Aurelio Alfonso desapareció junto con su novia África Leticia Quiroga Castro, 21 años, y su maestro, Roberto Hernández Sánchez, 29 años, el 8 de septiembre de 2016 cuando presuntamente iban al centro de la ciudad de Xicotepec, Puebla. Desde entonces no se ha sabido nada de ellos.

Ciudad de México, 16 de septiembre (SinEmbargo).- Se han cumplido tres años desde la desaparición de Aurelio Alfonso Solís Castañeda, estudiante de nuevo ingreso de la Universidad Tecnológica de Xicotepec, Puebla. A la fecha, la familia no tiene rastro o pista clara que pudiera llevar a su paradero, o al menos a tener una pequeña noción de qué paso con el joven, su novia, y su maestro; en cambio, solo ha obtenido revictiminización de las autoridades y una investigación con múltiples anomalías, denunciaron.

Aurelio Alfonso desapareció junto con su novia África Leticia Quiroga Castro, 21 años, y su maestro, Roberto Hernández Sánchez, 29 años, el 8 de septiembre de 2016 cuando presuntamente iban al centro de la ciudad de Xicotepec, Puebla.

“Aquel día el mundo se cayó sobre nosotros [ en estos tres años] aprendimos que la ausencia de un ser querido ni con todo el dinero del mundo se llena”, expresó Patricia Solís, hermana mayor del joven.

Patricia Solís platicó, en entrevista con SinEmbargo, que durante este periodo de búsqueda, el caso se ha estancado o incluso ha retrocedido en algunas ocasiones porque constantemente les cambian de Ministerio Público.

Además, denunció, que las autoridades ministeriales en Puebla también han cometido diversas omisiones en la indagatoria, entre ellas, que archivaron los resultados de ADN por más de un año sin enviarlo a la oficina correspondiente, porque el MP no se molestó en solicitaros; tampoco les dieron una sábana de llamadas y se negaron a actuar a tiempo para obtener videos de los comercios de donde se cree que pudieron pasar las víctimas.

Alfonso tenía 20 años de edad y era alumno de recién ingreso de la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Tecnológica en el municipio de Xicotepec de Juárez, en Puebla. Foto: Especial.

SOÑABA CON SER PROMOTOR MUSICAL

Poncho, como le decían de cariño, era el menor de tres hermanos, tenía 20 años de edad y era alumno de recién ingreso de la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Tecnológica en el municipio de Xicotepec de Juárez, en Puebla.

“Él había sido locutor, era el más joven locutor de la cadena, pero cuando empezó a ver que las exigencias del medio pedían mucho más, dejó la radio para estudiar. […] lo que hacía era trabajar en un Oxxo doblando turnos para ir a la escuela los fines de semana”, compartió la hermana.

La familia se encargaba de organizar algunos festivales de radio en Xicotepec, lo que llamó la atención al joven. Quería profesionalizarse porque deseaba convertirse en promotor musical, es decir, organizar conciertos y con agrupaciones.

“A él le fascina la idea de hacer conciertos a nivel de empresario. Era un chico alegre, amaba la vida, la música de banda y las botas vaqueras”, manifestó la familiar.

 Aurelio tenía una relación con África, quien tuvo un bebé y la joven le comentó que él era el padre del niño.

“Venimos de una familia muy conservadora, así que mi hermano le dijo que él se iba a hacer cargo del bebé, la trajo a vivir a la casa durante tres meses”, platicó.

La pareja a veces se alternaba; en días se quedaban en casa de Poncho o a veces en la de África, agregó Patricia.

El jueves 8 de septiembre, Alfonso y África salieron de casa de él y avisaron que irían al centro de Xicotepec, ubicado a unas dos cuadras de su casa. Irían a comprar unos artículos que necesitaba el niño y regresarían en media hora. Eran cerca de las 5: 30 de la tarde. Desde entonces, la familia de Pocho no ha sabido con certeza más de ellos.

Los padres de Poncho, al ver que ese jueves no llegaba a casa, pensaron que quizá se habría ido a la vivienda de su novia.

“Como la familia de África vivía cerca de la Universidad donde él estudiaba y un fin de semana antes él se había quedado ahí para ya no tener que viajar tanto, cuando él no llegó a nuestra casa, mi mamá creyó que él estaba en casa de África”, explicó la entrevistada.

Las llamadas se iban directo al buzón de voz, sin embargo, a los parientes de Aurelio no les alertó, pues en la zona donde vive África, la señal es mala.

La familia de Poncho no se enteró de la desaparición hasta el domingo, cuando la mamá de Roberto Hernández Sánchez, un profesor de Aurelio, acudió a su casa para preguntar por el maestro porque la última vez que había sido visto era con Aurelio y África.

“Vino una amiga de nuestra familia, que es la mamá de Roberto, –que era muy amigo de nosotros–, y nos preguntó que si el maestro estaba en la casa o que si podía hablar con Aurelio porque no encontraban a Roberto”.

La madre de Aurelio acudió a la vivienda de África y preguntó por el joven. “La familia le dijo que ahí no están y que también no los habían visto desde el jueves y que ellos también pensaban que la pareja estaba en nuestra casa (la de Aurelio”, añadió la hermana.

De acuerdo a Alejandro Encinas, Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación,  en México existen 40 mil personas desaparecidas, 27 mil cuerpos sin identificar en forenses y unas mil fosas clandestinas. Dijo que es una crisis humanitaria de grandes dimensiones.

Encinas dijo que el Gobierno de Enrique Peña Nieto simuló la instalación del Sistema Nacional de Víctimas. El año pasado se asignaron 468 millones de pesos 946 mil y se ejercieron apenas 6 millones.

FALLAS EN LA INDAGATORIA

Los parientes de Poncho y Roberto de inmediato iniciaron la búsqueda al percatarse que ninguno de los tres aparecía. Comenzaron en redes sociales. La radio local ayudó al lanzar spots sobre la búsqueda.

“El pueblo nos conocían porque trabajábamos en cosas de la radio, entonces, la noticia de la desaparición se dio a conocer de manera inmediata”, recordó Patricia.

Debido a que era domingo, y ese día el Ministerio Publico no trabaja, la denuncia fue interpuesta hasta el lunes 12 de septiembre de 2016.

Los allegados de las víctimas están seguros que fueron desaparecidos, sin embargo, hasta la fecha no hay un avance o pistas contundentes que permitan establecer una hipótesis o indicios de lo ocurrido a las tres personas desaparecidas. Contrario, culpó la entrevistada, han padecido una serie de omisiones y anomalías por parte de las autoridades de la Fiscalía General de Justicia de Puebla.

Al inicio, los ministeriales pidieron a los familiares que cerraran las cuentas de Facebook, que no buscaran por redes sociales, ni difundieran la búsqueda, “porque podríamos afectar la investigación que supuestamente ellos estaban haciendo, cuando en realidad no hicieron nada”, detalló Solís.

Patricia, desde el inicio, solicitó la sabana de llamadas del celular de Aurelio, pero jamás le ha sido entregado dicho historial, mismo que por el tiempo que ha transcurrido, ya pudo haberse perdido.

“Yo quería saber si alguien le había llamado a mi hermano, si alguien lo había citado, y hasta el día de hoy no tenemos la sabana de llamadas”, dijo.

El encargado de homicidios y desapariciones de la casa de justicia en Huauchinango, Puebla, un municipio aledaño a Xicotepec, le dijo a la familia que no podían darle la sábana de llamadas porque la desaparición no estaba tipificada como un delito grave, y que ellos no podían tener acceso.

También solicitaron a las autoridades de Huauchinango un oficio para poder obtener los vídeos e imágenes de las cámaras de seguridad de diferentes comercios, –donde estimaban que pudieron pasar los desaparecidos–, pero les negaron girar dichos oficios.

“Nos dijeron que podía llevarse meses o hasta años para que los comercios, las tiendas, pudieran darnos esas grabaciones”, comentó la entrevistada.

La constante rotación de ministerios públicos es otro de los aspectos que menciona la familia de Alfonso Solís. En su caso, desde el inicio a la fecha, han cambiado al menos cinco veces de agente.

“El primero que llegaba, lo cambiaban a los seis meses o a los cinco meses y, era volver a empezar, volver a platicar, volver a recordar, sufrir, a pedir que vayan a pedir entrevistas de sospechosos”, detalló.

Los afectados son quienes prácticamente han realizado la investigación, comentó. Los avances y posibles pistas, eran proporcionados por los familiares.

“Nosotros éramos los que, se podría decir, que hacíamos la función que deberían hacer los policías ministeriales, que realmente no hacían nada porque decían que no se daban abasto con la cantidad de delitos que había; que solamente había tres policías ministeriales para toda la ciudad y que solamente tenían un carro para moverse, nos pedían a nosotros que les tuviéramos ‘compasión’, y que entendiéramos que eran muy pocos para toda la ciudadanía”, recordó Patricia.

Aunado a eso, la familia también se llevó una desilusión con la actuación de las autoridades de la universidad a la que acababa de entrar Aurelio.

“Algo muy doloso para nosotros, es que el rector de la Universidad Tecnológica de Xilopetec (en 2016), hizo una reunión con el alumnado y con los maestros, y como era tiempo de ingreso a la escuela, les dijo que negaran que mi hermano estudiaba en esa Universidad; que negaran que tenía una matrícula; que, si habían visto algo o escuchado algo, que no dijeran nada”, relató.

Roberto, amigo de la familia, desapareció el mismo día. Se estima que los tres desaparecieron juntos. Foto: Especial.

SIN ENTREGAR MUESTRAS

Las muestras de las pruebas de ADN estuvieron “archivadas” en las oficinas de la Fiscalía de Puebla por casi un año tres meses: dichos documentos debieron enviarse al Ministerio Público de Huachinango, y que se iniciará la confronta, pero no se hizo hasta que la familia reclamó, según comentó Patricia.

La entrevistada explicó que las familias o personas difícilmente pueden estar preparados para enfrentar una desaparición, y por eso desconocen muchos procesos, es por ese motivo que al momento en que reportaron la desaparición de su familiar, no sabían que podían pedir la muestra de ADN.

Fue hasta el año y medio en que Patricia comenzó a integrarse a colectivo de búsqueda que se percató que las autoridades no habían solicitado muestras de ADN.

“Cuando le pregunté a mi Ministerio Público por qué yo no tenía una muestra de ADN de mi hermano para poder confrontarlo con los cuerpos que hay en Veracruz o Hidalgo, colindantes a Puebla, el MP, me dijo que no había ¡’porque yo no se lo pedí!’, cuando era una obligación de ellos sacarnos a nosotros una muestra y danos un cuadernillo”, detalla.

Se entregó la muestra de ADN, –en abril de 2017–, pasaron meses, el Ministerio Público que atendía el caso fue nuevamente cambiado.

Patricia le exigió al nuevo MP la muestra de ADN, el agente le comentó que tenían que solicitarlo a la Fiscalía en Puebla, porque a la agencia de MP en Huauchinango no habían llegado. Por esas fechas, Patricia acudió a Puebla y ahí aprovechó para ir a las oficinas de la Fiscalía a preguntar si ya tenían las muestras: “y me dijeron que la muestra de ADN esta desde el año anterior, que no la habían enviado porque el MP de Huauchinango no la pidió”, narró.

Los afectados presentaron una denuncia ante Derechos Humanos por las irregularidades, pero decidieron no ratificarla por temor a represalias “por seguridad decidimos no darle continuidad porque vivimos en un pueblo pequeño”.

África era novia de Poncho.

LAS PISTAS EN VERACRUZ

La familia no descarta que la desaparición se pudo registrar en Poza rica, Veracruz, debido a una versión que proporcionó la mamá de África. De acuerdo con Patricia, la madre de la joven declaró que ella vio – ese jueves 8 de septiembre– a los tres en la estación de autobuses.

“Nos enteramos que la mamá declaró que un amigo de África, originario de Papantla, Veracruz, se puso en comunicación con ella, y le dijo que era increíble que hubiera desaparecido África lo citó a él en Poza rica o Papantla el fin de semana, que quedó de ir a verlo”, señaló.

En la declaración de la mujer, África le habría llamado alrededor de las 5: 30 de la tarde y le pidió que pasara por el bebé a la terminal de autobuses porque ellos iban a viajar, entonces la mamá supuestamente llegó y ahí le dieron al niño y se fueron”.

La familia de Poncho supone, de ser cierta la versión, que quizá África pidió a Poncho y Roberto, que la acompañaban a Veracruz y ahí se pudo llevar a cabo de la desaparición. Sin embargo, dicha versión no ha pido confirmarse totalmente.

Patricia detalló que han sido los tres años más difíciles de su vida. Para quienes tienen a un familiar desaparecido, enfrentan un desgaste físico, económico y emocional. La familia de Aurelio volcó toda su energía y sus recursos en la búsqueda del chico, en los que solventar los gastos implica sacrificios, pues constantemente tienen que viajar de Xicotepec a Puebla, que están ubicadas a casi tres horas y media de distancia.

“Son citatorios más citatorios, también hay que ir a exigir que te reciban llamada, nosotros empezamos a vender cosas, muebles, que la cita el celular electrodoméstico, teníamos que vender todo para viajar a Puebla”, dijo Patricia.

Aunado al sacrificio, as familias además padecen de la revictimización y desinterés de las autoridades.

“Es una cosa indignante lo que hace la Fiscalía de Puebla. En Puebla, la desaparición o estaba tipificada como un delito grave, en Puebla hay más de 2 mil 500 personas desaparecidas, pero es un delito que no está a la vista”, enfatizó Patricia.

Finalmente, la hermana de Poncho hizo un llamado a las nuevas autoridades del estado de Puebla a que volteen a ver el llamado de auxilio de las familiares de desaparecidos y que no sean indolentes a su dolor.

“Aunque sabemos que hay más motivos para seguir con vida, siempre habrá un dolor porque hay un espacio vacío en una mesa, hay un cuarto y una cama que no está ocupando la persona que debía ocupar, es un dolor que a nadie se le desea, es un dolor desesperación y angustia que no quisiera que nadie lo viviera”, concluyó.