Pekín, 21 Mar (Notimex).- El consumo y la venta de drogas sintéticas, como las anfetaminas, progresa rápidamente en China y preocupa a las autoridades del gigante asiático, un país marcado por su dolorosa historia con el opio en los siglos XVIII y XIX.
Los últimos datos oficiales disponibles indican que 1.55 millones de personas eran consumidoras habituales de drogas a finales de 2010, y casi un tercio de esta cifra (432 mil) son jóvenes menores de 25 años que consumen drogas sintéticas.
Sin embargo, las fuentes oficiales indican que la cifra real podría superar los siete millones de adictos, y que ésta progresaría a ritmos superiores al 5.0 por ciento anual.
La provincia más permeable a la entrada de la droga es la de Yunnan, en el extremo suroeste de China, ya que comparte una frontera de más de cuatro mil kilómetros con Birmania, considerado como uno de los mayores productores de opio del planeta.
El 70 por ciento del total de drogas incautadas en China, hasta 14 toneladas, un 45 por ciento más que en 2010, se llevaron a cabo en esta provincia tropical china, según Meng Sutie, director de la seguridad en la región.
Más de la mitad de las drogas decomisadas eran sintéticas, como metanfetamina y éxtasis, mientras el resto era heroína y opio; “las drogas químicas están logrando entrar con mucha fuerza”, refirió.
El problema, según la fuente, reside en que buena parte de las sustancias necesarias para elaborar las drogas sintéticas son también utilizadas como materias primas para la elaboración de productos químicos legales, por lo que es complicado lograr frenar su entrada.
Asimismo, la cercanía de China con el denominado “Triángulo de Oro”, la triple frontera entre Tailandia, Laos y Birmania, y considerado uno de los lugares de mayor producción de opio, también dificulta que se pueda frenar la entrada de estupefacientes.
Pese a la dura legislación, que impone pena de muerte para traficantes incluso en pequeñas cantidades, y al doloroso pasado de China con el opio, a causa de la extensión del consumo por todo el país de los siglos XVII a XIX, la entrada de la droga es difícil de frenar por la cercanía de China con Birmania.
China adoptó en 2008 una ley antidroga destinada a estandarizar el sistema de detención de los drogadictos y los centros de rehabilitación, con el objetivo de tratar a los detenidos como pacientes y no como arrestados.
El problema es que la producción de opio se ha duplicado en el Sudeste asiático desde 2006, con especial progresión en países como Laos y Birmania, según un informe de Naciones Unidas publicado en diciembre de 2011.
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) indicó que el cultivo de opio ha crecido en la región un 16 por ciento entre 2010 y 2011, a causa sobre todo del aumento de las plantaciones en estos dos países, que figuran entre los más pobres del Sudeste asiático.
La mayor concentración de plantaciones se encuentra en Birmania, donde se produce el 91 por ciento del opio (base para la fabricación de heroína) de toda la región, lo que le convierte en el segundo mayor productor mundial, después de Afganistán.
La inestabilidad, la pobreza y los conflictos en varias zonas de Birmania han contribuido, según la ONU, de manera decisiva en el aumento de la producción.
La ONUDD advierte que, con precios que progresan en torno al 50 por ciento anualmente (un kilo de opio en Birmania se paga ahora 450 dólares, por 350 en 2010), será difícil vencer al tráfico y a las guerrillas que controlan el negocio.
La fuente puso como ejemplo el hecho de que el cultivo de arroz es 20 veces menos lucrativo que el del opio, lo que incentiva la producción por parte de campesinos pobres.


