Ernesto Hernández Norzagaray

¿Ser parte de la mesa o parte del menú?

24/01/2026 - 12:01 am

"Con eso arreos políticos, lo único que espera a nuestro país es aislamiento global, no ser silla, sino parte de un menú de fonda".

Ser parte de la mesa o el menú
Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta de México, durante su intervención en la conferencia matutina realizada en Palacio Nacional. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

Mark Carney, el Primer Ministro de Canadá, dijo claramente en su intervención en el Foro Económico Mundial celebrado esta semana en Davos, Suiza, que el dilema estaba claro para las potencias medias -México, lo es- sobre donde querían estar en un escenario dominado por las grandes potencias -EU, China y Rusia- sentadas en la mesa o ser parte del menú. 

La respuesta a este dilema no es sencilla porque cada uno de estos países deberían antes de pensar en integrarse a una u otra potencia deberían hacer la tarea para tener cartas que ofrecer y es que, de no hacerlo, la propia realidad le asignara un lugar en el menú. 

Y Carney, relató, con una claridad extraordinaria, lo que está haciendo su gobierno liberal en los distintos campos económicos incluida la relación con las grandes potencias. 

Se ha dicho que Carney viajó a Davos desde Pekín y no desde Ottawa, la capital canadiense. Y es que él personalmente estaba negociando con los chinos la eliminación de aranceles mutuos. Lo que habla de que es un gobernante dinámico que no se queda en su despacho para ver cómo se le viene el mundo encima sino que va al encuentro de los líderes de las grandes potencias y pacta pragmáticamente con ellos.

Sabe que es la tarea indispensable si quiere estar sentado en esa mesa con pocos invitados y si esto lo hace un Primer Ministro de una economía más fuerte que la nuestra, es obligado preguntarse qué está haciendo la Presidenta Claudia Sheinbaum para estar sentada en la mesa y no ser sólo parte del menú de estas naciones ávidas de recursos naturales y mercados.

Para empezar nuestra Presidenta no asistió a la Cumbre de Davos y permaneció en la Conferencia Mañanera de lunes a viernes y fue a Puebla, a inaugurar una escuela preparatoria, y distribuir becas y pensiones. 

Esto lo hace, quizá, para respirar ante las exigencias compulsivas del Presidente Trump sobre personajes del crimen organizado sean llevados ante la justicia de su país, como sucedió, con el traslado esta semana de 37 a distintas cárceles estadounidenses o, para evitarse dar explicaciones de la llegada de un avión militar al aeropuerto de Toluca o por el rebrote de una epidemia de sarampión producto de la insuficiencia en la aplicación de vacunas durante los últimos años.

Y mientras la Presidenta Sheinbaum hace este tipo de malabarismos para evitarse complicaciones desatiende la política internacional al grado que ni siquiera Marcelo Ebrard, el flamante Secretario de Economía, asistió a esta cumbre donde se analiza cada año el futuro económico de la humanidad y los líderes mundiales discuten y proponen salidas a los problemas de energía, cambio climático, crimen organizado...

No obstante, la Presidenta, con una sonrisa, aplaudió el “gran discurso” del Primer Ministro de Canadá porque es lo políticamente correcto, un acto de cortesía con su socio en el T-MEC, sin embargo, da la impresión que solo leyó la parte que confronta a las grandes potencias con énfasis a los EU que se le ha convertido un dolor de cabeza y no leyó lo que corresponde a las potencias medias, cuanto toca las fibras más sensibles de lo que exige de cada país si no quieren salir más raspados de lo que están en estas relaciones desiguales casi neocoloniales.

Para Carney, está claro que debe dejarse atrás la integración del Sur con el Norte -porque ya no es lo que fue y es un instrumento de presión- y hacer nuevas alianzas entre las potencias medias para que sus líderes estén sentados en la mesa de las negociaciones futuras con los grandes capitales. 

Sin embargo, esto pasa por reivindicar valores democráticos, instituciones sólidas, Poder Judicial y fiscalías absolutamente profesionales e independientes, que no es poca cosa cuando México la está perdiendo en beneficio de una concentración de poder y una corrupción sistémica, incluso mafiosa, que le es perjudicial por la desconfianza que provoca en el mundo económico.

Por eso, la presión que ejerce constante el Presidente Trump contra Canadá no obtiene el mismo resultado que cuando lo hace con México. Los canadienses no saben de aviones militares estadounidenses que lleguen y despeguen de sus aeropuertos y que ese país entregue a connacionales que deberían ser juzgados primero en el país donde cometieron delitos y luego, sí así fuera, en EU.  

Es decir, el tema de la soberanía Canadá lo ejerce con las decisiones políticas que se toman en el gabinete presidencial no en los discursos y narrativas soberanistas para la plaza pública.

Por eso, Donald Trump, crecido, afirma que “México, hace todo lo que lo que le pedimos” y eso, que se minimiza en Palacio Nacional como si fuera un asunto de estilo comunicacional, es una afrenta para todos los mexicanos.

Entonces, volviendo donde Carney critica con elegancia a los países que ante la consolidación de bloques económicos juegan una suerte de “venciditas” con Trump intentando replicar modelos políticos híbridos -autoritarismos que mantienen una fachada democrática- o, empujando los abiertamente autocráticos. 

Con eso arreos políticos, cargados además de ideología woke, lo único que espera a nuestro país es aislamiento global, no ser silla, sino parte de un menú de fonda, y eso significa que nuestra posición de por si desigual reduce márgenes de maniobra y, cuando eso sucede, estamos hablando de mayor marginación y pobreza.

En definitiva, el discurso de Carney, además de la gran sonrisa y el aplauso de la Presidenta Sheinbaum debería provocarle una reflexión de fondo sobre el dilema planteado y preguntarse si la manía posmoderna “del todo se vale” es la políticamente correcta para los próximos años. 

Preguntarse si no sería, bueno, siguiendo la enseñanza de Lenin, dar un paso atrás, para luego dar dos pasos adelante, oxigenando con instituciones democráticas la relación dentro y fuera del país. 

Y, claro, hay poco tiempo y en lo inmediato, será ver que resulta el estira y afloja de la Reforma Electoral. 

Ernesto Hernández Norzagaray

Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. ... Ver más

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