Al crimen doble de Guerrero, añadamos la vergüenza de las horas siguientes. Una cadena de absurdos que agotó los adjetivos para tantas mentiras y vilezas. Primero, el procurador López Rosas mintiendo flagrantemente al aceptar que sus hombres iban desarmados. Y luego, el gobernador Ángel Heladio Aguirre, exculpándose él como si no tuviera ni idea de lo que pasa en su estado; pero eso sí, descabezando a su procurador y al secretario y subsecretario de Seguridad como clásicos chivos expiatorios. Como si estos despidos pudieran frenar la tormenta.
Por Ricardo Rocha
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