Álvaro Obregón y Venustiano Carranza eran conocidos por su agrado por el whisky y el cognac, Plutarco Elías Calles como Gobernador de Sonora impuso una ley que prohibía la fabricación y venta de bebidas que contuvieran cualquier cantidad de alcohol, algo que en su momento se le conoció como Ley Seca. Los tres generales norteños, poco o nada tenían que ver con la tradición de las bebidas alcohólicas tradicionales (sotol, bacanora, mezcal o mezcal de tequila) de sus estados y muchos menos de los estados de sur.

Por Fernando Rubí León 

A Paulina

Ciudad de México, 27 de noviembre (SinEmbargo).- Esta no es una pregunta retórica sino una manera de provocar estos cuestionamientos. En recientes fechas se lanzó una lectura dramatizada cuyos protagonistas son Victoriano Huerta y Francisco I. Madero, dos personajes que definieron el inicio de revueltas o revoluciones en el temprano siglo XX en México, esto sirve como pretexto para entender nuestros gustos adquiridos o impuestos que nos delinean los actuales.

Al iniciar una plática sobre mezcales, como una invitación, suelo lanzar esta pregunta para entender por qué nuestros gustos de hoy son lo que son, sin ahondar (lo que merece la pregunta), los que triunfaron a esa Revolución fueron los generales del norte (Obregón, Elías Calles y Carranza) que con sus costumbres y aliados impulsaron (o impusieron) el consumo de ciertas bebidas para beneficiar a su cercano grupo de poder empresarial.

Al contrario de lo que se pudiera pensar, Doroteo Arango (Francisco Villa) el “Centauro del Norte” no bebía alcohol y era un fiel degustador de las malteadas, dicen los que han documentado este hecho que tenía preferencia por las de fresa, en la última etapa de su vida se señala su gusto por el licor de anís; existen versiones de que Villa les obsequiaba un trago de whisky Hennessy a sus prisioneros antes de fusilarlos, lo anterior fue declarado por Maurice Richard Hennessy en 2006 a un diario.

Emiliano Zapata, el “Caudillo de Sur”, según los registros, era un asiduo bebedor de cognac y, en especial el de la Casa Gautier, de la gastronomía francesa como de los puros.

Habría que señalar que el gusto por lo francés es una constante en las élites y clases medias de nuestro país, ese período turbulento viene precedido por un afrancesamiento de (casi) todos los aspectos de la vida durante el porfiriato, de ahí que se entienda que el ¿refinamiento? estaba unívocamente relacionado con el gusto por aquello de origen galo.

Martín Luis Guzmán registra en La Sombra del Caudillo la presencia del brandy francés en los banquetes de los generales y clase alta de la época.

Álvaro Obregón y Venustiano Carranza eran conocidos por su agrado por el whisky y el cognac, Plutarco Elías Calles como Gobernador de Sonora impuso una ley que prohibía la fabricación y venta de bebidas que contuvieran cualquier cantidad de alcohol, algo que en su momento se le conoció como Ley Seca. Los tres generales norteños, poco o nada tenían que ver con la tradición de las bebidas alcohólicas tradicionales (sotol, bacanora, mezcal o mezcal de tequila) de sus estados y muchos menos de los estados de sur.

La industria cervecera comenzó en México en el Porfiriato. “Al periodo comprendido entre 1890 y 1910 se le puede considerar como la etapa de surgimiento de las grandes empresas manufactureras de cerveza en México, periodo que corresponde al Porfiriato”, de acuerdo con lo escrito por Beatriz Pérez, Andrés Guzmán y Armando Mayo, en el ensayo Evolución histórica de la Cervecería Cuauhtémoc.

La cerveza nacional se elaboraba hirviendo una mezcla de cebada, limón, tamarindo o trigo con azúcar y se servía como refresco. Hoy de este espíritu de experimentación (innovación y disrupción) poco o nada queda en esas cerveceras. Las cervezas extranjeras eran un lujo, reservado, de las clases poderosas.

Las compañías cerveceras se acercaron al poder de los generales de la posrevolución y lograron imponer el consumo de su fermentado, su apoyo económico y político para estigmatizar a las bebidas tradicionales empujando campañas de desprestigio y falsedades (fake news), algo que se puede comprobar en el caso del pulque.

Hay memoria que se trasmite de forma oral, esta tradición oral muy arraigada en nuestras comunidades que poco a poco ha ido feneciendo y que en algunos círculos académicos ha sido menospreciada, en las entidades hay historiadores y legos que se han dedicado a rescatar esta tradición oral y su información, además de buscar en los registros locales, haciendo un poco el trabajo inspirado por las musas griegas que evocan a la memoria.

Algunos registros locales señalan que la bebida más popular entre la tropa (la bola) eran los pulques y el mezcal, incluso hay memorias que señalan como las comunidades se organizaban para recibir a los caudillos y sus tropas ofreciéndoles pulque y litros de mezcal.

Lo que nos muestra este rescate de las versiones orales y las memorias de las comunidades es que las bebidas tradicionales (pulque, tequila, bacanora, raicilla, sotol, pulque, pozol, pox y un largo etcétera) nunca han sido del gusto de las élites, en cambio eran menospreciadas por no ser de francesas (o extrajeras) y estar alejadas de un supuesto refinamiento basado en sus prejuicios. Existe una percepción de que el tequila empieza a ser valorado por las clases medias y altas de nuestra sociedad gracias a su aparición en el cine como protagonista del macho entrón y brabucón, pero incapaz de mostrar sus sentimientos y fragilidad que disfraza por medio del abuso de este destilado (melodrama), el aprecio por el tequila de parte de las élites y clases medias se da a partir de la década de los 1980 impulsado por el consumidor estadounidense que al relacionarlo con el narco mexicano (Cartel de Guadalajara) lo ve como un objeto valioso y lo consume con frecuencia.

En la historiografía de la cotidianidad se encuentra evidencia de como los gustos de la población son guiados impulsando a unos y denostando a otros, hoy en día esto se lleva a cabo por el poderío político–económico, son las compañía que tienen más recursos (económicos, políticos y complicidades sociales) las que logran llegar a las grandes cadenas, restaurantes, a su distribución y difusión en medios de comunicación (publicidad) lo que nada tiene que ver con la calidad de los productos, su tradición o competitividad.

Situaciones similares a las que se daban en aquellos tiempos convulsos, se repiten hoy en día con distintas expresiones, para nadie es extraño que el consumo del pulque disminuyó a partir del dominio de los generales del norte, que las miles de familias dedicadas a su producción fueron afectadas por las campañas de desprestigio y que esos poblados de Hidalgo, Tlaxcala, Estado de México, Puebla y la Ciudad de México sufrieron un declive productivo, que el consumo de la cerveza, whisky y ¿refinamiento francés? se impuso. Al menos, en cuestión de bebidas la revolución la ganaron los gustos de los generales del norte.

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