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Alejandro Calvillo

10/08/2022 - 12:05 am

El país de los camiones rojos

Los camiones rojos aparecen en las mañanas, temprano, llevando su producto líquido a cada barrio, en diablitos llevan las botellas a más de un millón y medio de puntos de distribución.

En el país de los camiones rojos sus habitantes ya no los distinguen porque siempre están ahí. Tal como quien vive en medio de la basura deja de verla a su alrededor, los habitantes del país de los camiones rojos han dejado de verlos. Los camiones rojos aparecen en las mañanas, temprano, llevando su producto líquido a cada barrio, en diablitos llevan las botellas a más de un millón y medio de puntos de distribución. Cada día hay que abastecer a los ciudadanos que se han convertido en este país en los mayores consumidores del producto de los camiones rojos.

En las carreteras circulan día a día y a todas horas, son camiones rojos más grandes, son grandes tráilers rojos que llevan el producto por todo el país. Las cajas con botellas bajan de los tráilers en diversos centros de distribución estratégicamente establecidos en cada región. De ahí, en camiones de menor dimensión recorren todos los caminos, de hecho, cuando se abre uno nuevo, no importa que sea una terracería, son los primeros vehículos en circular por él para llevar el líquido a toda la población, a quienes viven en las zonas más alejadas. Recorren las zonas áridas del país, las montañas, cruzan las dos sierras, circulan por las costas que se extienden al este y poniente, frente a los dos océanos.  

La bebida que distribuyen los camiones rojos es altamente estimulante y adictiva, se publicita con inversiones multimillonarias que vinculan su consumo con la felicidad, la alegría, el amor, la juventud y la salud. Como el soma en la novela Un mundo, feliz de Aldous Huxley, pero con un efecto extremadamente pasajero. El soma en la novela de Huxley es una droga consumida por la población cada vez que las personas se encuentran deprimidas, angustiadas, tristes o ansiosas, con el fin de controlar sus penas y malos sentimientos.

Al consumir la bebida de los camiones rojos, el cerebro, realiza una descarga de dopamina, la llamada hormona del placer, provocándose una gran estimulación en el cerebro y el cuerpo, lo que los jóvenes llaman un “subidón”. El efecto es momentáneo y pasa rápidamente, por lo cual, quien consume la bebida busca estarla consumiendo de forma recurrente, teniendo esos “subidones” a cada rato. Sin embargo, el consumo frecuente de la bebida trae consecuencias muy graves, va alterando el funcionamiento del organismo, provoca, por ejemplo, que el páncreas se vea forzado a realizar una fuerte descarga de insulina para controlar la entrada de enormes cantidades de azúcar al torrente sanguíneo y evitar un coma diabético. Este impacto cotidiano sobre el páncreas es una de las causas principales del desarrollo de diabetes. Popularmente, la gente se refiere a las personas que sufren de diabetes diciendo que “les dio el azúcar”, una forma muy acertada de referirse a esta enfermedad que afecta ya a más de nueve millones de personas en el país de los camiones rojos.

Doña Socorro, enferma de diabetes por el alto consumo de la bebida distribuida por los camiones rojos, a pesar de las advertencias médicas de que puede morir más pronto si sigue consumiendo esta bebida, tiene su botella ahí, al lado de la cama sobre el buró y no puede dejarla, “ya sólo le doy traguitos, es de las botellas chiquitas, no puedo evitarlo”. La adicción es fuerte a esta bebida por las altas cantidades de azúcar y su mezcla con cafeína y algo de sodio, además de una fórmula secreta, una mezcla perfecta para hacerla altamente adictiva. En este país, el de los camiones rojos, sus habitantes se han convertido en los mayores consumidores de este producto en todo el mundo. Se consume desde los primeros años de vida, incluso, desde los primeros meses. Los niños, antes de aprender a hablar ya reconocen el logo de las bebidas que distribuyen los camiones rojos, logo que se reproduce en el millón y medio de puntos de venta, en lonas, sillas, mesas. La bebida se promueve para tenerla en la mesa familiar a la hora de la comida en enormes botellas, de varios litros, que no se encuentran en otros países. En poblaciones marginadas, en poblaciones indígenas, la bebida la llegan a consumir, incluso, los bebés, contenida en sus biberones, sin que nadie les advierta el daño.

El alto consumo de las bebidas de los camiones rojos se relaciona con la epidemia de obesidad y diabetes en la población del país de los camiones rojos, ya que el 70 por ciento de los azucares añadidos en su dieta proviene de este tipo de bebidas. La epidemia de diabetes ha invadido al país acompañando, entre otros procesos, los camiones rojos por todos los caminos de la Nación. Donde la diabetes era una enfermedad muy poco común, en los pueblos indígenas, ahora es causa de amputaciones, ceguera y enfermedades renales. Ahí donde están los más pobres es donde sus efectos son mayores, no hay prevención de enfermedades y se acude a la atención médica cuando la enfermedad ya ha avanzado demasiado. Pero la empresa de los camiones rojos invierte millones en publicidad para generar la percepción contraria y hacer creer que hace mucho por el bienestar de las comunidades, por las mujeres, por el abasto de agua, por el medio ambiente. 

En el país de los camiones rojos hay nueve millones de personas con diabetes, 15 por ciento de los adultos la sufren, 800 mil personas han recibido una amputación (ocho de cada 10 por diabetes). Más del 15 por ciento de las personas con diabetes está desarrollando pie diabético en el país de los camiones rojos. Las personas comienzan a perder la sensibilidad en la extremidad, sus vasos sanguíneos se afectan, comienzan a presentarse modificaciones en la forma del pie, infecciones en las heridas, gangrena y como resultado, amputación de dedos, del pie o, incluso, de toda la pierna. 

En el país de los camiones rojos, un Presidente de la Nación fue un alto directivo de la empresa de los camiones rojos y su candidatura fue financiada, en principio, por colegas de esa empresa. Y no sólo presidentes han estado ligados a la empresa de los camiones rojos, incluso, varios secretarios de Salud han participado en el consejo de esa empresa o colaborado con instituciones financiadas por ella. Durante cuarenta años el máximo consejo nacional de ciencia y tecnología del país estableció un convenio con la empresa de los camiones rojos para entregar un premio nacional a la investigación en salud. La principal universidad, así como diversas instituciones, investigadores y académicos, así como organizaciones civiles, han estirado la mano para recibir financiamiento de la empresa de los camiones rojos en el país de los camiones rojos.

La mayor empresa que embotella la bebida de los camiones rojos tiene tanto poder que uno de sus directivos fue elegido por todos los empresarios del país como su máximo representante. El poder de la empresa y la embotelladora de los camiones rojos es tal que para ella trabajan y han trabajado exfuncionarios a los cuales han premiado con muy altos cargos y salarios, claro, después de que han servido muy bien a sus intereses desde el Gobierno.

Este es el país de los camiones rojos.

Alejandro Calvillo
Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador de Greenpeace México donde laboró en total 12 años, cinco como director ejecutivo, trabajando temas de contaminación atmosférica y cambio climático. Es miembro de la Comisión de Obesidad de la revista The Lancet. Forma parte del consejo editorial de World Obesity organo de la World Publich Health Nutrition Association. Reconocido por la organización internacional Ashoka como emprendedor social. Ha sido invitado a colaborar con la Organización Panamericana de la Salud dentro del grupo de expertos para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia. Ha participado como ponente en conferencias organizadas por los ministerios de salud de Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Chile, así como por el Congreso de Perú. el foro Internacional EAT, la Obesity Society, entre otros.
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