López Obrador, remasterizado y como Matrix, recargado, a repartir amor por esos caminos fluidos del territorio nacional y, si se puede, con el apoyo palero de los presidentes de los tres partidos que hasta ahora lo impulsan a la Presidencia de la República. Por otro lado, Ebrard regresa al trono del Distrito Federal que no habrá de dejar hasta el último día. Lo que le dará más tiempo para pensar en su sucesor, quiero decir, en el candidato de la izquierda al Gobierno del DF.
Por Ricardo Rocha
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