Alejandro De la Garza

La batalla por la narrativa entre la 4T y el antigobiernismo

"La 4T ha convertido la narrativa en su principal instrumento de legitimación al sustentarla en un relato épico de regeneración nacional, donde el Gobierno se presenta como heredero de las grandes gestas históricas en busca de la plena independencia, la justicia social y la equidad con prosperidad y desarrollo".

Alejandro De la Garza

03/01/2026 - 12:02 am

La batalla por la narrativa entre la 4T y el antigobiernismo
Una persona frente a un puesto de periódicos. Foto: Margarito Pérez Retana, Cuartoscuro

El sino del escorpión llegó al fin de año convaleciente de una intervención quirúrgica, a lo cual se añadió el verdadero agotamiento (si no el hartazgo) de atestiguar la gran batalla mediática que se disputa la narrativa sobre la realidad, una polarización radical entre los medios que apoyan con todo al Gobierno de la 4T y sus acciones, versus los medios que apoyan, también con todo, la idea de un Gobierno incapaz y corrupto que lleva al país al desfiladero y la crisis. Encima, para este 2026, el alacrán prevé un mayor encarnizamiento en esta batalla.

La disputa por la narrativa en México no es un fenómeno superficial, sino que está en el corazón de la política contemporánea. La 4T ha demostrado que controlar el relato es tan importante como gobernar, mientras que la oposición ha entendido que sin contranarrativa no hay resistencia posible. El problema es cuando, en este duelo de relatos, la verdad queda relegada y la ciudadanía se convierte en espectadora de una guerra de percepciones que amenaza con vaciar de contenido el debate democrático.

Como sabemos, desde hace tiempo la disputa política no se limita a las urnas, las movilizaciones, las instituciones o los partidos, se libra intensamente en el terreno más volátil y decisivo de todos, el de los medios de comunicación y sus narrativas de los hechos, de la realidad, de la verdad.

La 4T ha convertido la narrativa en su principal instrumento de legitimación al sustentarla en un relato épico de regeneración nacional, donde el Gobierno se presenta como heredero de las grandes gestas históricas en busca de la plena independencia, la justicia social y la equidad con prosperidad y desarrollo. Su narrativa, ha insistido, es la de un Gobierno que representa un cambio de época, una “transformación moral” frente a la corrupción del pasado. Como parte de este relato destaca su constante deslegitimación de medios críticos a los que califica de “conservadores” o “voceros de la oligarquía”.

Frente a ello, la oposición de derecha y sectores críticos han respondido con otra narrativa: la del retroceso democrático, la concentración de poder y el riesgo de un país atrapado en el populismo de izquierda. Esta oposición ha desarrollado una contranarrativa que busca desarmar el discurso oficial y exponer sus contradicciones.

Los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD), algunas voces empresariales mayores y diversos medios críticos, articulan un discurso centrado en la defensa de instituciones, la denuncia de autoritarismo y el riesgo de militarización, un relato antigobiernista que enfatiza corrupción, autoritarismo y riesgos económicos.

Esta polarización se traduce en una ciudadanía dividida: quienes consumen medios afines al Gobierno tienden a reforzar la narrativa de transformación, mientras que los lectores de medios críticos consolidan una visión de retroceso democrático. El resultado es una batalla por la realidad misma, donde los hechos se interpretan según la trinchera ideológica y donde la verdad misma se ha convertido en territorio en disputa.

No obstante, aquí hay que destacar que, a un lado, arriba, abajo o en medio de estos dos bloques polarizados, hay ciudadanía, periodistas, organizaciones y comunicadores que nos son morenistas, pero apoyan muchas de las acciones de este movimiento, al tiempo que también son críticos con el Gobierno de la 4T. A su vez, también hay periodistas y comunicadores que buscan una posición más analítica y veraz, aun siendo críticos acérrimos de los gobiernos morenistas.

El venenoso abrevia un tanto al azar y sin jerarquía una enumeración de los actores mediáticos de esta batalla: en el lado de la 4T se ubican los medios públicos como Canal Once, Capital 21, Canal 22 y otros canales de señal restringida, más otros espacios digitales afines, además de “influenciadores” en YouTube y columnistas esparcidos por variados medios, que amplifican el discurso presidencial en redes sociales,

Los medios de oposición enfatizan la defensa de la democracia, denuncian la militarización y cotidianamente utilizan escándalos mediáticos para erosionar la legitimidad gubernamental. Los periódicos y medios tradicionales son un frente de este campo de batalla. Reforma y El Universal, variadas plataformas digitales y otros diarios críticos con el Gobierno como Excélsior, El Financiero o El Economista, denuncian diariamente en sus notas y columnas la concentración de poder y la corrupción. En paralelo, espacios digitales como Latinus o influenciadores opositores en YouTube y Twitter/X han ganado terreno como contrapeso narrativo.

La mayoría de las veces, ambos bandos recurren a etiquetas simplistas, calificativos vulgares o chistoretes baratos que reducen la conversación pública a consignas, más que a un debate informado. Twitter/X, Facebook y TikTok son los escenarios donde la batalla se intensifica. Hashtags diseñados para posicionar narrativas, ejércitos de bots y campañas coordinadas muestran que la lucha por la percepción pública no se libra sólo en editoriales impresos, sino en la inmediatez de la viralidad. La consecuencia es una ciudadanía atrapada en burbujas informativas, donde cada hecho se interpreta según el color ideológico.

Esta polarización mediática ha erosionado la confianza en los medios y ha fragmentado la noción de verdad. En México, los hechos no se discuten: se disputan, se batalla por ellos, o por la versión de ellos más al gusto del consumidor de noticias. La narrativa oficial busca blindar al Gobierno frente a críticas legítimas, mientras la oposición corre el riesgo de reducir su discurso a la negación sistemática. El resultado es un país donde la realidad se convierte en un campo de batalla y donde la ciudadanía debe navegar entre relatos que antes que informar, buscan acólitos convencidos.

El alacrán augura más duras y encarnizadas batallas por la narrativa para este año 2026, y desea mantener el ánimo para continuar ejerciendo el periodismo a través de su modesta contribución en este portal de SinEmbargo, donde algunos lectores generosos siguen el sino del escorpión.

Alejandro De la Garza

Alejandro De la Garza

Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx

Lo dice el reportero