Ernesto Hernández Norzagaray

Zapatos limpios, Constitución manchada

07/02/2026 - 12:01 am

"En el lenguaje del poder, alguien que limpia los zapatos de otro se subordina, y alguien que los ofrece acepta esa subordinación ante el poder".

Zapatos limpios, Constitución manchada
Hugo Aguilar Ortiz, Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, durante la ceremonia de conmemoración del 109 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos celebrado en el Teatro de la República. Foto: Presidencia

El acto constitucional que año con año se celebra en Querétaro se caracteriza por su enorme simbolismo ritual y porque, además, convoca a los Poderes de la Unión, los 31 gobernadores y a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. 

El 5 de febrero no se celebra a personas, se conmemora la subordinación del poder a la ley. Nos recuerda, en esa fecha, que la ley está por encima de las personas, que los cargos son transitorios y la Constitución, no se arrodilla ante nadie y, por el contrario, representa unidad, orgullo y dignidad nacional. 

Por eso, en la liturgia de este día -el orden del presídium, la palabra, los silencios, los vestuarios, los espacios o los invitados- está pensada para transmitir equilibrio, dignidad e igualdad entre poderes incluso en los tiempos de captura institucional por los gobiernos de la 4T. 

Y es que, recordemos, que fue en Querétaro donde se dio término a la revolución iniciada en 1910 y en esa ciudad histórica, se celebró en 1917, el Constituyente que daría forma al gran pacto de la Carta magna que hoy, con cientos de reformas y adiciones, es guía de funcionarios en todo el entramado institucional del país.

Entonces, la imagen de una funcionaria no menor, limpiando en público los zapatos a Hugo Aguilar Ortiz, Presidente de la Suprema Corte de Justicia, llega en el peor momento y lugar, estar hincada no es una anécdota, tampoco un gesto inocente, una amable deferencia, hace exactamente lo contrario del espíritu de la ceremonia, del ritual constitucional, aquello, de que ningún poderoso puede estar encima de las instituciones de la Nación. Y menos, tener a los funcionarios a su disposición para el servicio personal.

La imagen inmediatamente circuló en las redes sociales y de la misma manera aparecieron los comentarios lapidarios de ciudadanos y líderes de opinión y es que son una estampa vergonzosa que opacó el ritual constitucional, incluido el propio mensaje constitucionalista leído en zapoteco por el cuestionado presidente de la Corte. 

Nunca debió suceder, porque la imagen de una mujer agachada limpiándole los zapatos al Presidente de la Corte, convierte penosamente a un poder del Estado en objeto de deferencia personal, no institucional, porque, simplemente, fue un acto cortesano impropio de la investidura que porta el Ministro Aguilar Ortiz. 

Y aquí, no importa como se ha querido presentar como un “gesto práctico” o una “cortesía” porque el símbolo domina el hecho. 

Más cuando en lugar de expresar una disculpa se busca a través de la mentira, controlar los daños diciendo el Ministro que había pedido a la funcionaria que no lo hiciera, lo que no se ve en el vídeo que circuló, por el contrario, se le ve satisfecho incluso acomodando el zapato para que no quede ni una pizca de suciedad. 

En el lenguaje del poder, alguien que limpia los zapatos de otro se subordina, y alguien que los ofrece acepta esa subordinación ante el poder. La escena cortesana no pertenece a una República moderna sino a una lógica que raya casi en lo preconstitucional: El poder, rodeado de gestos de servicio personal. 

El 5 de febrero, nos recuerda, la ruptura con ese clasismo que ha sido parte de la oferta ética que ha vendido el oficialismo con la frase: No somos iguales, cuando la imagen de esa mujer recupera, para sí, una nueva versión de aquel clasismo. 

La Constitución, fue humillada por lo doméstico y la llamada microfísica del poder como lo argumento brillantemente el filósofo francés: Michel Foucault, es decir, el mundo de las formas, los gestos, las deferencias que llegaron a ser consideradas normales en nuestra sociedad y, hoy, para muchos resultan inaceptables. 

El mensaje implícito es devastador: hoy, la majestad de la ley, puedes esperar mientras se atiende la imagen del jerarca, el brillo de sus zapatos y la imagen impoluta de inclusión y pluralismo en los más altos niveles de la burocracia política y judicial. 

Es decir, se sustituyó la solemnidad institucional, por una escena doméstica, privada, impropia del espacio público constitucional. La Constitución dejó momentáneamente de ser sujeto y pasó a ser decoración. El daño entonces no es individual, es sistémico. Y es que no importa quién sea la funcionaria, ni que intención tuviera. Se ha dicho que es una funcionaria egresada del ITAM, que de ser cierto también ofende a su propia institución académica que la ha preparado profesionalmente no para la servidumbre. 

Vamos, el daño es estructural: normaliza la idea de que en el vértice del Estado hay personas a las que se les sirve, no instituciones a las que se rinde cuentas. El mensaje final es que no todos somos iguales ante la ley y que hay diferencias. Peor, cuando el propio Ministro Presidente se vendió como la imagen de la pluralidad, la inclusión, como ruptura de un pasado clasista y cortesano. 

Y ahí está otra imagen, en una Corte de mestizos, un Ministro indígena que simbólicamente representa a todos y como tal, debería actuar con toda la humildad que le reclama el cargo.

La imagen de la mujer arrodillada quedará para los anales gráficos de la historia. Y es que, en una fecha, que simboliza que nadie está por encima de la Constitución, la imagen, sugiere lo contrario, hay quienes merecen atenciones especiales, gestos de deferencia corporal, privilegios simbólicos. 

En definitiva, la imagen vergonzosa, se llevó la nota de una ceremonia que tenía como objetivo refrendar valores por encima de las diferencias políticas. El reconocimiento de que los mexicanos estamos unidos en lo esencial especialmente ahora que se ha complicado la relación con Estados Unidos, como lo expresaron los panistas el Gobernador queretano Mauricio Kuri, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, refrendaron el valor de la unidad nacional y la necesidad de preservar la pluralidad política ante las pretensiones autocráticas que ha estado en el ánimo de un segmento del oficialismo más duro.

Ernesto Hernández Norzagaray

Doctor en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. ... Ver más

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión