Después de haber evocado y desbocado los poderes del azafrán, estos amantes, en sus rituales, toman conciencia de los nuevos poderes que les da haber hecho el amor. Descubren que cada palabra que pronuncien llevará en sus sílabas la cosa dicha. Así, la palabra aceite en sus labios se vuelve segunda piel y desliz del beso hacia la parte más obscena del alma amada. Aceite aviva un fuego que ilumina desde adentro a toda piel enamorada.

Por Alberto Ruy-Sánchez

Alberto Ruy-Sánchez

Escritor y editor. Hizo estudios de literatura y lenguajes sociales con Roland Barthes y de filosofía política con Jacques Rancière, Michel Foucault y Gilles Deleuze. Ha publicado más de 26 libros de ... Ver más

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión