Ciudad de México, 7 de abril (SinEmbargo).- A cien años del inicio de la Guerra Cristera, sus ecos no sólo permanecen en la memoria histórica, sino también en discursos, organizaciones y visiones políticas que hoy resurgen en sectores de la derecha mexicana. En esta entrega de RADICALES, Meme Yamel, Álvaro Delgado y Héctor Alejandro Quintanar reflexionaron sobre la vigencia de este episodio en el México contemporáneo.
Hace exactamente un siglo comenzó uno de los episodios más cruentos posteriores a la Revolución Mexicana. Entre 1926 y 1929, miles de mexicanos murieron en una confrontación marcada por el choque entre un Estado con políticas anticlericales y grupos armados que, en nombre de la fe, se levantaron contra lo que consideraban persecución religiosa. El conflicto, impulsado durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, dejó una huella profunda en la vida política y social del país.
Durante el programa, la periodista Meme Yamel subrayó que, aunque se trata de un episodio que muchos consideran lejano, sus efectos siguen presentes.
“Parecieran asuntos que ya pasaron, que ya llovió, pero hoy tenemos varias herencias de esa guerra cristera”, afirmó. Entre ellas mencionó no sólo organizaciones como El Yunque, sino también narrativas políticas actuales: “hoy tenemos a los panistas hablando de patria, familia y libertad, valores que se defendían en la guerra cristera”.

Meme Yamel insistió en que hay sectores que continúan “peleando esas mismas batallas”, reproduciendo argumentos que, a su juicio, resultan anacrónicos pero siguen teniendo fuerza en ciertos grupos.
“Pareciera que la cuarta transformación va en contra de sus ideologías, cuando en realidad lo que hay son intereses de personas que han utilizado la religión para agendas muy particulares”, señaló. Añadió que estas agendas, aunque se presentan como defensoras de valores, en ocasiones “están en contra de los derechos” y de sectores vulnerables, pese a que sus promotores sostengan lo contrario.
Por su parte, Héctor Alejandro Quintanar explicó que la Guerra Cristera es clave para entender la evolución de la derecha mexicana en el siglo XX.
“Sin la guerra cristera no puede entenderse el sinarquismo mexicano”, apuntó, al describirlo como una especie de “protopartido” que buscó trasladar los ideales del conflicto armado al terreno político, mediante la militancia y la organización.
Ese sinarquismo, añadió, no sólo tuvo presencia relevante durante décadas, sino que estableció vínculos con fuerzas políticas posteriores como el Partido Acción Nacional, extendiendo su influencia hasta el siglo XXI. Como ejemplo, mencionó al exgobernador de Jalisco Emilio González Márquez, quien, aunque militó en el PAN, provenía del Partido Demócrata Mexicano, considerado una prolongación del sinarquismo.

Quintanar también señaló que fenómenos actuales en entidades como Jalisco no pueden comprenderse sin ese trasfondo histórico. Incluso discusiones contemporáneas, dijo, reflejan “una mentalidad elitista y patriarcal” que tiene raíces en esa tradición conservadora vinculada al legado cristero.
Por su parte, el periodista Álvaro Delgado profundizó en la dimensión organizativa de esta herencia. Explicó que la guerra dio origen a estructuras clandestinas que sobrevivieron durante décadas.
“Los herederos ideológicos de la guerra cristera son una parte del bloque conservador de México [...] La primera organización secreta se crea al calor de la guerra cristera”, indicó, y de ahí derivaron grupos como los “tecos” de la Universidad Autónoma de Guadalajara, quienes se opusieron a la educación socialista durante el cardenismo y fundaron esa casa de estudios en 1933.
De esa misma corriente surgiría posteriormente El Yunque, una organización secreta de ultraderecha fundada en Puebla por el jesuita Manuel Figueroa, que ha sido señalada por su influencia en la política y en sectores conservadores del país.
No obstante, Delgado matizó que el contexto actual es muy distinto al de los años veinte. En aquel entonces, reconoció, sí existía anticlericalismo, cierres de templos y restricciones al culto durante el gobierno de Calles, incluso con excesos por parte de autoridades. Sin embargo, subrayó que hoy México vive bajo un régimen de libertades: “no hay persecución religiosa, hay libertad de cultos y eso lo garantiza la Constitución”.



