Siempre he pensado que los debates presidenciales de este ciclo electoral eran la oportunidad ideal para conseguir un auténtico avance en la cultura democrática de México. La democracia se construye antes que en ninguna otra parte ahí, en la arena de debate, en la discusión libre, tolerante, civilizada, pero vehemente de ideas y en México no sabemos debatir. Confundimos el debate con la agresión, nos sentimos ofendidos cuando alguien nos critica. Por eso precisamente, porque era necesario enseñarle a la gente, enseñarnos a todos, que se puede debatir, que se puede discutir con vehemencia pero también con tolerancia y civilidad y con altura es que era tan importante hacer debates de primer mundo.
Por León Krauze
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