Salvador Guerrero Chiprés
Sheinbaum, Bad Bunny y Trump: lealtad contemporánea
10/02/2026 - 12:02 am
"Bad Bunny, en su aparente "incomprensibilidad", y Claudia Sheinbaum, en su firmeza histórica, coinciden en un punto fundamental: la identidad no es negociable".

En su esencia más cruda, la política contemporánea se ejerce a través de la validación o negación del "otro". Donald Trump, artífice de una narrativa de segregación, ha utilizado el sarcasmo como extensión de una agenda xenófoba. Su crítica hacia Bad Bunny tras el espectáculo del Super Bowl LX —calificándolo de "terrible" y "nadie entiende una palabra de lo que dice"— no es un simple comentario artístico, es un diagnóstico político.
Con ello, Trump traza una frontera simbólica sobre la minoría latina. A pesar de su innegable peso demográfico y económico, este sector es presentado como un "ruido" que debe ser silenciado o asimilado. Detalle personal, no me identifico con representar a Los Ángeles como si la mayor parte de la población fuera integrante de un segmento de la informalidad.
El llamado “Conejo Malo” trasciende el éxito comercial para consolidarse como actor político disruptivo. Su presentación fue un homenaje coreografiado a la clase trabajadora latina y declaración de lealtad a una identidad que se resiste a la homogeneización.
En un contexto donde Puerto Rico mantiene un estatus colonial y su territorio enfrenta el asedio del capital extranjero, el artista transforma el escenario en una plataforma de denuncia que irrita al hegemón.
Este choque cultural encuentra eco en la narrativa soberanista de México. La conmemoración del 113 Aniversario de la Marcha de la Lealtad es la resignificación de la fidelidad histórica de los cadetes hacia Francisco I. Madero, trasladada al presente.
El simbolismo del Zócalo, con la presencia de la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, proyecta un bloque de mando que entiende la lealtad como cohesión interna frente a presiones externas. Mientras el trumpismo opera bajo una lógica de castigo y exhibición de fuerza, la narrativa nacional se articula desde una dignidad sustentada en la historia.
La lealtad trasciende el protocolo militar o el regionalismo artístico. Así como los cadetes de 1913 resguardaron la legitimidad constitucional frente a la traición, la defensa actual de la cultura y el territorio busca consolidar una forma de soberanía frente al resurgimiento de los autoritarismos globales.
En última instancia, el ataque de Trump a las expresiones culturales latinas y sus amenazas a la soberanía son rostros de la misma moneda. Bad Bunny, en su aparente "incomprensibilidad", y Claudia Sheinbaum, en su firmeza histórica, coinciden en un punto fundamental: la identidad no es negociable.
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