los cuales requieren de investigación continua y de nuevas aplicaciones tecnológicas, y con los emergentes, definidos como los que surgen por primera vez por causas desconocidas, debido a que los diagnósticos son poco precisos, la baja producción de investigaciones y la insuficiencia de recursos financieros.

Así llega el INER a la crisis del coronavirus y le anteceden errores en su operación.

LA REVISIÓN DE 2016

El documento que publicó la ASF hace cuatro años, mostró que con el objetivo de realizar investigaciones científicas y de desarrollo tecnológico vinculadas con los padecimientos respiratorios prioritarios y emergentes, el Instituto esta tarea de “forma inercial” porque no identificó los padecimientos respiratorios emergentes sobre los cuales debía establecer sus líneas de investigación.

Tampoco acreditó la correspondencia de los temas prioritarios con las investigaciones realizadas, ni la vinculación de sus resultados con las necesidades de los 119.5 millones de mexicanos susceptibles de padecer estas enfermedades, además desconoció su beneficio en la mejora de la atención de esos padecimientos.

Eso provocó que el instituto no delimitó su campo de acción. En ese año, 2016, el instituto desarrolló 407 investigaciones sin definir su clasificación en básicas y aplicadas, ni por su contribución al desarrollo científico y tecnológico.

Para la difusión, realizó 215 actividades, pero no se sabe si esos eventos estuvieron relacionados con lo investigado, ni que se hubieran dirigido a la sociedad en general. Luego, no se clasificaron resultados de las 407 investigaciones desarrolladas, en los beneficios para la población en términos de comprender, prevenir, diagnosticar y tratar los padecimientos respiratorios prioritarios y emergentes.

Eso provocó que no hubo vinculación de líneas de por lo que también se afectó directamente en la mejora de la atención de los padecimientos y en la toma de decisiones en el sector.

EL ÚLTIMO AÑO DEL PRI

Para 2018, en la revisión de proyectos de infraestructura, se fiscalizaron 63 millones de pesos que estaban dedicados a la conservación y mantenimiento en condiciones adecuadas de los bienes inmuebles para garantizar la operación institucional, la seguridad de pacientes, del personal del Instituto, y de los visitantes.

De esta auditoría quedaron pendientes 4 millones 368 mil 168 pesos por aclarar.

Se revisó el Programa de Mantenimiento de Protección Civil y se encontraron obras que se hicieron sin un dictamen estructural, sin registro de obra ejecutada, ni la intervención de un Director responsable de obra para la realización de los trabajos.

Para otras obras hubo diferencias de volúmenes de obra pagada contra los verificados físicamente, obra retrasada y pagos por conceptos no previstos y que no eran necesarios.

Finalmente, sobre el desempeño del Instituto la ASF evidenció deficiencias en la administración y utilización de los medicamentos controlados como el sulfato de morfina y el citrato de fentanilo, “poniendo en riesgo la disponibilidad de este tipo de opáceos necesarios para mitigar el dolor de los padecimientos respiratorios”.

De nuevo sobre la investigación científica, se señaló que no se establecieron criterios y estrategias para motivar a los investigadores a que consideraran el número de casos de enfermedades más recurrentes registrados en el instituto, para propiciar la realización de estudios enfocados en la atención de dichos problemas de salud.

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El pasado 17 de marzo, personal del INER se manifestó frente a la Dirección general para reclamar la falta de insumos básicos. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro.

En la atención médica, el INER no elaboró el diagnóstico situacional sobre la suficiencia de la infraestructura y el equipamiento médico para asegurar el otorgamiento de los servicios médicos de alta especialidad a la población que los requirió en 2018.

Y de nueva cuenta, en el ámbito de la obra pública, se encontró que no hubo justificación para realizar la adecuación de los almacenes de víveres, farmacia y mantenimiento operativo, por un monto de 10 millones 598 mil 888 pesos; en la obra “Reforzamiento y adecuación de barda perimetral de piedra”, el INER desechó la propuesta económica que ofreció la mejor condición de precio y para la “Adecuación del área de almacén de víveres, de farmacia y mantenimiento operativo”, el instituto desechó, de nueva cuenta, la propuesta que ofrecía el menor costo, con el argumento de que el contratista no acreditó la entrega de los estados financieros; sin embargo, la ASF comprobó que en el expediente sí estaban dichos documentos.