La industria sostiene que etiquetar como “carne” o “leche” a productos de origen vegetal puede hacer que los consumidores se confundan o se sientan engañados. Foto: Shutterstock

El gobierno debe dejar de favorecer los intereses económicos de las empresas y etiquetar a favor del consumidor, la buena nutrición, el medio ambiente y los animales.

La industria cárnica y lechera viene reaccionando desde hace varios años contra el desarrollo de un mercado que propone una verdadera revolución en la forma en que producimos lo que comemos y a la altura de los grandes retos que afronta actualmente la humanidad: cambio climático, muertes provocadas por enfermedades relacionadas con hábitos alimenticios y el inmenso costo que genera al estado su tratamiento.

Que una empresa como Beyond Meat debute en Wall Streeet con la mejor oferta inicial de acciones en los últimos 19 años y que cada Burger King en Estados Unidos tenga para fines de este año una Whopper vegetal, solo puede indicar que el mercado de alternativas a la carne está pasando por un momento crucial. De hecho, se espera que el interés por estos productos siga en aumento y que el mercado alcance los 6 mil 400 millones de dólares para 2023. Y por supuesto, la industria quiere frenar este acelerado crecimiento.

Entre las acciones que han llevado adelante para boicotear la aceptación y posicionamiento de los productos alternativos a la carne y leche en el mercado, están todos los intentos por regular la denominación de dichos productos. Han logrado que el tribunal de justicia de la Comunidad Europea dictamine que cualquier producto que contenga ingredientes de origen vegetal no pueda ser identificado y etiquetado como un producto animal tradicional. Es decir, términos como “leche”, “lácteo” o “carne” solo pueden ser utilizados para comercializar productos de origen animal. Igualmente, en 8 estados de Estados Unidos ya han sido aprobadas estas restricciones en el etiquetado.

Con esta reacción, la industria ha demostrado el temor que tiene a ser desplazada entre las preferencias de un nuevo consumidor más preocupado por cómo se produce lo que consume y cómo afecta su salud, a los animales y al medioambiente y las cifras lo dejan aún más claro: tan solo en el estado de Jalisco los productores de leche aseguran que llegan a comercializar únicamente el 10 por ciento de su producción acusando que han perdido licitaciones por la competencia “desleal” de las alternativas a los lácteos.

Pero en su insistencia por promover un etiquetado que desestime los múltiples beneficios de productos como hamburguesas y embutidos vegetales y bebidas de soya, avena, arroz y coco, la industria busca, además de obviamente beneficiarse, ocultar el gigantesco impacto que su sistema de producción insostenible y obsoleto tiene en nuestra salud y el planeta.

Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Oxford, el más completo hasta hoy sobre el impacto que la actividad de la industria ganadera tiene en el planeta y que generó una gigantesca base de datos basada en 40 mil granjas de 119 países y abarca 40 productos que representan el 90 por ciento de lo que es consumido, reveló que la mejor y más sencilla forma de reducir nuestro impacto en el planeta es sustituyendo la carne y los productos lácteos en nuestra alimentación. El estudio también demostró que mientras que la carne y los lácteos solo proveen un 18 por ciento de calorías y 37 por ciento de proteínas, su producción utiliza la mayor parte de tierras (83 por ciento) y produce el 60 por ciento de los gases de efecto invernadero de la ganadería industrial.

La industria sostiene que etiquetar como “carne” o “leche” a productos de origen vegetal puede hacer que los consumidores se confundan o se sientan engañados, pero lo cierto es que no existen evidencias científicas que indiquen que esto sea cierto. Lo que sí representa un engaño es que exijan regulaciones innecesarias para boicotear a productos que benefician la salud de los consumidores y cuya producción es sostenible y libre de crueldad hacia los animales, mientras ocultan el impacto negativo que la producción de carne, lácteos o huevos tiene en la salud humana y la del planeta.

Está más que claro que detrás de las regulaciones en el etiquetado de los productos alternativos a la carne y lo lácteos y los falsos argumentos en contra de los beneficios de estos, se encuentran únicamente los intereses de una industria que ignora absolutamente los de los consumidores. Las denominaciones como “carne” y leche” en el etiquetado de productos de origen vegetal permiten que los consumidores puedan tener una referencia en cuanto al sabor y textura que ya conocen y que esto les facilite elegir alternativas más sanas, compasivas con los animales y respetuosas con el planeta que aquellas de origen animal.

Si la industria pide etiquetados que la favorezcan, como consumidores debemos exigir que el etiquetado de sus productos indiquen el impacto medioambiental y las distintas enfermedades que estos causan, ya que toda restricción innecesaria sobre las alternativas vegetales obstaculizarían el avance hacia ese cambio positivo que con tanta urgencia necesitamos.